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lunes 8 de febrero de 2010

Los ejércitos secretos de la OTAN (III) Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando

por Daniele Ganser

La existencia del gobierno de las sombras instituido por Estados Unidos y Gran Bretaña en el conjunto de países aliados quedó fehacientemente demostrada durante las investigaciones judiciales y parlamentarias realizadas en los años 1980 y 90. A pesar de ello, la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando hoy en día. Y es que Washington y Londres no ven en ello una etapa histórica sino un dispositivo actual. Esto último ha quedado demostrado con los recientes secuestros perpetrados en Europa y con el escándalo de los vuelos secretos de la CIA que marcaron la era de Bush. Si los ejércitos secretos de la OTAN siguen siendo un secreto militar, es porque se mantienen activos.

Antes de asumir sus funciones como nuevo comandante supremo de la OTAN (SACEUR), el 2 de julio de 2009, el almirante James G. Stavridis visitó discretamente el SHAPE para reunirse con los jefes de las redes stay-behind.
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Este artículo hace parte de la serie:
1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
2. «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
4. «Las cloacas de Su Majestad»
5. «La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington»
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Cuando se producen las revelaciones sobre la red Gladio, en 1990, la OTAN, que es la alianza militar más grande del mundo, contaba con 16 países miembros: Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Holanda, Portugal, Gran Bretaña, Turquía y los Estados Unidos, país que asume el papel de comandante.
Ante las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti, la reacción de la alianza atlántica fue de confusión y de temor por su imagen cuando se estableció el vínculo entre los ejércitos stay-bahind y los atentados, actos de tortura, golpes de Estado y otras operaciones terroristas que se habían cometido en varios países de Europa occidental.
El lunes 5 de noviembre de 1990, al cabo de un largo silencio que había durado cerca de un mes, la OTAN negó categóricamente las alegaciones de Andreotti sobre la implicación de la alianza atlántica en la Operación Gladio y sus vínculos con los ejércitos secretos. El principal vocero de la OTAN, Jean Marcotta, afirmó desde el cuartel general del SHAPE, en Mons (Bélgica) que: «La OTAN nunca ha previsto recurrir a la guerrilla o a operaciones clandestinas. Siempre se ha ocupado de cuestiones exclusivamente militares y de la defensa de las fronteras de los países aliados [1].»
Posteriormente, el martes 6 de noviembre, otro vocero explicó que el desmentido del día anterior era falso. Este otro vocero sólo proporcionó a los periodistas un breve comunicado en el que se precisaba que la OTAN nunca comentaba asuntos que eran secreto militar y que Marcotta debió haberse mantenido en silencio [2]. La prensa internacional criticó amargamente aquellas contradicciones en la estrategia de relaciones públicas de la alianza militar: «Mientras que verdaderos sismos sacuden el continente entero, un vocero de la OTAN hace un desmentido: nada sabemos de Gladio ni de las redes stay-behind. Y ahora un lacónico comunicado viene a desmentir el desmentido “incorrecto” y nada más [3]».


Mientras se producía el derrumbe de la credibilidad de la OTAN, los titulares de los diarios eran: «Unidad clandestina de la OTAN “sospechosa de vínculos con el terrorismo”» [4]. «Red secreta de la OTAN acusada de subversión: La Comisión descubrió que Gladio, brazo armado clandestino de la OTAN en Italia, se había convertido en un refugio de fascistas que combatían el comunismo mediante atentados terroristas que debían justificar un endurecimiento de las leyes.» [5] «La bomba que estalló en Bolonia provenía de una unidad de la OTAN» [6].


Un diplomático de la OTAN, que insistió en conservar el anonimato, justificó ante los periodistas: «Ya que se trataba de una organización secreta, no espero que abunden las respuestas, aunque ya haya acabado la guerra fría. Si hubo vínculos con organizaciones terroristas, ese tipo de información debe estar enterrado muy hondo. Y si no es el caso, ¿qué hay de malo en preparar el terreno para la resistencia en caso de que los soviéticos atacaran?» [7]


Según la prensa española, inmediatamente después del fiasco de la operación de comunicación de los días 5 y 6 de noviembre, el secretario general de la OTAN Manfred Worner convocó a los embajadores de la alianza atlántica para una reunión a puertas cerradas sobre Gladio el 7 de noviembre. El «Supreme Headquarters Allied Powers Europe o SHAPE, órgano de mando del aparato militar de la OTAN, coordinaba las acciones del Gladio, eso fue lo que reveló el secretario Manfred Worner durante una entrevista con los embajadores de las 16 naciones aliadas de la OTAN», reportó la prensa española. «Worner habría pedido tiempo para realizar una investigación sobre las causas del desmentido formal» que la OTAN había publicado el día anterior. «Eso es lo que habría anunciado a los embajadores del Consejo Atlántico reunidos el 7 de noviembre, según ciertas fuentes.»


El más alto oficial de la OTAN en Europa, el general estadounidense John Galvin, había confirmado que las alegaciones de la prensa eran en gran parte correctas, pero que había que mantener el secreto. «En aquella reunión a puertas cerradas, el secretario general de la OTAN precisó que los altos oficiales interrogados (se refería al general John Galvin, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa) habían indicado que el SHAPE coordinaba las operaciones que realizaba el Gladio. En lo adelante, la política de la OTAN será negarse a hacer cualquier comentario sobre los secretos oficiales.» [8]


Según fuentes que han expresado su deseo de mantenerse en el anonimato, el Buró de Seguridad de la OTAN estaba directamente implicado en la Operación Gladio [9]. Con sede en el cuartel general de la OTAN en Bruselas, el misterioso Buró de Seguridad es parte integrante de la OTAN desde la creación de la alianza atlántica, en 1949. Su misión consiste en coordinar, supervisar y aplicar las políticas de seguridad de la OTAN. El director de la Seguridad es el principal consejero del secretario general en materia de seguridad, dirige el Servicio de Seguridad del cuartel general y es responsable de la coordinación general de la seguridad en el seno de la OTAN.


Pero lo más importante es que preside el Comité de Seguridad de la alianza atlántica, órgano que reúne regularmente a los jefes de los servicios de seguridad de los países miembros de la OTAN para discutir sobre cuestiones de espionaje, terrorismo, subversión y otras amenazas, entre ellas el comunismo en Europa occidental, que pudieran representar un peligro para la OTAN.
En Alemania, el investigador Erich Schmidt Eenboom reveló que los jefes de los servicios secretos de varios países de Europa occidental, sobre todo los de España, Francia, Bélgica, Italia, Noruega, Luxemburgo y Gran Bretaña, se habían reunido varias veces a finales del año 1990 para elaborar una estrategia de desinformación que debía contrarrestar las numerosas revelaciones sobre Gladio [10].


Aquellas reuniones se desarrollaron al parecer en el muy secreto Buró de Seguridad. «El hecho que las estructuras clandestinas de Gladio fuesen coordinadas por un comité internacional de seguridad que se componía únicamente de representantes de los servicios secretos», resalta el diario portugués Expresso, «plantea otro problema: el de la soberanía nacional de cada uno de los Estados». Durante la guerra fría, ciertos servicios de inteligencia actuaban fuera de todo marco democrático. «Parece como si varios gobiernos europeos hubiesen perdido el control de sus servicios secretos» mientras que la OTAN mantenía, por su parte, relaciones particularmente estrechas con los servicios secretos militares de cada uno de los Estados miembros. «Parece evidente que la OTAN aplica un principio de confianza restringida. Según esa doctrina, ciertos gobiernos no son lo suficientemente activos en la lucha contra el comunismo así que no es de utilidad informarlos sobre las actividades del ejército secreto de la OTAN.» [11].
Bajo el título «Manfred Worner habla sobre el Gladio», la prensa portuguesa publicó detalles suplementarios sobre la reunión del 7 de noviembre. «El secretario general de la OTAN, el alemán Manfred Worner, explicó a los embajadores de los 16 países aliados de la OTAN la función de la red secreta –que fue creada en los años 1950 con el fin de organizar la resistencia ante la eventualidad de una invasión soviética.»


Tras las puertas cerradas, «Worner confirmó que el comando militar de las fuerzas aliadas, el Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), coordina las actividades de la “Red Gladio”, instaurada por los servicios secretos de los diferentes países de la OTAN, a través de un comité creado en 1952 y presidido actualmente por el general Raymond Van Calster, jefe de los servicios secretos militares belgas», posteriormente se supo que se trataba del ACC. Según el diario, «la estructura se creó en Italia antes de 1947, más tarde redes similares se crearon en Francia, Bélgica, el Reino Unido, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega y Grecia». «El secretario general reconoció también que el SHAPE había proporcionado “informaciones falsas” negando la existencia de esa red secreta, pero se negó a explicar las numerosas contradicciones en las que se enredaron numerosos gobiernos al confirmar o negar la realidad sobre las redes Gladio en sus respectivos países». [12]


En medio de la tormenta, la prensa trató repetidamente de obtener una explicación, o al menos algún comentario, de la más alta autoridad civil de la alianza atlántica, el secretario general de la OTAN Manfred Worner. Pero, conforme a la política de la alianza que consistía en no pronunciarse sobre secretos militares, Worner rechazó todos los pedidos de entrevistas [13]. El término «secretos militares» focalizó la atención de los periodistas, que empezaron entonces a buscar ex responsables de la OTAN ya retirados que pudiesen expresarse con más libertad sobre el caso. Joseph Luns, un ex diplomático de 79 años que había ocupado las funciones de secretario general de la OTAN desde 1971 hasta 1984, concedió una entrevista telefónica a varios reporteros desde su apartamento en Bruselas. Afirmó no haber sido informado nunca de la existencia de la red secreta, hasta que se había enterado, en fecha reciente, a través de la prensa: «Yo nunca había oído hablar de eso a pesar de que ejercí algunas responsabilidades en el seno de la OTAN».


Luns admitió, sin embargo, haber sido puesto al tanto «de forma limitada» en ocasión de operaciones especiales y estimó como «poco probable pero no imposible» que Gladio hubiera podido existir sin que él lo supiera [14]. «El único organismo internacional que ha funcionado es la OTAN, simplemente porque se trata de una alianza militar y porque nosotros estábamos al mando », respondió un día el presidente estadounidense Richard Nixon [15].


Hacía notar, con toda razón, que aunque la OTAN tenía su sede europea en Bélgica, su verdadero cuartel general estaba en Washington, en el Pentágono. Desde la creación de la alianza atlántica, el comandante en jefe de la zona Europa, el SACEUR (Supreme Allied Commander Europe), que ejerce sus funciones desde su cuartel general, el SHAPE, con sede en Casteau (Bélgica), fue siempre un general estadounidense. Los europeos podían, por su parte, nombrar al más alto responsable civil, el secretario general. Pero, desde la nominación del general Dwight Eisenhower como primer SACEUR, la más alta función militar en Europa estuvo sistemáticamente en manos de oficiales estadounidenses. [16]


Thomas Polgar, oficial de la CIA en retiro, confirmó, después de que se descubriera la existencia de los ejércitos secretos en Europa occidental, que la coordinación de dichos ejércitos estaba a cargo de «una especie de grupo de planificación de guerra no convencional» vinculado a la OTAN [17]. Sus palabras fueron confirmadas por la prensa alemana cuando esta subrayó que, durante todo el periodo de la guerra fría, ese departamento secreto de la OTAN estuvo bajo control estadounidense. «Las misiones de los ejércitos secretos son coordinadas por la “Sección de Fuerzas Especiales”, que se encuentra en un ala altamente vigilada del cuartel general de la OTAN en Casteau», reportó un diario alemán. «Una puerta gris de acero que se abre como la caja fuerte de un banco y mediante una combinación cifrada impide el acceso de toda persona no autorizada.


Los oficiales de los demás departamentos invitados a penetrar allí tienen que presentarse en una ventanilla oscura en la que son sometidos a un control. La Sección de Fuerzas Especiales está bajo la dirección de oficiales británicos y estadounidenses exclusivamente y la mayoría de los documentos que allí circulan llevan la inscripción “American eyes only” (Únicamente para el personal americano)» [18].


Para contrarrestar la influencia de los partidos comunistas en ciertos países de Europa occidental, la OTAN había emprendido, desde su creación al término de la Segunda Guerra Mundial, una guerra secreta no convencional. Según los descubrimientos de la investigación parlamentaria belga sobre el Gladio, esa lucha comenzó incluso antes de la fundación de la alianza atlántica, bajo la coordinación, a partir de 1948, del “Clandestine Committee of the Western Unión” (CCWU) o Comité Clandestino de la Unión Occidental. Según la prensa, todas las «naciones [participantes en Gladio] eran miembros del CCWU y asistían regularmente a reuniones a través de un representante de sus servicios secretos. Estos estaban generalmente en contacto directo con las estructuras stay-behind» [19].


En 1949, al firmarse el Tratado del Atlántico Norte, el CCWU fue secretamente incorporado al nuevo aparato militar internacional y operó, a partir de 1951, bajo la nueva apelación de CPC. En aquella época, el cuartel general europeo de la OTAN se encontraba en Francia y el CPC tenía su sede en París. Como antes lo había hecho el CCWU, el Comité se encargaba de la planificación, la preparación y la dirección de las operaciones de guerra no convencional que realizaban los ejércitos stay-behind y las Fuerzas Especiales. Sólo los oficiales que disponían de autorizaciones emitidas por el nivel superior estaban autorizados a penetrar en la sede del CPC donde, bajo la vigilancia de los expertos de la CIA y del MI6, se reunían varias veces al año los jefes de los servicios secretos de los Estados de Europa occidental para coordinar las operaciones de guerra clandestina que se desarrollaban en toda la parte occidental del continente.


En 1966, cuando el presidente de la República Francesa Charles de Gaulle expulsó a la OTAN de Francia, el cuartel general europeo de la alianza atlántica tuvo que mudarse de París a Bruselas, lo cual provocó la cólera del presidente de los Estados Unidos, Lyndon Johnson. En el más absoluto secreto, el CPC también se mudó para Bélgica, como se reveló gracias a la investigación sobre el Gladio belga [20]. La histórica expulsión de la OTAN del territorio francés ofreció entonces una primera imagen real de los oscuros secretos de la alianza atlántica. Para Philip Willan, especialista en operaciones secretas: «La existencia de protocolos secretos de la OTAN que implicaban a los servicios secretos de los países firmantes y que tenían como objetivo evitar que los comunistas tuviesen acceso al poder se divulgó por vez primera en 1966, cuando el presidente De Gaulle decidió retirarse del comando conjunto de la OTAN y denunció esos protocolos como una violación de la soberanía nacional» [21].


Si los documentos originales de los protocolos anticomunistas secretos de la OTAN siguen siendo confidenciales, las especulaciones sobre su contenido no dejaron de multiplicarse como consecuencia del descubrimiento de la existencia de los ejércitos secretos stay-behind. En un artículo dedicado al Gladio, el periodista estadounidense Arthur Rowse escribió que «una cláusula secreta del tratado inicial de la OTAN de 1949 estipulaba que todo país candidato a la adhesión tenía que haber instaurado anteriormente una autoridad de Seguridad Nacional encargada de dirigir la lucha contra el comunismo por grupos clandestinos de ciudadanos» [22].
Un especialista italiano en servicios secretos y operaciones clandestinas, Giuseppe de Lutiis, descubrió que en el momento de su integración a la OTAN, en 1949, Italia firmó, además del Pacto Atlántico, una serie de protocolos secretos que estipulaban la creación de una organización no oficial «encargada de garantizar el alineamiento de la política interna italiana con la del bloque occidental por todos los medios necesarios, incluso en que caso de que la población llegara a manifestar una inclinación divergente» [23].


El historiador italiano especializado en el Gladio, Mario Coglitore, ha confirmado también la existencia de esos protocolos secretos de la OTAN [24]. Después de las revelaciones de 1990, un ex oficial de inteligencia de la OTAN, que puso énfasis en conservar el anonimato, llegó a afirmar que esos documentos protegían explícitamente a los miembros de la extrema derecha considerados útiles en la lucha contra los comunistas. El presidente de los Estados Unidos Truman y el canciller alemán Adenauer al parecer «firmaron un protocolo secreto durante la adhesión de la RFA a la OTAN, en 1955, en el que se estipulaba que las autoridades de Alemania Occidental se abstendrían de emprender acciones judiciales contra reconocidos extremistas de derecha» [25].


El general italiano Paolo Inzerilli, quien dirigió el Gladio en su país desde 1974 hasta 1986, subrayó que los «omnipresentes americanos» controlaban el CPC secreto que se hallaba a cargo de la coordinación de la guerra clandestina. Según el general Inzerilli, el Comité había sido fundado «por orden del comandante en jefe de la OTAN en Europa. Era [el Comité] el intermediario entre el SHAPE, el cuartel general de las potencias aliadas en Europa y los servicios secretos de los Estados miembros para las cuestiones de guerra no convencional» [26].
Estados Unidos controlaba el CPC, con sus vasallos británicos y franceses, y constituía juntos a estos últimos una “Comisión Ejecutiva” en el seno del Comité. «Las reuniones se sucedían al ritmo de una o dos al año en el cuartel general del CPC, en Bruselas, y los asuntos del orden del día se debatían entre la “Comisión Ejecutiva” y los responsables militares», testimonió Inzirelli [27].


«La coordinación entre las acciones de nuestra red stay-behind y las de las estructuras clandestinas análogas en Europa la hacía el CPC, el Coordination and Planning Comité [Comité de Planificación y Coordinación] del SHAPE, el cuartel general de las potencias aliadas en Europa», explicó el general italiano Gerardo Serravalle. Predecesor del general Inzirelli, el general Serravalle había tenido bajo sus órdenes el Gladio en Italia entre 1971 y 1974. Serravalle contó que «durante los años 1970, los miembros del CPC eran los oficiales responsables de las estructuras secretas de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Holanda e Italia. Esos representantes de las redes clandestinas se reunían cada año en una de las capitales europeas [28]


Altos responsables de la CIA asistían a cada una de esas reuniones. «Siempre había representantes de la CIA en las reuniones de los ejércitos stay-behind», recuerda Serravalle. «Pertenecían a la estación CIA de la capital donde se desarrollaba la reunión y no participaban en las votaciones» [29]. «La “Directiva SHAPE” desempeñaba el papel de referencia oficial, por no decir de doctrina para las redes stay-behind», explica el general Serravalle en su libro dedicado al Gladio. Precisa también que las grabaciones del CPC, que él mismo pudo consultar pero que siguen siendo confidenciales, «abordan [sobre todo] el entrenamiento de los miembros del Gladio en Europa, cómo activarlos desde el cuartel general secreto en caso de ocupación del conjunto del territorio nacional y otras cuestiones técnicas como, por citar la más importante, la unificación de los diferentes sistemas de comunicación entre las bases stay-behind » [30].


Paralelamente al CPC, un segundo puesto de mando secreto que funcionaba como un cuartel general stay-behind fue creado por la OTAN a principios de los años 1950 bajo el nombre de ACC. Al igual que el CPC, el ACC estaba en contacto directo con el SACEUR, que a su vez estaba bajo control estadounidense. Según las conclusiones de la investigación belga sobre Gladio, el ACC fue creado en 1955 y se encargó de «la coordinación de las redes “stay-behind” en Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Gran Bretaña y en Estados Unidos». Según el informe sobre la investigación belga, en tiempo de paz las funciones del ACC «incluían la elaboración de directivas destinadas a la red, el desarrollo de sus capacidades secretas y el establecimiento de bases en Gran Bretaña y Estados Unidos.


En caso de guerra, se suponía que debía preparar acciones stay-behind conjuntamente con el SHAPE; a partir de ahí, los organizadores tenían que activar las bases clandestinas y preparar las operaciones» [31]. El comandante del Gladio italiano, Inzirelli, afirma que «las relaciones en el seno del ACC eran totalmente diferentes» a las que existían en el CPC. «La atmósfera era claramente más relajada y amigable que en el CPC.» El ACC, fundado en cumplimiento de «una orden expresa del SACEUR al CPC», al parecer «se convirtió en una ramificación» de este último [32].


Parece que ese organismo sirvió sobre todo como un foro donde se compartía la experiencia del Gladio entre los jefes de los servicios secretos: «El ACC era un comité esencialmente técnico, un foro donde uno podía intercambiar información y experiencias, mencionar los medios disponibles o en estudio, compartir sus conocimientos sobre las redes, etc…» El general Inzirelli recuerda: «Nos hacíamos favores mutuamente. Cada uno de nosotros sabía que si le hacía falta un experto en explosivos, en telecomunicaciones o en represión para una operación, podía dirigirse sin problemas a un colega extranjero ya que los agentes habían recibido el mismo entrenamiento y utilizaban el mismo tipo de equipamiento» [33].


Los radiotransmisores llamados Harpoon eran parte del equipamiento de todos los miembros del ACC. La firma alemana AEG Telefunken los había concebido y fabricado a mediados de los años 1980, por orden del comité de dirección de Gladio, a un costo total de 130 millones de marcos, para reemplazar un sistema de comunicaciones que se había hecho obsoleto. El sistema Harpoon podía transmitir y recibir mensajes radiales codificados a una distancia de 6 000 kilómetros permitiendo así la comunicación entre las redes stay-behind que se encontraban a ambos lados del Atlántico. «El único equipamiento que tienen en común todos los miembros del ACC es el famoso radiotransmisor Harpoon», reveló Van Ussel, un miembro del Gladio belga que había utilizado ese equipo personalmente en los años 1980, cuando era un miembro activo de la organización.


Según Van Ussel, «ese sistema se utilizaba regularmente para transmitir mensajes entre las bases y los agentes (en particular durante los ejercicios de comunicación por radio), pero estaba destinado sobre todo a la transmisión de información de inteligencia en caso de ocupación» [34]. El ACC disponía de bases en todos los países europeos, incluyendo una en el Reino Unido. Desde esas bases se podía activar y dirigir las unidades presentes en los territorios ocupados. Al parecer, el ACC editaba manuales destinados a los miembros de Gladio. Estos manuales indicaban los procedimientos comunes a seguir en la realización de acciones clandestinas, las comunicaciones radiales codificadas y el salto de frecuencia así como el abastecimiento por vía aérea y los aterrizajes.


El ACC tenía un sistema de presidencia rotativa con un mandato de 2 años. En 1990, dicha presidencia estaba en manos de Bélgica. La reunión del ACC que tuvo lugar durante los días 23 y 24 de noviembre se desarrolló bajo la presidencia del general de división Raymond Van Calster, jefe del SGR, los servicios secretos militares belgas. El general Inzirelli recordó que «al contrario del CPC, el ACC no tenía una dirección establecida y permanente. La presidencia del Comité se asumía por 2 años y rotaba entre todos los miembros, por orden alfabético». Por esa razón, el ACC no estaba sometido «al mismo dominio de las grandes potencias». Inzirelli afirmó que él prefirió trabajar en el ACC en vez de hacerlo en el CPC, bajo control de los estadounidenses: «Tengo que reconocer, por haberlo presidido yo mismo durante 2 años, que el ACC era un comité verdaderamente democrático» [35].


En el marco de toda investigación exhaustiva sobre la Operación Gladio y las redes stay-behind, salta a la vista la importancia de las transcripciones y grabaciones de las reuniones del CPC y del ACC como fuentes esenciales. Desgraciadamente, a pesar de los años transcurridos desde el descubrimiento de esa red altamente secreta, las autoridades de la OTAN se han limitado, al igual que en 1990, a oponer el silencio o el rechazo a las exigencias del público en ese sentido. Al realizar nuestra propia investigación, durante el verano del año 2000, cuando nos pusimos en contacto con el servicio de archivos de la OTAN para solicitar acceso a informaciones suplementarias sobre Gladio, esencialmente sobre el CPC y el ACC, recibimos la siguiente respuesta: «Después de haber verificado en nuestros archivos, no existe huella alguna de los comités que usted menciona».


Cuando insistimos, el servicio de archivos nos respondió: «Le confirmo nuevamente que los comités que usted menciona nunca han existido en el seno de la OTAN. Además, la organización que usted llama “Gladio” nunca ha formado parte de la estructura militar de la OTAN» [36]. Llamamos entonces al Buró de Seguridad de la OTAN, pero nunca pudimos hablar con su director. Ni siquiera pudimos conocer su identidad, clasificada como “confidencial”. La señora Isabelle Jacobs nos informó que era altamente improbable que lográsemos obtener respuestas a nuestras preguntas sobre un tema tan sensible como el Gladio y nos aconsejó que transmitiéramos nuestro pedido por escrito a través de la embajada de nuestro país de origen.
Fue así que, después de que la Misión Suiza de Observación en Bruselas transmitiera a la OTAN nuestras preguntas sobre el caso Gladio, el embajador de Suiza Anton Thalmann nos respondió que sentía informarnos que «Ni yo ni mi personal tenemos conocimiento de la existencia de los comités secretos de la OTAN que menciona usted en su carta» [37].

Nuestras preguntas eran: «¿Cuál es el vínculo entre la OTAN, el Clandestine Planning Committee (CPC) y el Allied Clandestine Committee (ACC)? ¿Qué papel desempeñan el CPC y el ACC? ¿Qué vínculo existe entre el CPC, el ACC y el Buró de Seguridad de la OTAN?» El 2 de mayo de 2001 recibimos una respuesta de Lee McClenny, director del servicio de prensa y comunicación de la OTAN.


En su carta, McClenny afirmaba que «Ni el Allied Clandestine Committee, ni el Clandestine Planning Committee aparecen en la documentación de la OTAN, confidencial o no, que he consultado.» Y agregaba: «Además, no he podido encontrar a nadie que trabaje aquí que haya oído hablar de esos comités. Ignoro si tales comités han existido alguna vez en la OTAN, lo que sí es seguro es que no es el caso hoy en día» [38]. Nuevamente insistimos y preguntamos: «¿Por qué el vocero de la OTAN Jean Marcotta negó categóricamente, el 5 de noviembre de 1990, todo vínculo entre la OTAN y el Gladio, palabras que fueron desmentidas dos días después por un segundo comunicado?». La respuesta de Lee McCleny fue: «No estoy al corriente de la existencia de vínculos entra la OTAN y la Operación Gladio. Además, no encuentro a nadie con el nombre de Jean Marcotta en la lista de voceros de la OTAN» [39]. Se mantenía el misterio.


La CIA, la agencia de inteligencia más poderosa del mundo, no se mostró más inclinada a cooperar que la mayor alianza militar del mundo si se trataba de abordar la delicada cuestión del Gladio y de los ejércitos stay-behind. Fundada en 1947, dos años antes de la creación de la OTAN, la principal tarea de la CIA durante la guerra fría consistió en combatir el comunismo a lo largo y ancho del planeta mediante la realización de operaciones secretas cuyo objetivo era extender la influencia de los Estados Unidos. El presidente Nixon indicó una vez que «acciones clandestinas» eran para él «aquellas actividades que, aunque están destinadas a favorecer los programas y políticas de los Estados Unidos en el extranjero, se planifican y ejecutan de forma tal que el público no vea en ellas la mano del gobierno americano» [40].


Historiadores y analistas políticos han descrito posteriormente de forma detallada la manera como la CIA y las Fuerzas Especiales estadounidenses influyeron en la evolución política y militar de numerosos países de América Latina mediante guerras secretas y no declaradas. Entre los hechos más destacados podemos citar el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, en 1954; el fracasado desembarco en Bahía de Cochinos, en 1961, que debía provocar la destitución de Fidel Castro; el asesinato de Ernesto Che Guevara en Bolivia, en 1967; el golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende y la instalación en el poder del dictador Augusto Pinochet, en 1973; así como el financiamiento de los Contras en Nicaragua, después de la revolución sandinista de 1979. [41]


Además de esas acciones en el continente sudamericano, la CIA intervino también en numerosas ocasiones en Asia y en África derrocando el gobierno de Mossadegh en Irán, en 1953; apoyando la política de apartheid en Sudáfrica, lo cual condujo al encarcelamiento de Nelson Mandela; ayudando a Ben Laden y al-Qaeda en Afganistán, durante la invasión soviética de 1979; y apoyando al líder khmer rojo Pol Pot desde la bases que había conservado en Cambodia, después de la derrota estadounidense en Vietnam, en 1975. Desde un punto de vista estrictamente técnico, el departamento de operaciones secretas de la CIA corresponde a la definición de organización terrorista que hace el FBI. El “terrorismo” es, según el FBI, «el uso ilegal de la fuerza o de la violencia contra personas o bienes con el fin de intimidar y obligar a un gobierno, una población civil o un segmento de ésta última a perseguir ciertos objetivos políticos o sociales» [42].


A mediados de los años 1970, cuando el Congreso de los Estados Unidos descubrió que la CIA y el Pentágono habían extendido sus propios poderes casi más allá de todo control, sobrepasándolos incluso en numerosas ocasiones, el senador estadounidense Frank Church hizo, con bastante buen tino, el siguiente comentario: «La multiplicación de los abusos cometidos por nuestros servicios de inteligencia es reveladora de un fracaso más general de nuestras instituciones fundamentales». El senador Church presidía una de las 3 comisiones del Congreso que recibieron la misión de investigar sobre los actos de los servicios secretos estadounidenses y cuyos informes, presentados a mediados de los años 1970, constituyen hoy en día une referencia autorizada en lo tocante a las guerras secretas de Washington [43].


Sin embargo, el impacto de las investigaciones del Congreso estadounidense fue limitado y los servicios secretos siguieron abusando de sus prerrogativas, con el apoyo de la Casa Blanca, como quedó demostrado durante el escándalo del Irángate, en 1986. Aquello llevó a la historiadora Kathryn Olmsted a plantearse la siguiente «pregunta crucial»: «¿Por qué, después de haber emprendido su investigación, la mayoría de los periodistas y miembros del Congreso renunciaron a desafiar el gobierno secreto?» [44]


Mientras se desarrolla en Estados Unidos el debate sobre la existencia o no de un «gobierno de la sombra», el fenómeno Gladio prueba que la CIA y el Pentágono han operado repetidamente fuera de todo control democrático durante la guerra fría, e incluso después del derrumbe del comunismo, sin tener nunca que rendir cuentas sobre sus intrigas. Durante una entrevista concedida a la televisión italiana en diciembre de 1990, el almirante Stanfield Turner, director de la CIA de 1977 a 1981, se negó de plano a hablar del escándalo Gladio. Cuando los periodistas, que tenían en mente la gran cantidad de víctimas de los numerosos atentados perpetrados en Italia, trataron de insistir, el ex jefe de la CIA se quitó el micrófono con furia y gritó: «¡Dije que cero preguntas sobre Gladio!», poniendo así fin a la entrevista [45].


Ex oficiales de la CIA de menos rango aceptaron de mejor grado hablar de los secretos de la guerra fría y de las operaciones ilegales de la agencia estadounidense. Entre ellos, Thomas Polgar, quien se retiró en 1981, al cabo de 30 años de servicio. En 1991, Polgar prestó testimonio contra la nominación de Robert Gates a la cabeza de la CIA, reprochándole el hecho de haber enmascarado el escándalo del Irángate. Interrogado sobre los ejércitos secretos en Europa, Polgar explicó, refiriéndose implícitamente al CPC y al ACC, que la coordinación de los programas stay-behind estaba en manos de «una especie de grupo de planificación de guerra no convencional vinculado a la OTAN».


En sus cuarteles generales secretos, los jefes de los ejércitos secretos nacionales «se reunían cada 2 o 3 meses, siempre en una capital diferente». Polgar subraya que «cada servicio nacional lo hacia con mayor o menor celo», aunque admite que «en los años 1970 en Italia, algunos fueron incluso más lejos de lo que exigía la carta de la OTAN» [46]. El periodista Arthur Rowse, ex colaborador del Washington Post, dio a conocer «Las lecciones de Gladio» en un ensayo dedicado al tema: «Mientras el pueblo estadounidense siga ignorando todo ese oscuro capítulo de las relaciones exteriores de los Estados Unidos eso no incitará realmente a las agencias responsables de esta situación a cambiar de comportamiento. El fin de la guerra fría no cambió gran cosa en Washington. Estados Unidos (…) sigue esperando con impaciencia un verdadero debate nacional sobre los medios, los objetivos y los costos de nuestras políticas federales de seguridad» [47].


Especializados en el estudio de las operaciones clandestinas de la CIA y de los secretos de la guerra fría, los investigadores del instituto privado e independiente de investigación National Security Archive de la universidad George Washington, en Washington, presentaron a la CIA, el 15 de abril de 1991, un pedido basado en la Freedom of Information Act (FOIA). Según los términos de esta ley sobre la libertad de información, todos los servicios del gobierno estadounidense están obligados a justificar ante la ciudadanía la legalidad de sus actos. Malcolm Byrne, vicedirector de investigación del National Security Archive, solicitaba a la CIA el acceso a «todos los archivos vinculados (…) a las decisiones del gobierno estadounidense, tomadas probablemente entre 1951 y 1955, sobre el financiamiento, el apoyo o la colaboración con todo ejército secreto, con toda red o con cualquier otra unidad, creados con el objetivo de resistir ante una posible invasión de Europa occidental por parte de potencias bajo dominio comunista o de realizar operaciones de guerrilla en países de Europa occidental ante la hipótesis de que éstos se encontraran bajo el control de partidos o de regimenes comunistas, de izquierda o que gozaran del apoyo de la Unión Soviética».


Byrne agregaba: «Le ruego que incluya usted en su búsqueda todo documento que mencione actividades conocidas bajo el nombre de “Operación Gladio”, en particular en Francia, en Alemania y en Italia» [48]. Byrne precisaba, con toda razón, que «todos los documentos obtenidos como consecuencia de este pedido ayudarán a dar a conocer al público la política exterior de los Estados Unidos en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como el impacto del conocimiento, análisis y adquisición de datos de inteligencia en la política estadounidense de la época». Pero la CIA se negó a cooperar y, el 18 de junio de 1991, presentó la siguiente respuesta: «La CIA no puede confirmar ni negar la existencia o la inexistencia de archivos que respondan a los criterios de su pedido». Byrne trató de reclamar ante la negativa de la CIA a proporcionarle información sobre Gladio pero su gestión fue impugnada.


La CIA fundamentó su negativa a cooperar invocando dos dispensas que permiten bloquear la aplicación de la ley sobre la libertad de información y que sirven prácticamente para cubrir cualquier cosa ya que excluyen cualquier documento «clasificado como “confidencial” en virtud de una decisión tomada por el Ejecutivo en interés de la Defensa Nacional o de la política exterior» (Dispensa B1) o a título de las «obligaciones inherentes al estatus del director de proteger la confidencialidad de las fuentes y métodos de inteligencia, tales como la organización, las funciones, nombres, títulos oficiales, ingresos y número de los empleados de la Agencia, conforme a la National Security Act de 1947 y a la CIA Act de 1949» (Dispensa B3).


Los responsables europeos no navegaron con más fortuna cuando trataron de enfrentarse al gobierno secreto. En marzo de 1995, una comisión del Senado italiano presidida por Giovanni Pellegrino, comisión que había realizado una investigación sobre Gladio y sobre los atentados perpetrados en Italia, presentó a la CIA un pedido FOIA. Los senadores italianos pedían acceso a todos los archivos vinculados a las Brigadas Rojas y al secuestro de Aldo Moro para aclarar si, en el marco de su programa de intromisión en los asuntos de Italia, la CIA había infiltrado el grupo terrorista de extrema izquierda antes de que este asesinara al ex primer ministro italiano y líder de la democracia cristiana italiana Aldo Moro, en 1978.


La CIA se negó a cooperar, invocando las dispensas B1 y B3 y rechazó, en mayo de 1995, todos los pedidos de acceso presentados agregando que dicho rechazo «no confirmaba ni negaba la existencia o la inexistencia en los archivos de la CIA de los documentos solicitados». La prensa italiana subrayó lo embarazoso de aquel rechazo y tituló: «La CIA rechaza pedido de asistencia de la Comisión parlamentaria. Secuestro de Moro, secreto de Estado en Estados Unidos» [49].


El segundo pedido de información sobre Gladio proveniente de un gobierno europeo fue presentado a la CIA por el gobierno de Austria en enero de 2006, como consecuencia del descubrimiento de varios escondites de armas “altamente secretos” que la CIA había preparado para el Gladio en montañas y bosques de aquel país, a pesar de la neutralidad de Austria. Representantes del gobierno estadounidense respondieron que Estados Unidos correría con los gastos ocasionados por el desenterramiento y la recogida del equipamiento de las redes [50].

La investigación austriaca estuvo a cargo de los servicios del ministro del Interior Mickael Sika, quien presentó su informe final sobre los depósitos de municiones de la CIA el 28 de noviembre de 1997 al declarar: «No es posible llegar con certeza a ninguna conclusión en lo tocante a los escondites de armas y el uso al que estaban destinadas».
Por lo tanto: «Para aclarar totalmente el caso sería necesario disponer de los documentos vinculados a éste, especialmente los que se encuentran en Estados Unidos» [51]. Un miembro de la Comisión, Oliver Rathkolb, de la universidad de Viena, presentó entonces un pedido FOIA cuyo objetivo era obtener acceso a los archivos de la CIA. Pero en 1997, el comité de divulgación de la agencia opuso un nuevo rechazo que invocaba nuevamente las dispensas B1 y B3 dejando así a los austriacos con la amarga impresión de que la CIA no estaba obligada a rendir cuentas ante nadie.


Siendo esta la única posibilidad de obtener acceso a los archivos vinculados al Gladio, nosotros mismos presentamos a la CIA un pedido FOIA el 14 de diciembre de 2000. Dos semanas más tarde recibimos una respuesta evasiva a nuestro pedido «vinculado a la “Operación Gladio”»: «La CIA no puede confirmar ni negar la existencia o la inexistencia de documentos que correspondan a su pedido». Al invocar las dispensas restrictivas B1 y B3, la coordinadora encargada de la información y de las cuestiones vinculadas al respeto de la vida privada, la señora Kathryn I. Dyer nos negó el acceso a las informaciones sobre la Operación Gladio [52].

Nosotros hicimos oposición a aquella decisión señalando que: «Los documentos retenidos deben publicarse en virtud de la ley FOIA sobre la libertad de expresión ya que las cláusulas B1 y B2 sólo pueden aplicarse a las operaciones de la CIA que siguen siendo secretas».
Seguidamente demostrábamos que el Gladio no se encontraba ya en ese caso, precisando los datos que ya habíamos recogido anteriormente durante nuestras investigaciones, y concluimos: «Si usted, señora Dyer, invoca en este contexto las cláusulas restrictivas B1 y B3, está usted privando a la CIA de la posibilidad de expresarse sobre informaciones relativas al caso Gladio, [informaciones] que de todas maneras serán reveladas, decida o no la CIA intervenir » [53].


En febrero de 2001, la CIA nos respondió: «Su apelación ha sido aceptada y se tomarán disposiciones para que la examinen los miembros del comité de divulgación de la Agencia. Usted será informado de la decisión que se tome.» Al mismo tiempo, la CIA precisó que aquella comisión procesaba los pedidos en función de la fecha en que habían sido presentadas y que «en este momento, tenemos alrededor de 315 apelaciones por examinar» [54]. Nuestro pedido sobre la red Gladio quedaba así en espera, debajo del montón. En el momento en que redactamos este libro la comisión seguía sin dar respuesta [55].


Después de la OTAN y la CIA, la tercera organización en orden de importancia implicada en la operación stay-behind era el MI6 británico. En 1990, el MI6 no adoptó posición alguna sobre el caso Gladio debido a una legendaria obsesión por el secreto. La existencia misma del MI6 no fue admitida oficialmente hasta 1994, con la publicación de la Intelligence Services Act que estipulaba que la misión de ese servicio consistía en obtener información de inteligencia y ejecutar acciones secretas en el extranjero.


Mientras que el ejecutivo británico y el MI6 se negaban a hacer cualquier comentario, Rupert Allason, miembro del partido conservador, redactor del Intelligence Quarterly Magazine bajo el seudónimo de Nigel West y autor de varios libros sobre los servicios británicos de seguridad, confirmó, en noviembre de 1990, en pleno apogeo del escándalo Gladio y en una entrevista telefónica concedida a la Associated Press: «Estábamos, y seguimos estando todavía, fuertemente implicados (…) en esas redes».


West explicó que Gran Bretaña «participó, claro está, junto a los estadounidenses, en el financiamiento y la dirección» de varias redes y que también participaba en el marco de la colaboración entre el MI6 y la CIA: «Son las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses las que dieron origen al proyecto». West afirmó que, a partir de 1949, el accionar de los ejércitos stay-behind había sido coordinado por la Estructura de Comando y Control de las Fuerzas Especiales de la OTAN, en cuyo seno el Special Air Service (SAS) desempeñaba un papel estratégico [56].


«La responsabilidad de Gran Bretaña en la creación de las redes stay-behind en toda Europa es absolutamente fundamental», reportó la BBC, con cierto retraso, en su edición vespertina del 4 de abril de 1991. El presentador de noticias John Simpson acusó al MI6 y al ministerio de Defensa británico de no divulgar toda la información que tenían sobre el tema «en momentos en que las revelaciones sobre Gladio han provocado que se descubriera la existencia de ejércitos stay-behind en otros países europeos –en Bélgica, Francia, Holanda, España, Grecia y Turquía. Hasta en países neutrales como Suecia y Suiza la cuestión dio lugar a un debate público. En ciertos casos se han abierto investigaciones oficiales.


En cambio, nada se ha hecho todavía en Gran Bretaña. Sólo hemos tenido los acostumbrados comunicados del ministerio de Defensa que no quiere comentar las cuestiones de Seguridad Nacional» [57]. Simpson declaró que después de la caída del Muro de Berlín los británicos habían podido conocer, con una mezcla de horror y fascinación, los complots y las operaciones de terrorismo urdidos por la Stasi, la Securitate y otros servicios secretos de Europa oriental. «¿Es posible que nuestro bando haya cometido actos comparables? ¡Nunca!», comentó con ironía antes de llamar la atención hacia los servicios de seguridad de Europa occidental: «Pero ahora empiezan a aparecer informaciones sobre los abusos que pudieran haber cometido la mayoría de los servicios secretos de los miembros de la OTAN.


En Italia, una comisión parlamentaria ha recibido la misión de investigar las acciones de un ejército secreto creado por el Estado con el objetivo de resistir en caso de invasión soviética. La investigación ha permitido descubrir la existencia de fuerzas armadas clandestinas similares en toda Europa. Pero el grupo italiano, conocido bajo el nombre de Gladio, es sospechoso de haber participado en una serie de atentados terroristas» [58].


La BBC no logró obtener de los responsables del gobierno ninguna reacción sobre el escándalo Gladio. La confirmación oficial de la implicación del MI6 sólo llegó años más tarde y en un contexto más bien sui generis: en un museo. En julio de 1995, se inauguró en el Imperial War Museum de Londres una nueva exposición permanente titulada «Las guerras secretas». «Todo lo que usted puede ver en esta exposición es parte de los secretos mejor guardados de este país», se aseguraba a los visitantes en la entrada. «Por vez primera se revelan al público. Y lo más importante, todo es verídico… la realidad es mucho más increíble y apasionante que la ficción.»
En una de las vitrinas dedicadas al MI6 un discreto comentario confirmaba que: «Los preparativos con vistas a una Tercera Guerra Mundial incluían la creación de comandos stay-behind equipados para operar detrás de las líneas enemigas en caso de invasión soviética en Europa occidental». En la misma vitrina, se exhibía una gran caja llena de explosivos con la siguiente explicación: «Explosivos concebidos especialmente por el MI6 para ser escondidos en territorios susceptibles de pasar al enemigo. Podían mantenerse enterrados durante años sin sufrir la menor alteración.»


Junto a un manual sobre técnicas de sabotaje destinado a los comandos stay-behind se podía leer: «En la zona británica de ocupación en Austria, oficiales de la Marina Real fueron destacados especialmente para preparar escondites de armas en regiones de montaña y colaborar con agentes reclutados en el terreno» [59]
Varios ex oficiales del MI6 interpretaron aquella exposición como una señal de que podían hablar en lo adelante sobre la Operación Gladio. Meses después de la inauguración, los ex oficiales Giles y Preston, ambos de la Marina Real, los únicos agentes del MI6 cuyos nombres se mencionaban en la exposición junto a una fotografía tomada «en los Alpes austriacos, 1953-1954», confirmaron al escritor Michael Smith que a finales de los años 1940 y principios de los años 1950 estadounidenses y británicos habían reclutado unidades stay-behind en Europa occidental en previsión de una invasión soviética.


Giles y Preston fueron enviados a Fort Monckton, no lejos de Portsmouth, en Inglaterra, donde los miembros del Gladio compartían el entrenamiento de los hombres des SAS bajo la dirección del MI6. Se les entrenaba en codificación [de mensajes], uso de armas de fuego y operaciones secretas. «Teníamos que hacer ejercicios, salir en medio de la noche y simular voladuras de trenes sin que nos descubriera el jefe de la estación de trenes», recuerda Preston. «Nos acercábamos a rastras y hacíamos como si pusiéramos cargas explosivas en el lado derecho de la locomotora». [60]


Giles recuerda haber participado en operaciones de sabotaje contra trenes británicos en servicio como, por ejemplo, el ejercicio que tuvo lugar en la estación de Eastleigh: «Poníamos ladrillos en las locomotoras para simular las cargas de explosivo plástico. Recuerdo hileras e hileras de vagones enteramente recubiertos de una espesa capa de nieve, detenidos en medio de las nubes de vapor. Había patrullas de soldados con perros. En un momento dado, los guardias se acercaron. Tuve entonces que esconderme entre los cilindros de las locomotoras y esperar que pasaran. También quitábamos la tapa de los tanques de aceite de los ejes para echarles arena. Como consecuencia [los ejes] se recalentaban al cabo de algunas decenas de kilómetros» [61].


A los dos agentes no parecía preocuparles que se tratara de trenes públicos en servicio: «No era problema mío», explicó Giles, «sólo estábamos jugando». «Yo tuve que recorrer Greenwich durante 10 días para aprender a cumplir misiones de seguimiento de personas y a despistar a quienes estuviesen siguiéndome a mí, la realidad concreta de la labor del espía», cuenta Preston. Posteriormente, los dos agentes fueron enviados a Austria con la misión de reclutar agentes y entrenarlos y supervisaron la red de «búnkeres subterráneos llenos de armas, ropa y material» que montaban «el MI6 y la CIA» para uso del Gladio austriaco [62].

Al visitar el cuartel general del MI6 al borde del Támesis, en Londres, en 1999, no fue una sorpresa enterarse de que el MI6 tiene por regla no hablar nunca de secretos militares.

(Continuará…)

NOTAS

[1] Diario británico The European, 9 de noviembre de 1990.
[2] Ibid. El representante de la OTAN que presentó la rectificación fue al parecer Robert Stratford. Ver Regine Igel, Andreotti. Politik zwischen Geheimdienst und Mafia (Herbig Verlag, Munich, 1997), p.343.
[3] Diario británico The Observer, 18 de noviembre de 1990.
[4] Diario británico The Guardian, 10 de noviembre de 1990.
[5] Ibid., 30 de enero de 1992.
[6] Ibid., 16 de enero de 1991.
[7] Agencia internacional de prensa Reuters, 15 de noviembre de 1990.
[8] Sin autor especificado, «Gladio. Un misterio de la guerra fría. La trama secreta coordinada por mandos de la Alianza Atlántica comienza a salir a la luz tras cuatro décadas de actividad», diario español El País, 26 de noviembre de 1990.
[9] Sin autor especificado, «El servicio español de inteligencia mantiene estrechas relaciones con la OTAN. Serra ordena indagar sobre la red Gladio en España», diario español El País, 16 de noviembre de 1990.
[10] Erich Schmidt Eenboom, Schnüffler ohne Nase. Der BND. Die unheimliche Macht im Staate (Econ Verlag, Düsseldorf, 1993), p.365.
[11] Diario portugués Expresso, 24 de noviembre de 1990.
[12] Ibid.
[13] Agencia internacional de prensa Reuters, 13 de noviembre de 1990. Diario británico The Independent, 16 de noviembre de 1990.
[14] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990. Agencia internacional de prensa Reuters, 12 de noviembre de 1990. Agencia internacional de prensa Reuters, 15 de noviembre de 1990.
[15] Semanario británico The Independent on Sunday, 21 de junio de 1998. Crítica de un libro sobre Nixon (Nixon in Winter) por la ex asistente de Nixon, Monica Crowley.
[16] Estos fueron sucesivamente: 1951–1952 General Dwight D Eisenhower, US Army; 1952–1953 General Matthew B Ridgway, US Army; 1953–1956 General Alfred M Gruenther, US Army; 1956–1962 General Lauris Norstad, US Air Force; 1963–1969 General Lyman L Lemnitzer, US Army; 1969–1974 General Andrew J Goodpaster, US Army; 1974–1979 General Alexander M Haig Jr, US Army; 1979–1987 General Bernard W Rogers, US Army; 1987–1992 General John R Galvin, US Army; 1992–1993 General John M Shalikashvili, US Army; 1993–1997 General George A Joulwan, US Army; 1997–2000 General Wesley K. Clark, US Army; 2000-2003 General Joseph Ralston, US Air Force; 2003-2006 General James L. Jones, US Marine Corps; 2006-2009 General Bantz J. Craddock, US Army; 2009- Almirante James G. Stavridis, US Navy.
[17] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe», publicado en The Nation, 6 de abril de 1992, p.445.
[18] Semanario alemán Der Spiegel, n°47, p.20, 19 de noviembre de 1990.
[19] Pietro Cedomi, «Services Secrets, Guerre Froide et ‘stay-behind’ Part III. Répertoire des réseaux S/B», en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, noviembre/diciembre de 1991, p.82.
[20] Comisión investigadora parlamentaria sobre Gladio, como aparece resumido en la publicación británica Statewatch, enero/febrero de 1992.
[21] Philip Willan, Puppetmasters: The Political Use of Terrorism in Italy (Constable, Londres, 1991), p.27.
[22] Arthur Rowse, «Gladio: The Secret US War to subvert Italian Democracy» en Covert Action Quarterly, n°49, Verano de 1994, p.3.
[23] Fragmento de Willan, Puppetmaster, p.27.
[24] Mario Coglitore (Ediciones), La Notte dei Gladiatori. Omissioni e silenze della Repubblica (Calusca Edizioni, Padoue, 1992), p.34. «La existencia de los protocolos secretos de la OTAN es un hecho comprobado ya que De Gaulle los denunció explícitamente el 7 de marzo de 1966 y el Parlamento de la RFA admitió recientemente que existían» (ibid.).
[25] Publicación británica Searchlight, enero de 1991.
[26] Paolo Inzerili, Gladio. La Verità negata (Edizioni Analisi, Bologne, 1995), p.61.
[27] Inzerilli, Gladio, p.62.
[28] Gerardo Serravalle, Gladio (Edizione Associate, Rome, 1991), p.78.
[29] Ibid., p.79.
[30] Ibid., p.78.
[31] Comisión investigadora parlamentaria sobre sur Gladio, como aparece resumido en la publicación británica Statewatch, enero/febrero de 1992.
[32] Inzerilli, Gladio, p.63.
[33] Ibid.
[34] Michel Van Ussel : Georges 923. Un agent du Gladio belge parle. Testimonio (Éditions La Longue Vue, Bruxelles, 1991), p.139.
[35] Inzerilli, Gladio, p.64.
[36] Correo electrónico dirigido al autor por Anne-Marie Smith, del servicio de archivos de la OTAN, 18 de agosto de 2000.
[37] Carta dirigida al autor por el jefe de la misión suiza ante la OTAN, embajador Anton Thalmann, fechada en mayo de 2001.
[38] Carta dirigida al autor por Lee McClenny, responsable del servicio de relaciones con la prensa y los medios de difusión en la OTAN, fechada el 2 de mayo de 2001.
[39] Ibid.
[40] Presidential Directive, National Security Decision Memorandum 40, Responsibility for the Conduct, Supervision and Coordination of Covert Action Operations, Washington February 17 1970. Firmada por Richard Nixon.
[41] Para un completo recuento de las operaciones secretas de la CIA a través del mundo a partir de 1945, ver William Blum: Killing Hope. US Military and CIA interventions since World War II (Common Courage Press, Maine, 1995). Versión francesa: Les Guerres scélérates (Parangon, 2004).
[42] Fuente: www.terrorism.com
[43] Las tres comisiones eran la Comisión del Senado que presidía Franck Church, la Comisión de la Cámara de Representantes que presidía Ottis Pike y la Comisión Murphy del presidente Ford. 1. Report of the House Select Committee on Intelligence [Pike Committee], Ninety-fourth Congress, Publicado por Village Voice, New York City, febrero de 1976. 2. Report of the Commission on the Organization of the Government for the Conduct of Foreign Policy [Murphy Commission], US Government Printing Office, Washington DC, junio de 1975. 3. Final Report, of the United States Senate Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities [Church Committee], US Government Printing Office, Washington DC, abril de 1976. El que puede considerarse como el mejor de los 3 informes, el Informe final de la Comisión Investigadora Senatorial sobre las Operaciones del Gobierno en materia de Inteligencia, se compone de 6 volúmenes. El primero tiene como tema la «Inteligencia Exterior y Militar, de la CIA, de las operaciones secretas y la cuestión del control democrático sobre los servicios secretos». En el segundo volumen, intitulado «Actividades de Inteligencia y Derechos de los Ciudadanos Estadounidenses», el Informe Church revela de qué manera la NSA y el FBI violaron la vida privada de los ciudadanos estadounidenses. El tercer tomo, intitulado «Informes Internos Complementarios sobre las Actividades de Inteligencia y los Derechos de los Ciudadanos Estadounidenses», prologa el análisis del anterior y afirma que el término «contraespionaje» es una apelación impropia para «operación clandestina interna». El cuarto volumen, intitulado «Informes Internos Complementarios sobre la Inteligencia Exterior y Militar», presenta un recuento histórico sobre la CIA desde 1946 hasta 1975. El quinto volumen, intitulado «El Asesinato del Presidente John F. Kennedy y el Trabajo de las Agencias de Inteligencia», trata de determinar si los servicios secretos estadounidenses conspiraron o no para mantener el secreto alrededor del asesinato de JFK. El último volumen, intitulado «Informes Complementarios sobre las Actividades de Inteligencia», aborda la evolución histórica y la organización de la capacidades del país en materia de inteligencia, desde 1776 hasta 1976. Algunos fragmentos de esos informes han sido publicados en francés bajo el título Les Complots de la CIA. Manipulations et assassinats (Stock, 1976).
[44] Kathryn Olmsted, Challenging the Secret Government: The Post-Watergate Investigations of the CIA and FBI (University of North Carolina Press, Chapelhill, 1996), p.9.
[45] Diario británico The Independent, 1º de diciembre de 1990.
[46] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe», publicado en The Nation, 6 de abril de 1992, p.445.
[47] Arthur Rowse, «Gladio. The Secret US War to Subvert Italian Democracy», publicado en Covert Action Quarterly, n°49, Verano de 1994.
[48] Solicitud FOIA: «L’Operation ‘Gladio’ de la CIA», presentada por Malcolm Byrne el 15 de abril de 1991. Solicitud FOIA n° 910113.
[49] Diario italiano Corriere della Sera, 29 de mayo de 1995.
[50] Publicación política austriaca Zoom, n° 4/5, 1996: «Es muss nicht immer Gladio sein. Attentate, Waffenlager, Erinnerungslücken», p.6.
[51] Bericht betreff US Waffenlager. Oesterreichisches Bundesministerium für Inneres. Generaldirektor für die öffentliche Sicherheit. Mag. Michael Sika. 28 noviembre de 1997. Viena, p.10.
[52] Carta fechada el 28 de diciembre del año 2000 y dirigida por la CIA al autor sobre la solicitud FOIA F-2000-02528 vinculada a la Operación Gladio.
[53] Carta fechada el 23 de enero de 2001 y dirigida por el autor a la señora Dyer de la CIA.
[54] Carta fechada el 7 de febrero de 2001 y dirigida al autor por Kathryn I. Dyer, coordinadora de la CIA para asuntos de información y respeto de la vida privada.
[55] En momentos en que entraba en prensa la edición francesa, o sea 6 años después de presentada la solicitud, el autor sigue esperando una respuesta… (Nota del editor)
[56] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.
[57] Televisión británica BBC Newsnight, 4 de abril de 1991, 22h 30. Reportaje del periodista Peter Marshall sobre Gladio.
[58] Ibid.
[59] Imperial War Museum, Londres. Exposición sobre las Guerras Secretas. Visitada por el autor el 20 de mayo 1999. El 4 de junio de 1999 el autor se reunió con Mark Siemens, del departamento de investigación del museo y responsable de la exposición sobre la Guerras Secretas. Siemens subrayó que la unidad secreta SOE, creada durante la Segunda Guerra Mundial, era el antecedente de los stay-behind Gladio. El autor no pudo obtener del MI6 ninguna información suplementaria sobre ese fenómeno.
[60] Michael Smith, New Cloak, Old Dagger : How Britain’s Spies Came in from the Cold (Gollancz, Londres, 1996), p.117. Basado en entrevistas realizadas a Simon Preston, el 11 de octubre de 1995, y a Michael Giles, el 25 de octubre de 1995.
[61] Smith, Dagger, p.117.
[62] Ibid., p.118.

http://www.voltairenet.org/article163137.html

Los ejércitos secretos de la OTAN (II) Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…

por Daniele Ganser__________________________

Proseguimos la publicación seriada de la obra de referencia sobre las redes stay-behind de la OTAN. En este segundo capítulo, el historiador suizo Daniele Ganser describe la larga serie de descubrimientos que revelaron la existencia de esa organización clandestina en toda Europa occidental y más allá así como el manto de silencio que rápidamente se extendió sobre ese escándalo. La cuestión planteada entonces por el Parlamento Europeo era saber si las instituciones democráticas no eran más que una fachada tras la cual los anglosajones venían manipulando a los pueblos de Europa occidental desde hacía medio siglo. Una pregunta que sigue siendo válida.

Fin del año 1990, el escándalo sobre el Gladio estalla en momentos en que el presidente francés Francois Mitterrand prepara la opinión pública para la entrada de Francia en la guerra de Irak junto a Estados Unidos. Mitterrand confía a su ministro de Defensa, Jean-Pierre Chevenement (con los brazos cruzados en la foto) la misión de acallar la verdad. Los franceses deben seguir ignorando que, desde hace medio siglo, una estructura militar clandestina dirige los Estados de Europa occidental al margen de las instituciones democráticas.
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Este artículo hace parte de la serie:
1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
3. «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
4. «Las cloacas de Su Majestad»
5. «La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington»
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Los periodistas extranjeros reunidos en el club de la prensa de Roma en el verano de 1990 se quejaban de la cobardía de sus redacciones ante el delicado caso Gladio y su dimensión internacional. Efectivamente, se hace necesario recordar el delicado contexto en que se produjeron las revelaciones que el primer ministro italiano Giulio Andreotti hiciera el 3 de agosto ante el senado de su país sobre la existencia de un ejército secreto stay-behind creado por la OTAN en toda Europa occidental.

La reveladora alocución de Andreotti tuvo lugar el día después del 2 de agosto de 1990, día de la invasión de Kuwait por el dictador iraquí Sadam Husein. En París, Londres y Washington, jefes de redacciones y consejeros militares temían que aquel escándalo viniera a perturbar los preparativos para la guerra del Golfo.
El 2 de agosto, en Nueva York, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, «espantados por la invasión de Kuwait», habían impuesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, con la anuencia de China y Rusia, la adopción de la resolución 660, que ordenaba «la retirada inmediata e incondicional de todas las fuerzas iraquíes de las posiciones ocupadas el 1º de agosto de 1990».

En Occidente y en el mundo entero los medios de difusión estaban entonces focalizados en la «crisis del Golfo» y relataban como Estados Unidos, bajo la presidencia de George Bush padre, había emprendido la mayor operación militar desde la Segunda Guerra Mundial a la cabeza de una coalición de países a la que pertenecían Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Holanda para liberar Kuwait de la ocupación iraquí en el marco de una operación bautizada como «Tormenta del Desierto», en enero y febrero de 1991 [1]. Las grandes cadenas televisivas tenían así simultáneamente dos extrañas historias que poner a la disposición del público: una guerra limpia en el Golfo Pérsico y el escándalo del Gladio en Europa, que finalmente optaron por silenciar [2].

Como consecuencia de las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti, el escándalo atraviesa las fronteras de Italia cuando, el 30 de octubre, el ex primer ministro socialista de Grecia, Andreas Papandreou, confirma en el diario griego Ta Nea que él mismo había descubierto, en 1984, una estructura secreta de la OTAN muy parecida al Gladio italiano y cuyo desmantelamiento había ordenado de inmediato. Otras voces se hicieron oír para exigir una investigación parlamentaria sobre el ejército secreto y su supuesto papel en el golpe de los coroneles de 1967. Pero el gobierno conservador griego de la época hizo caso omiso. El ministro de defensa Varvitsiotis explicó que un ex agregado militar griego en Washington que había trabajado para la OTAN examinaría las acusaciones, pero anunció: «El gobierno no tiene nada que temer» [3].

De Grecia el escándalo pasó después a Alemania donde, el 5 de noviembre, un parlamentario verde, Manfred Such, que se había enterado del escándalo a través del diario alemán TAZ, emplazó solemnemente al gobierno de Helmut Kohl a expresarse sobre las sospechas de existencia de estructuras del tipo Gladio en Alemania. Mientras que en el ministerio de Defensa alemán se reflexionaba sobre la forma más conveniente de encarar aquel emplazamiento, el canal privado de televisión RTL provocó la indignación pública al revelar, en un reportaje especial dedicado a Gladio, que ex miembros de las SS hitlerianas habían formado parte de la rama alemana de la red y que, en muchos otros países, partidarios de la extrema derecha habían sido enrolados en el ejército secreto anticomunista.

La tensión aumentó todavía más cuando el vocero del gobierno alemán, Hans Klein, trató de explicar de forma confusa que «el Gladio alemán no era, como se ha dicho, un comando secreto o una unidad de guerrilla», y agregó que no podía mencionar detalles debido a que el asunto era secreto militar [4]. Las declaraciones de Klein provocaron un escándalo entre los socialdemócratas y los verdes de la oposición, quienes vieron en ellas un trampolín dada la cercanía de las elecciones federales.

El parlamentario Hermann Scheer, el especialista en cuestiones de defensa en el seno del SPD, el partido socialdemócrata alemán, comparó aquella misteriosa red a una especie de «Ku Klux Klan», más destinado a realizar operaciones clandestinas contra la población y contra la oposición que a luchar contra una improbable invasión soviética. Scheer insistía en que urgía implementar una investigación sobre Gladio «antes de que puedan hacer desaparecer las pruebas» [5]. «Este asunto es de la competencia del fiscal general (Generalbundesanwalt)», explicó Scheer, «ya que la existencia de una organización militar secreta fuera de todo control gubernamental o parlamentario es totalmente contraria a la ley fundamental y entra, por lo tanto, dentro del campo de la justicia penal» [6].

El parlamentario socialdemócrata Wilfried Penner, miembro de la Comisión Parlamentaria de Control (PKK) de los servicios secretos alemanes, precisó que nunca había oído hablar de la red secreta de la OTAN ni «de sus ramificaciones mafiosas» y que «este asunto tenía que ser tratado públicamente, a la vista de todos» [7]. Burkhard Hirsch, responsable de los servicios secretos en el seno del gobierno y miembro de la PKK, se declaró también «extremadamente inquieto» ya que «si algo puede permanecer en secreto durante tanto tiempo, y pueden confiar en mi larga experiencia, es porque hay algo podrido» [8]. Las voces que se elevaban desde las filas del SPD exigiendo una investigación oficial se callaron sin embargo rápidamente cuando el gobierno democratacristiano reveló que los ministros socialdemócratas también habían mantenido el secreto durante los años que estuvieron en el poder. Es por esa razón que, a pesar de las protestas de los verdes, la cuestión se zanjó a puertas cerradas.

En Bélgica, en la noche del 7 de noviembre, el ministro socialista de Defensa Guy Coeme confirmó a una población espantada que en su país también había existido un ejército secreto vinculado a la OTAN. En una referencia implícita a las matanzas registradas en Brabante –durante los años 1980, hombres vestidos de negro habían abierto fuego sobre los clientes de varios supermercados causando numerosos muertos–, el ministro agregó: «Quiero descubrir ahora si existe un vínculo entre las actividades de esa red secreta y la ola de atentados que ensangrentó nuestro país durante los últimos años» [9].

Enfrentando las cámaras de la prensa, el primer ministro belga Wilfried Martens, visiblemente preocupado, declaró: «Soy primer ministro desde hace 11 años, pero siempre ignoré la existencia de una red de ese tipo en nuestro país». Los periodistas señalaron que el primer ministro, «de ordinario tan sosegado ante cualquier circunstancia», parecía esta vez «cualquier cosa menos relajado» [10]. El parlamento belga decidió entonces formar una comisión especial encargada de investigar sobre la red stay-behind de Bélgica. Un año después, luego de haber obtenido el desmantelamiento de la red, dicha comisión presentó un valioso informe público de no menos de 250 páginas [11].

Los parlamentarios belgas lograron descubrir que el ejército clandestino de la OTAN seguía estando activo. Supieron que el ACC, que se componía de los generales que comandaban los ejércitos stay-behind de numerosos países de Europa occidental, se había reunido en el mayor secreto en su cuartel general de Bruselas los días 23 y 24 de octubre de 1990. Aquel consejo se había desarrollado bajo la presidencia del general Raymond Van Calster, jefe del Servicio General de Inteligencia (SGR, siglas en francés), los servicios secretos militares belgas.

Van Claster montó en cólera cuando varios periodistas lograron seguir la pista hasta él y lo contactaron repetidamente por teléfono. La primera vez mintió a la prensa al negar categóricamente, el 9 de noviembre, haber presidido la reunión internacional del ACC y al afirmar que Gladio era una cuestión estrictamente italiana. Más tarde admitió que una red secreta había sido efectivamente instaurada en Bélgica después de la Segunda Guerra Mundial «con el fin de recoger datos de inteligencia ante la hipótesis de una invasión soviética» [12]. Desmintiendo enérgicamente todo «vínculo directo con la OTAN», el general se negó a entrar en detalles, aunque afirmó solemnemente: «No tenemos nada que esconder» [13].

En Francia, el gobierno del presidente socialista Francois Mitterrand trató de restar importancia al asunto anunciando, a través de un representante prácticamente desconocido, que el ejército secreto «estado disuelto desde hacia mucho tiempo [en nuestro país]» [14]. El general Constantin Melnik, jefe de los servicios secretos franceses entre 1959 y 1962, hizo correr además, a través del diario más importante de Francia, el rumor de que el Gladio francés había «sido probablemente desmantelado inmediatamente después de la muerte de Stalin en 1953 y no debía existir ya bajo la presidencia de De Gaulle [o sea después de 1958]» [15].

La prensa francesa se alineó detrás del gobierno, que aquel entonces se encontraba en plenos preparativos para la guerra del Golfo, y se cuidó de hacer preguntas demasiado delicadas. Fue así como un «escándalo que ocupaba los titulares de primera plana en todos los diarios de Europa sólo se reflejó en una pequeña nota en los diarios parisinos» [16].

Implacablemente, el primer ministro italiano Andreotti echó por tierra la mentira francesa al declarar el 10 de noviembre de 1990 que Francia había participado también en la última reunión de la jefatura de Gladio, el ACC, celebrada en Bélgica el 23 de octubre de 1990. Después de aquella revelación, el ministro francés de Defensa Jean-Pierre Chevenement, ante aquella situación embarazosa, trató de limitar los daños afirmando que el ejército secreto francés se había mantenido pasivo: «Según las informaciones de que dispongo, nunca tuvo más función que la de mantenerse a la espera y cumplir una función de enlace».

En respuesta a un periodista de radio que le preguntaba si se iba a producir en Francia una tormenta política similar a las Italia y Bélgica, el ministro se entregó a varias especulaciones sobre las actividades terroristas o de otro tipo del ejército secreto antes de contestar con toda calma: «No lo creo». [17] La prensa subrayó que el gobierno estaba haciendo todo lo posible por evitar que la población viera en Gladio una «abominación nacional» [18].

En Gran Bretaña, varios voceros del ministerio de Defensa se turnaban día tras día dando invariablemente a la prensa casi la misma respuesta: «Lo siento pero nunca abordamos cuestiones de seguridad» o «Se trata de una cuestión de seguridad, por lo tanto no la abordaremos» o quizás «No nos dejaremos arrastrar al terreno de la seguridad nacional» [19]. Mientras que los diarios seguían publicando día tras día titulares sobre el escándalo del Gladio, el ministro británico de Defensa Tom King se aventuró a abordar con desenfado el inquietante asunto: «No sé detrás de qué quimera están corriendo ustedes. La cosa parece terriblemente apasionante, pero me temo que soy un completo ignorante en la materia. Estoy mucho mejor informado sobre el Golfo» [20].

En el contexto de los preparativos para la Operación Tormenta del Desierto y la guerra contra Irak, al parlamento británico le pareció que no era urgente crear una comisión o abrir un debate parlamentario [sobre Gladio] y prefirió respaldar al gobierno del primer ministro John Major. En el verano de 1992, no se había proporcionado aún ninguna versión oficial sobre Gladio, lo cual provocó la indignación de periodistas como Hugh O’Shaughnessy: «El silencio de Whitehall [21] y la falta casi total de curiosidad demostrada por los parlamentarios sobre un escándalo en que Gran Bretaña está tan profundamente implicada resultan extraordinarios [22].

En Holanda, el primer ministro Ruud Lubbers, en el cargo desde 1982, decidió reaccionar ante el delicado problema con el envío al parlamento, el 13 de noviembre, de una carta en la que confirmaba la existencia de un ejército secreto similar en el país y subrayando que «esa organización nunca estuvo bajo el control de la OTAN» [23]. Posteriormente, Lubbers y el ministro de Defensa de Holanda, Relus Ter Beek, informaron a puertas cerradas al Comité encargado de las cuestiones vinculadas a la inteligencia y la seguridad en el seno del parlamento sobre ciertos detalles sensibles del Gladio holandés. «Los sucesivos jefes de gobierno y ministros de Defensa estimaron siempre que era preferible no involucrar en el secreto a los demás miembros del gabinete ni al parlamento», declaró Lubbers ante los diputados, agregando que estaba orgulloso de que una treintena de ministros hubieran sido capaces de mantener aquello en secreto.

Mientras los parlamentarios denunciaban el peligro que implicaba la existencia de un ejército secreto cuya existencia era desconocida para el parlamento y para la inmensa mayoría de la ciudadanía, se decidió que la red secreta no sería objeto de ninguna investigación parlamentaria ni informe público alguno. «El problema no es tanto que tal cosa [el Gladio] haya podido o pueda existir aún hoy en día», declaró el miembro de la oposición liberal Hans Dijkstal, «sino más bien que el parlamento no haya sido informado de nada antes de ayer en la noche» [24].

En el vecino Luxemburgo, el primer ministro Jacques Santer se presentó ante el parlamento el 14 de noviembre de 1990 y confirmó que un ejército secreto creado por iniciativa de la OTAN había existido también en su país. «Las actividades de esas personas se limitaban, y así fue desde su origen, a entrenarse para su misión, o sea a aprender a reaccionar individualmente en un entorno hostil o a coordinar los esfuerzos con los países aliados», insistió Santer [25].

El reclamo de Jean Huss, un representante del partido verde alternativo que demandaba en primer lugar que se abriera un debate parlamentario sobre la cuestión y la posterior creación de una comisión investigadora parlamentaria, fue sometido a votación y rechazado por la mayoría de los parlamentarios.

Cuando la prensa internacional anunció que «en Portugal, una radio de Lisboa reportó que células de la red asociada a la Operación Gladio fueron utilizadas durante los años 50 en la defensa de la dictadura de derecha de Salazar», el gobierno en funciones respondió emitiendo un desmentido oficial [26]. El ministro portugués de Defensa, Fernando Nogueira, declaró el 16 de noviembre de 1990 que nunca había tenido conocimiento de la presencia de una red Gladio de ningún tipo en Portugal y afirmó que no se disponía en el ministerio de Defensa ni en la Comandancia de las fuerzas armadas «de ninguna información sobre la existencia o las actividades de una “estructura Gladio” en Portugal» [27].

Un general retirado desmintió la versión del gobierno y confirmó en la prensa, de forma anónima, que un ejército paralelo existía también en Portugal y que «dependía del ministerio de Defensa, del ministerio del Interior y del ministerio de Asuntos Coloniales» [28]. En la vecina España, país que, al igual que Portugal, había vivido la mayor parte de la guerra fría bajo el yugo de una dictadura de derecha que reprimía la oposición política mediante el terror y la tortura, Alberto Oliart, ministro de Defensa a principios de los años 1980, calificó de «pueril» el hecho de preguntarse si la España franquista también había tenido un ejército secreto de extrema derecha ya que «aquí, Gladio era el gobierno mismo» [29].

En Dinamarca, ante la presión pública, el ministro de Defensa Knud Engaard se dirigió al parlamento, el Folketing, el 21 de noviembre para desmentir que alguna organización «de cualquier naturaleza» hubiese sido creada en el país por la OTAN y sostenida por la CIA. «Como las informaciones relativas a una operación montada por los servicios secretos ante la hipótesis de una ocupación del país son confidenciales, incluso altamente confidenciales», subrayó el ministro, «me resulta imposible hablar de ellas ante el parlamento danés». Pelle Voigt, que había traído el caso de Gladio al parlamento, hizo notar que «la respuesta del ministro de Defensa era contradictoria y confirmaba indirectamente que Dinamarca también tenía su red clandestina» [30]. Esto dio lugar a una discusión a puertas cerradas en el seno de la Comisión del parlamento danés encargada de controlar la acción de los servicios secretos.

Cuando la prensa de Noruega empezó a interpelar al gobierno sobre el tema del Gladio, la respuesta que recibió fue la más corta que se haya ofrecido nunca sobre ese tema. «Las palabras de Hansen siguen siendo exactas», declaró el vocero del ministerio de Defensa Erik Senstad, refiriéndose así a una intervención del ministro de Defensa Rolf Hansen ante el parlamento, intervención que databa de 1978 y en la que el ministro no tuvo más remedio que reconocer la existencia en Noruega de un ejército secreto, que ya había sido descubierto. El contralmirante Jan Ingebristen, quien había renunciado a su cargo de jefe de la inteligencia militar noruega en 1985, provocó la indignación de la población al justificar el secreto que rodeaba la existencia de aquellos ejércitos. «No hay en ello nada sospechoso. Si esas unidades están destinadas a actuar clandestinamente en territorio ocupado, es un imperativo que se mantengan en secreto» [31].

En Turquía, la élite del poder reaccionó ante el escándalo del Gladio el 3 de diciembre a través del general Dogan Beyazit, presidente del Departamento de Operaciones del ejército turco, y del general Kemal Yilmaz, comandante de las Fuerzas Especiales, quienes confirmaron en la prensa la existencia de un ejército secreto creado por la OTAN y dirigido por el «Departamento de Operaciones Especiales» con la misión de «organizar la resistencia ante la posibilidad de una ocupación comunista» [32].

Mientras los generales trataban de convencer a la opinión de que los miembros del Gladio turco eran todos buenos «patriotas», los periodistas y el ex primer ministro Bulent Ecevit revelaron que el ejército secreto, bautizado contraguerrilla, estaba implicado en actos de tortura, atentados y asesinatos así como en los sucesivos golpes de Estado que habían caracterizado la historia reciente de Turquía. El ejército se negó a responder las preguntas del parlamento y de los ministros civiles y el ministerio de Defensa turco le advirtió a Ecevit que «¡hubiera hecho mejor en cerrar el pico!» [33].

Mientras la contraguerrilla [turca] proseguía varias operaciones, el propio Departamento de Estado estadounidense señalaba en su informe de 1995 sobre los derechos humanos que «fuentes confiables en el seno de organizaciones humanitarias, representantes de la comunidad kurda y kurdos presentes en el lugar afirman que el gobierno autoriza, incluso organiza, el asesinato de civiles». El informe precisaba que «las asociaciones de defensa de derechos humanos refieren una tesis generalizada y creíble según la cual un grupo de contraguerrilla vinculado a las fuerzas de seguridad estuvo cometiendo “matanzas secretas”».

Cuando la periodista [estadounidense] Lucy Komisar trató de extender la investigación a los Estados Unidos descubrió rápidamente que, en cuestión de secretos militares, su propio gobierno no era mucho mejor que los generales turcos. «El Pentágono se negó a decirme si Washington seguía proporcionando fondos o algún tipo de ayuda al Departamento de Operaciones Especiales. En realidad, esquivaron todas mis preguntas sobre ese tema.» Komisar recibió siempre respuestas evasivas: «Los representantes que pude ver me respondieron que no sabían nada o que los hechos eran demasiado recientes como para que hubiese algo en los archivos o que yo estaba describiendo una operación de la CIA sobre la que nada podían decirme». Un historiador del Pentágono le respondió: «Ah, ¿usted quiere hablar de la organización “stay-behind”? ¡Eso es confidencial!» [34].

Pero el problema de la contraguerrilla [turca] no tardó en reaparecer. El 3 de noviembre de 1996, un automóvil negro marca Mercedes chocó con un tractor en una autopista, cerca del apartado pueblo de Susurluk, más de 150 kilómetros al sur de Estambul. Un dirigente de la contraguerrilla turca, un alto responsable de la policía y un miembro del Parlamento resultaron muertos en el accidente. Muchos vieron en ello la prueba concreta de la profunda implicación del gobierno en la guerra sucia de la contraguerrilla y miles de personas salieron a la calle para protestar contra el «Estado de Susurluk» y exigir que se liberara el país «del control de las pandillas».

En enero de 1998, el primer ministro Mesut Ylmaz tuvo que informar ante millones de teleespectadores sobre las conclusiones de los 7 meses de investigación parlamentaria sobre el escándalo de Susurluk. «Esto es la anatomía de un escandaloso caos», comenzó el primer ministro, antes de reconocer que un «escuadrón de la muerte se había mantenido en el seno del Estado» mientras que «todos los órganos del poder tenían conocimiento de la situación» [35].

Como consecuencia de la profusión de revelaciones acusadoras en toda Europa occidental, el escándalo del Gladio fue objeto de debate en el Parlamento Europeo el 22 de noviembre de 1990. La Comunidad Europea se componía en aquel entonces de 12 miembros, y todos se veían afectados por el escándalo [36]. Los 12 habían establecido entre sí una estrecha cooperación y se disponían a instaurar el Mercado Común, que debía garantizar la libre circulación de personas, bienes y servicios y capitales. Sin embargo, las cuestiones de seguridad y de defensa seguían estando en manos de cada uno de los Estados miembros ya que estos seguían siendo soberanos en ambos aspectos.

«Señor presidente, damas y caballeros, una exigencia de orden moral y político se plantea a la nueva Europa que poco a poco estamos construyendo», así abrió el debate aquel día el eurodiputado Falqui. «Esta Europa sólo podrá sobrevivir basándose en la verdad y en la perfecta transparencia de sus instituciones ante las oscuras intrigas contra la democracia que han marcado la historia, incluso la historia reciente, de muchos países europeos.» Subrayó Falqui que no habría «futuro alguno, señoras y señores, si no disipamos ese sentimiento de haber vivido en lo que pudiéramos llamar un doble Estado, abierto y democrático por un lado, por el otro clandestino y reaccionario. Es por ello que tenemos que conocer la naturaleza y el número de redes “Gladio” a las que dieron abrigo los Estados miembros de la Comunidad Europea» [37].

El eurodiputado belga Dury (socialista) compartía aquellas preocupaciones al declarar a sus colegas parlamentarios: «Lo que nos inquieta en el caso Gladio es que tales redes hayan podido existir a espaldas y fuera de todo control de las instituciones políticas democráticas. Ese es, a mi entender, el principal problema subsistente.» Dury concluyó que la historia de los ejércitos secretos debía ser investigada: «Estamos, por nuestra parte, convencidos de la necesidad de arrojar luz sobre todo este asunto para definir todas sus implicaciones y poner fin a los abusos que pudiesen perdurar y afectar a otras organizaciones así como prevenir las posibles tentaciones que pudiesen haberse suscitado».

Según el eurodiputado belga, la investigación tenía que abordar también el papel de la OTAN «aunque en lo tocante a su responsabilidad y la del SHAPE, no creo que se pueda hablar de conspiración», indicó. «Me parece, a pesar de todo, que tenemos que mantenernos especialmente vigilantes y atentos si queremos que se sepa toda la verdad. Bien sabemos que ciertos miembros de Gladio son también miembros de los comités de la OTAN». Y concluyó: «Arrojar luz sobre este tipos de zonas oscuras constituye precisamente la obligación que nos confiere nuestro mandato democrático» [38].

«Señor presidente, el sistema Gladio operó durante 40 años bajo distintos nombres», declaró ante sus colegas el parlamentario griego Ephremidis. «Operó en la clandestinidad y razonablemente podemos atribuirle una responsabilidad en todos los actos de desestabilización, de provocación y de terrorismo cometidos en nuestros países a lo largo de 4 décadas, actos en los que seguramente se encuentra implicado de forma directa o indirecta». Ephremidis denunció enérgicamente la red stay-behind en su conjunto y sobre todo «el hecho que [esa red] haya sido instaurada por la CIA y la OTAN, las cuales –con el pretexto de defender la democracia– pisotearon ésta última y la utilizaron en aras de sus funestos propósitos».

Al aludir de forma implícita al papel que desempeñó el Gladio griego en el golpe de Estado de 1967, señaló indignado el hecho que «la democracia que se supone disfrutamos no ha sido ni es en realidad otra cosa que una fachada» y llamó al Parlamento Europeo a realizar una investigación. «Hay que descubrir cada una de las sutilezas del asunto y, para ello, tenemos que formar una subcomisión investigadora encargada de escuchar a los testigos y de dar a conocer toda la verdad para que se tomen todas las medidas necesarias para liberar por fin nuestros países de esas organizaciones clandestinas» [39].

El parlamentario belga de Donnea (reformador liberal) ofreció, por su parte, una visión muy diferente: «Señor presidente, al término de la Segunda Guerra Mundial, para la mayoría de nuestros Estados estaba plenamente justificada la creación de servicios que tuvieran como misión la preparación de redes de resistencia que pudieran ser activadas en caso de ocupación de nuestro territorio por parte de los ejércitos del Pacto de Varsovia». Este eurodiputado belga subrayó: «Estamos por lo tanto en deuda con todos aquellos que, mientras la guerra fría se prolongaba eternamente, trabajaron en esas redes». Para de Donnea era evidente que los ejércitos secretos tenían que seguir siendo secretos: «Para mantener su eficacia, esas redes tenían necesariamente que mantenerse en la sombra», aunque deseaba de todas maneras que salieran a la luz sus supuestos vínculos con actividades terroristas: «Dicho esto, si existen indicios o fuertes presunciones que permiten suponer que esas redes hayan podido actuar de forma ilegal y anormal en ciertos países, es interés de todos averiguar la verdad y castigar a los culpables» [40].

El diputado flamenco Vandemeulebroucke resumió de manera bastante justa el sentir de numerosos europeos: «Este caso deja un gusto amargo porque se remonta a la creación de la Comunidad Europea y porque pretendemos precisamente instaurar una nueva forma de democracia». Precisó Vandemeulebroucke que era sobre todo el secreto que rodeaba la operación lo que le inquietaba como parlamentario, ya que «los presupuestos de esas organizaciones clandestinas se mantuvieron también en secreto. No se discutieron nunca en ningún parlamento y queremos expresar nuestra inquietud en cuanto al hecho que (…) resulta evidente que existen órganos capaces de tomar decisiones y de hacer que estas se apliquen sin verse sometidos a ningún tipo de control democrático».

El diputado holandés concluyó: «Quiero protestar más enérgicamente aun contra el hecho que el ejército americano, ya sea a través del SHAPE, de la OTAN o de la CIA, se arrogue el derecho de interferir en nuestra democracia». Reconoció después que el asunto no entraba dentro del campo de competencia del Parlamento Europeo. «Estoy perfectamente conciente de que no somos competentes en materia de seguridad y de mantenimiento de la paz», explicó. «Es por eso que la resolución votada pide la creación de una comisión investigadora parlamentaria en cada uno de los 12 Estados miembros para se sepa la verdad» [41].

Como consecuencia de los debates, el Parlamento Europeo decidió adoptar una resolución sobre el caso Gladio. La resolución contenía una enérgica denuncia del fenómeno y, en su preámbulo, intentaba describir la operación a través de 7 puntos:

1. «Considerando que varios gobiernos europeos han revelado la existencia desde hace 40 años y en varios Estados miembros de la Comunidad de una organización que realiza operaciones armadas y de inteligencia paralela»;

2. «Considerando que durante estos 40 años esa organización escapó a todo control democrático y fue dirigida por los servicios secretos de los Estados interesados en colaboración con la OTAN»;

3. «Temiendo que tales redes hayan podido interferir ilegalmente en los asuntos políticos internos de los Estados miembros o que sigan teniendo la capacidad de hacerlo»;

4. «Considerando que en ciertos Estados miembros los servicios secretos militares (o elementos incontrolables en el seno de esos servicios) han estado implicados en graves actos de terrorismo y criminales como se ha probado mediante diversas investigaciones judiciales»;

5. «Considerando que esas organizaciones actuaron y siguen actuando fuera de todo marco legal, no están sometidas a ningún control parlamentario y, en la mayor parte de los casos, sin que sean informados los más altos responsables del gobierno y los garantes de la Constitución»;

6. «Considerando que las diferentes organizaciones “Gladio” disponen de sus propios arsenales y equipamientos militares que les garantizan una fuerza de ataque desconocida, constituyendo así una amenaza para las estructuras democráticas de los países en los que operan y han operado»;

7. «Profundamente preocupado ante la existencia de órganos de decisión y de ejecución fuera de todo control democrático y de naturaleza totalmente clandestina, en momentos en que un fortalecimiento de la cooperación comunitaria en materia de seguridad está siendo el centro de todos los debates».

Después de aquel preámbulo, la resolución condenaba, en primer lugar, «la creación clandestina de redes de acción y de manipulación y [llamaba] a abrir una profunda investigación sobre la naturaleza, la estructura, los objetivos y todo otro aspecto de esas organizaciones secretas o de todo grupo disidente, sobre su utilización como forma de injerencia en los asuntos políticos internos de los países interesados, sobre el problema del terrorismo en Europa y sobre la posible complicidad de los servicios secretos de los Estados miembros o de terceros países».

En segundo lugar, la Unión Europea protestaba «enérgicamente contra el derecho que sean arrogado ciertos responsables del ejército estadounidense que trabajan para el SHAPE o para la OTAN a estimular la creación en Europa de una red clandestina de inteligencia y acción».
En un tercer punto, la resolución llamaba a «los gobiernos de los Estados miembros a desmantelar todas las redes militares y paramilitares clandestinas».

Como cuarto punto, la Unión Europea exhortaba «las jurisdicciones de los países en los que la presencia de tales organizaciones militares [estaba] comprobada a determinar con exactitud su composición y su forma de operar y a establecer un listado de todas las acciones que al parecer realizaron con vistas a desestabilizar las estructuras democráticas de los Estados miembros».

La UE reclamaba además que «todos los Estados miembros tomen las medidas necesarias, de ser necesario mediante la nominación de comisiones parlamentarias de investigación, con el fin de hacer un listado exhaustivo de las organizaciones secretas en ese contexto y, al mismo tiempo, de controlar sus vínculos con sus respectivos servicios de inteligencia y, de ser el caso, con grupos terroristas y/u otras prácticas ilegales».

El sexto punto de la resolución estaba dirigido al Consejo de Ministros de la Unión Europea, muy especialmente a los ministros de Defensa, y lo llamaba a «proporcionar toda la información sobre las actividades de esas servicios clandestinos de inteligencia y de acción».

En el séptimo punto, el Parlamento Europeo pedía «a su comisión competente que escuchara testigos con el fin de aclarar el papel y el impacto de la organización “GLADIO” y de otras redes similares».
Como último punto, aunque no menos importante, y aludiendo explícitamente a la OTAN y a los Estados Unidos, el Parlamento Europeo «[ordenaba] a su presidente transmitir la presente resolución a la Comisión del Consejo de Europa, al secretario general de la OTAN, a los gobiernos de los Estados miembros y al gobierno de los Estados Unidos» [42].

Mucho ruido para nada. Ni una sola de las 8 medidas que exigía el Parlamento Europeo se ejecutó debidamente. Bélgica, Italia y Suiza fueron los únicos países que nombraron cada uno una comisión investigadora parlamentaria y presentaron un informe público sustancial y detallado.

Y, aunque la resolución se puso en conocimiento de los servicios interesados de la Unión Europea, la OTAN y el gobierno estadounidense, ni el secretario general de la OTAN Manfred Worner, ni el presidente de los Estados Unidos George Bush padre apoyaron la apertura de una investigación exhaustiva u ofrecieron explicaciones públicas.


(Continuará)

NOTAS

[1] La coalición se componía de Kuwait, Estados Unidos, Arabia Saudita, Gran Bretaña, Francia, Holanda, Egipto, Omán, Siria, Qatar, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Israel, Afganistán, Bangla Desh, Canadá, Bélgica, Checoslovaquia, Alemania, Honduras, Italia, Níger, Rumania y Corea del Sur. El 29 de noviembre de 1990, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la resolución 678 que autorizaba a los aliados de Kuwait a hacer uso, al término del plazo fijado en el ultimátum, de «todos los medios necesarios (…) con el fin de restaurar la paz mundial y la estabilidad internacional en la región», si Irak no se retiraba de Kuwait antes del 15 de enero de 1991. Al no respetar Sadam Husein el ultimátum de la ONU, la operación Tormenta del Desierto, bajo el mando de los Estados Unidos, comenzó el 17 de enero de 1991 con una serie de bombardeos aéreos masivos, seguidos el 24 de enero por el comienzo de la invasión por fuerzas terrestres. Las fuerzas iraquíes fueron rápidamente derrotadas y la capital de Kuwait fue liberada el 27 de febrero. Al día siguiente, la coalición anunciaba el fin de los combates. Las cifras estimadas de soldados muertos son de 100 000 entre las fuerzas iraquíes y sólo 370 en las filas de la coalición. El 3 de marzo de 1991, Irak aceptó un cese del fuego y Sadam Husein se mantuvo en el poder.

[2] Leo Muller, Gladio. Das Erbe des Kalten Krieges. Der NATO Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hamburgo, 1991), p.27.

[3] Sin autor determinado, «Spinne unterm Schafsfell. In Südeuropa war die Guerillatruppe besonders aktiv – auch bei den Militärputschen in Griechenland und der Türkei?» publicado en el semanario informativo alemán Der Spiegel, n°48, 26 de noviembre de 1990.

[4] Presse- und Informationsamt der Bundesregierung. Pressemitteilung n°455/90, de Hans Klein, 14 de noviembre de 1990. Ver también Muller, Gladio, p.30.

[5] Sin autor determinado, «Das blutige Schwert der CIA. Nachrichten aus dem Kalten Krieg : In ganz Europa gibt es geheime NATO Kommandos, die dem Feind aus dem Osten widerstehen sollen. Kanzler, Verteidigungsminister und Bundeswehrgenerale wussten angeblich von nichts. Die Spuren führen nach Pullach, zur ‘stay-behind organisation’ des Bundesnachrichtendienstes» publicado en el semanario informativo alemán Der Spiegel, 19 de noviembre de 1990.

[6] Fragmento de Muller, Gladio, p.14.

[7] ] Ibid., p.75.

[8] Der Spiegel del 19 de noviembre de 1990, op. cit.

[9] Fragmento de Jan Willems, Gladio (Editions EPO, Bruxelles, 1991), p.13.

[10] Willems, Gladio, p.13.

[11] Sénat de Belgique : Enquête parlementaire sur l’existence en Belgique d’un réseau de renseignement clandestin international [Senado de Bélgica: Investigación parlamentaria sobre la existencia en Bélgica de una red clandestina internacional de inteligencia]. Informe presentado por los señores Erdman y Hasquein a nombre de la comisión investigadora. Bruselas, 1º de octubre de 1991.

[12] Sénat de Belgique : Enquête parlementaire sur l’existence en Belgique d’un réseau de renseignement clandestin international [Senado de Bélgica: Investigación parlamentaria sobre la existencia en Bélgica de una red clandestina internacional de inteligencia]. Informe presentado por los señores Erdman y Hasquein a nombre de la comisión investigadora. Bruselas, 1º de octubre de 1991.

[13] Agencia internacional de prensa Associated Press, 11 de noviembre de 1990.

[14] Muller, Gladio, p.30.

[15] Diario francés Le Monde del 13 de noviembre de 1990 («Les suites de l’affaire "Gladio" Le président de la République, M. Cossiga, est prêt à donner "toute information opportune"»). Ver también el semanario suizo Wochenzeitung del 14 de diciembre de 1990.

[16] Jean-Francois Brozzu-Gentile, L’affaire Gladio: Les réseaux secrets américains au coeur du terrorisme en Europe (Editions Albin Michel, Paris, 1994), p.140.

[17] Diario francés Le Monde del 14 de noviembre de 1990. Agencia de prensa internacional Reuters, 12 de noviembre de 1990. Diario británico The Guardian del 14 de noviembre de 1990 «Nato’s secret network ’also operated in France’».

[18] Gentile, Gladio, p.141.

[19] Diario británico The Guardian del 14 de noviembre de 1990.

[20] Richard Norton Taylor, «Secret Italian unit ‘trained in Britain’» en el diario británico The Guardian del 17 de noviembre de 1990.

[21] Whitehall es la avenida londinense donde se encuentran las sedes de los principales ministerios. Generalmente se menciona para referirse al Foreign Office [el ministerio británico de Relaciones Exteriores].

[22] Hugh O’Shaughnessy, Gladio: «Europe’s best kept secret». Se suponía que estos agentes se quedarían tras las líneas enemigas si el Ejército Rojo invadía Europa occidental. Pero esa red, instaurada con las mejores intenciones, degeneró en algunos países convirtiéndose en instrumento del terrorismo y de la agitación política de extrema derecha. Diario británico The Observer, 7 de junio de 1992.

[23] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990. El texto íntegro de la carta de Lubber al parlamento se publicó en neerlandés en el diario NRC Handelsblatt, edición del 14 de noviembre de 1990 bajo el título «Brief premier Lubbers “geheime organisatie” ». También aparece con la identificación Kamerstuk N°21895 en los archivos del parlamento de Holanda.

[24] internacional de prensa Associated Press, 14 novembre 1990.

[25] La retranscripción íntegra se publicó en el Luxemburger Wort el 15 de noviembre de 1990.

[26] Diario británico The Guardian, 10 de noviembre de 1990.

[27] Diario portugués Diario De Noticias, 17 de noviembre de 1990.

[28] Joao Paulo Guerra, «‘Gladio’ actuou em Portugal» en el diario portugués O Jornal, 16 de noviembre de 1990.

[29] «Calvo Sotelo asegura que España no fue informada, cuando entró en la OTAN, de la existencia de Gladio. Moran sostiene que no oyó hablar de la red clandestina mientras fue ministro de Exteriores», diario español El País, 21 de noviembre de 1990.

[30] Diario danés Berlingske Tidende, 25 de noviembre de 1990.

[31] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.

[32] Serdar Celik, «Turkey’s Killing Machine: The Contra Guerrilla Force», Kurdistan Report, febrero-marzo de 1994. La fuente es una entrevista con el jefe del Estado Mayor Dogan Gures publicada en el diario turco Milliyet el 5 de septiembre de 1992.

[33] Lucy Komisar, «Turkey’s terrorists: A CIA legacy lives on» en The Progressive, abril de 1997.

[34] Ibid.

[35] Hugh Pope, «Turkey Promoted Death Squads and Drug Trafficking. Prime Minister’s Probe of 1996 Car Crash Scandal Excoriates Rival Mrs Ciller» en el diario estadounidense Wall Street Journal, 26 de enero de 1998.

[36] En 1990, los países miembros de la Unión Europea eran Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Irlanda, Gran Bretaña, Grecia, España y Portugal.

[37] Debates del Parlamento Europeo, 22 de noviembre de 1990. Retranscripciones oficiales.

[38] Ibid.

[39] Ibid.

[40] Ibid.

[41] Ibid.

[42] Resolución del Parlamento Europeo sobre el caso Gladio, 22 de noviembre de 1990.

http://www.voltairenet.org/article163084.html

sábado 12 de diciembre de 2009

Los ejércitos secretos de la OTAN (I) Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia de Gladio…

por Daniele Ganser *

La Red Voltaire emprende la publicación seriada de la obra de referencia sobre la actividad de los servicios secretos de la OTAN desde la creación de la alianza atlántica hasta los años 1990. A pesar de ser un trabajo de historiador, esta investigación sobre Gladio es mucho más que un simple tema histórico ya que está íntimamente ligada a nuestra vida diaria. Esa estructura secreta sigue estando activa y los Estados europeos se mantienen aún bajo el tutelaje anglosajón, como lo demuestran las investigaciones parlamentarias sobre los secuestros perpetrados por la CIA desde el año 2001. La comprensión de la política en Europa se hace imposible sin un conocimiento preciso de las redes «Stay-Behind». Esta primera entrega relata el descubrimiento de Gladio por parte de los magistrados italianos a finales de los años 80.

Las ruinas de la estación ferroviaria de Bolonia después del atentado perpetrado por los terroristas de la OTAN (1980).

El 31 de mayo de 1972, un auto-bomba estalló en un bosque cercano al pueblo llamado Peteano, en Italia, dejando un herido grave y un muerto entre los carabineros, la policía uniformada italiana. Los carabineros habían llegado al lugar después de recibir una llamada telefónica anónima. Al inspeccionar un auto Fiat 500 allí abandonado, uno de los carabineros levantó el capó, provocando así la explosión.

Dos días después, una nueva llamada telefónica anónima reclamaba la autoría del atentado en nombre de las Brigadas Rojas, grupúsculo terrorista que trataba en aquel entonces de romper el equilibrio del poder en Italia mediante la realización de tomas de rehenes y de asesinatos de altos personajes del Estado. La policía se volvió inmediatamente hacia la izquierda italiana y encarceló a cerca de 200 comunistas. Durante más de 10 años, los italianos vivieron convencidos de que el acto terrorista de Peteano había sido obra de las Brigadas Rojas.

Posteriormente, en 1984, Felice Casson, un juez italiano, decidió reabrir el caso ya que le intrigaban toda una serie de irregularidades y falsificaciones cometidas alrededor del drama de Peteano. El juez Felice Casson descubrió que la policía no había investigado el lugar de los hechos. También notó que el informe que había concluido en aquel entonces que los explosivos utilizados eran los mismos que utilizaban tradicionalmente las Brigadas Rojas era en realidad una falsificación.

Marco Morin, un experto en explosivos de la policía italiana, había proporcionado deliberadamente conclusiones falsas. Morin era miembro de la organización italiana de extrema derecha «Ordine Nuovo» y, en el contexto de guerra fría, había aportado así su contribución a lo que él consideraba una lucha legítima contra la influencia de los comunistas italianos. El juez Casson logró probar que, al contrario de lo que había concluido Morin, el explosivo utilizado en Peteano era el C4, la sustancia explosiva más poderosa de aquel entonces y que también formaba parte del arsenal de las fuerzas de la OTAN.

«Simplemente quise arrojar una nueva luz sobre años de mentiras y secretos. Eso es todo», declaró posteriormente el juez Casson a los periodistas que lo interrogaban en su minúscula oficina del palacio de justicia, junto a la laguna de Venecia. «Quería que, por una vez, los italianos supieran la verdad.» [1]

El 24 de febrero de 1972, cerca de Trieste, un grupo de carabineros descubre por casualidad un escondite de armas lleno de municiones, armas y explosivo del tipo C4, idéntico al utilizado en Peteano. Los policías estaban convencidos de haber descubierto una red criminal. Años más tarde, la investigación del juez Casson permitió determinar que se trataba en realidad de uno de los cientos de escondites subterráneos creados por el ejército secreto del llamado stay-behind, estructura que responde a las órdenes de la OTAN y que se conoce en Italia por la apelación codificada de Gladio (del latín Gladius, denominación de la espada corta en uso en la Roma de la antigüedad). Casson notó que los servicios secretos del ejército italiano y el gobierno de aquella época se habían esforzado considerablemente por mantener en secreto el descubrimiento de Trieste así como su contexto estratégico.

Al proseguir su investigación sobre los extraños casos de Peteano y Trieste, el magistrado descubrió con asombro, no la mano de la izquierda italiana sino la de los grupúsculos de extrema derecha y de los servicios secretos del ejército tras el atentado de 1972. La investigación del juez reveló la existencia de una estrecha colaboración entre la organización de extrema derecha Ordine Nuovo y el SID (Servizio Informazioni Difusa), o sea los servicios secretos del ejército italiano. Ordine Nuovo y el SID habían preparado juntos el atentado de Peteano, y luego habían acusado a los militantes de la extrema izquierda italiana, las Brigadas Rojas.

Casson logró identificar al hombre que había puesto la bomba, un tal Vincenzo Vinciguerra, miembro de Ordine Nuovo. Como era el eslabón final de una larga cadena de mando, Vinciguerra sólo fue arrestado varios años después del momento de los hechos. Confesó y declaró que había gozado de la protección de toda una red de simpatizantes, tanto en Italia como en el extranjero, que habían hecho posible su huida después del atentado. «Es todo un mecanismo que se puso en marcha», contó Vinciguerra. «Lo cual quiere decir que desde los carabineros hasta el ministro del Interior, pasando por la aduana y los servicios de inteligencia civiles y militares, todos habían aceptado el razonamiento ideológico justificaba al atentado.» [2]

Vinciguerra subrayaba, con toda razón, el agitado contexto histórico en que se había producido el atentado de Peteano. A fines de los años 1960, con el surgimiento de la revolución pacifista y los movimientos estudiantiles de protesta contra la violencia y contra la guerra de Vietnam en particular, el enfrentamiento ideológico entre la derecha y la izquierda se había intensificado, tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos.

La inmensa mayoría de los ciudadanos comprometidos con los movimientos sociales de izquierda recurrían a formas de protesta no violentas, como manifestaciones, actos de desobediencia civil y, sobre todo, debates con moderadores. En el seno del parlamento italiano, el poderoso Partido Comunista (Partito Communisto Italiano, PCI) y en menor medida el Partido Socialista (Partito Socialisto Italiano, PSI) simpatizaban con ese movimiento.

Los movimientos sociales de izquierda se oponían a la política de los Estados Unidos, a la guerra de Vietnam y sobre todo a la repartición del poder en Italia ya que, a pesar de disponer de una importante mayoría en el parlamento, el PCI no había recibido ningún ministerio y se le mantenía así al margen del gobierno. La derecha italiana estaba perfectamente conciente de que aquello constituía una injusticia flagrante y una violación de los principios básicos de la democracia.

Fue en aquel contexto de guerra fría y de lucha por el poder que los extremistas recurrieron al terrorismo en Europa Occidental. A la extrema izquierda, los grupos terroristas más notorios fueron los comunistas italianos de las Brigadas Rojas así como la Rote Armee Fraktion alemana o RAF (Fracción Ejército Rojo). Fundadas por varios estudiantes de la universidad de Trento que no tenían ningún conocimiento en cuanto a técnicas de combate, las Brigadas Rojas contaban entre sus miembros a Margherita Cagol, Alberto Franceschini y Alberto Curcio.

Al igual que los miembros de la RAF, éstos estaban convencidos de la necesidad de recurrir a la violencia para cambiar la estructura del poder vigente, que les parecía injusto y corrupto. Al igual que las acciones de la RAF, las de las Brigadas Rojas no tenían como blanco a la población civil sino a determinados individuos que consideraban representantes del «aparato del Estado», como banqueros, generales y ministros, a los que secuestraban y a menudo asesinaban. Las acciones de las Brigadas Rojas, que tuvieron lugar principalmente en la Italia de los años 1970, dejaron 75 muertos.

Debido a su poca capacidad estratégica y militar y a su inexperiencia, los miembros de las Brigadas Rojas acabaron siendo arrestados mediante redadas, y posteriormente juzgados y encarcelados.
Al otro extremo del tablero político de la guerra fría, la extrema derecha también recurrió a la violencia. En Italia, su red incluía a los soldados clandestinos del Gladio, los servicios secretos militares y organizaciones fascistas como Ordine Nuovo. Al contrario del que practicaba la izquierda, el objetivo del terrorismo de derecha era sembrar el terror en todas las capas de la sociedad mediante atentados dirigidos contra grandes multitudes y destinados a provocar la mayor cantidad posible de muertos para acusar posteriormente a los comunistas.

El juez Casson logró determinar que el drama de Peteano formaba parte de ese esquema y entraba en el marco de una serie de crímenes que había comenzado en 1969. Durante aquel año 4 bombas habían estallado poco antes de la Navidad en varios lugares públicos de Roma y Milán. El saldo había sido de 16 muertos y 80 heridos, en su mayoría campesinos que iban a depositar en el Banco Agrícola de la Piazza Fontana de Milán lo que habían recaudado en el día a través de sus ventas en el mercado. Conforme a una estrategia maquiavélica, la responsabilidad de aquella masacre fue atribuida a los comunistas y a la extrema izquierda, se escamotearon las pistas y se realizó inmediatamente una ola de arrestos.

La población en su conjunto tenía muy pocas posibilidades de descubrir la verdad ya que los servicios secretos militares se esforzaron por enmascarar el crimen. En Milán, una de las bombas no había llegado a estallar, debido al mal funcionamiento del mecanismo de relojería, pero en los primeros actos de disimulación, los servicios secretos la hicieron estallar en el lugar de los hechos y varios componentes de artefactos explosivos fueron depositados en la casa de Giangiacomo Feltrinelli, célebre editor conocido por sus opiniones de izquierda. [3]

«Según las estadísticas oficiales, entre el 1º de enero de 1969 y el 31 de diciembre de 1987 se registraron 14 591 actos de violencia con motivos políticos», afirma el senador Giovanni Pellegrino, presidente de la Comisión Investigadora Parlamentaria sobre Gladio y el terrorismo, al recordar la violencia del contexto político de aquel periodo de la historia reciente de Italia. «Quizás no resulta inútil recordar que aquellas “acciones” causaron la muerte a 491 personas así como heridas y mutilaciones a otras 1 181.

Cifras dignas de una guerra, sin parangón en Europa.» [4] Después de los atentados de la Piazza Fontana, en 1969, y de Peteano, en 1972, otros actos de terrorismo volvieron a ensangrentar el país. El 28 de mayo de 1974, en Brescia, una bomba dejó 8 muertos y 102 heridos entre los participantes en una manifestación antifascista. El 4 de agosto de 1974, un atentado a bordo del tren «Italicus Express», que enlaza Roma con Munich, mató a 12 personas e hirió a 48. El punto culminante de aquella ola de violencia se produjo en una soleada tarde, el 2 de agosto de 1980, en el día de la fiesta nacional de Italia, cuando una explosión de gran potencia devastó el salón de espera de los pasajeros de segunda clase en la estación de trenes de Bolonia, matando a 85 personas e hiriendo o mutilando a otras 200. La masacre de Bolonia es uno de los mayores atentados terroristas que haya sufrido Europa en todo el siglo 20 [5].

Contrariamente a los miembros de las Brigadas Rojas, que acabaron todos en la cárcel, los terroristas de extrema derecha lograron escapar después de cada atentado ya que, como señala Vinciguerra con toda razón, todos gozaron de la protección del aparato de seguridad y de los servicios secretos del ejército italiano. Años más tarde, cuando al fin se estableció el vínculo entre el atentado de la Piazza Fontana y la derecha italiana, se le preguntó a Franco Freda, miembro de Ordine Nuovo, si al cabo del tiempo creía haber sido manipulado por personajes que ocupaban altos cargos, generales o ministros.

Freda, admirador declarado de Hitler, que había publicado Mein Kampf en italiano gracias a su pequeña estructura personal de edición, respondió que, según sus conceptos, todo el mundo es más o menos manipulado: «Todos somos manipulados por otros más poderosos que nosotros», declaró el terrorista. «En lo que me concierne, admito haber sido una marioneta movida por ideas pero en ningún caso por los hombres de los servicios secretos, ni aquí [en Italia] ni en el extranjero. En otros términos, yo mismo escogí mi lucha y la desarrollé según mis ideas. Eso es todo.» [6]

En marzo de 2001, el general Giandelio Maletti, ex jefe del contraespionaje italiano, dejó entrever que además de la de la red clandestina Gladio, de los servicios secretos militares italianos y de un grupúsculo de terroristas de extrema derecha, las matanzas que desacreditaron a los comunistas italianos recibieron también la aprobación de la Casa Blanca y de la CIA. Al comparecer como testigo en el juicio contra los terroristas de extrema derecha acusados de estar implicados en los atentados de la Piazza Fontana, Maletti declaró: «La CIA, siguiendo las directivas de su gobierno, quería crear un nacionalismo italiano capaz de obstaculizar lo que consideraba un deslizamiento hacia la izquierda y, con ese objetivo, pudo utilizar el terrorismo de extrema derecha.» (…) «Uno tenía la impresión de que los americanos estaban dispuestos a todo para impedir que Italia se inclinara hacia la izquierda», explicó el general, antes de agregar: «No olviden que era Nixon quien estaba a la cabeza del gobierno y Nixon no era un tipo cualquiera, [era] un político muy hábil pero un hombre de métodos poco ortodoxos.» Retrospectivamente, el general de 79 años expresó críticas y amargura: «Italia fue tratada como una especie de protectorado. Me avergüenza que todavía estemos siendo objeto de un control especial.» [7]

Durante las décadas de 1970 y 1980, el parlamento italiano, en cuyo seno los partidos comunista y socialista ostentaban una parte importante del poder, manifestó creciente inquietud ante aquella ola visiblemente interminable de crímenes que ensangrentaban el país sin que se lograra identificar a los autores ni a quienes los ordenaban.

Aunque ya en aquel entonces circulaban entre la izquierda italiana los rumores de que aquellos misteriosos actos de violencia eran una forma de guerra secreta que Estados Unidos había desencadenado contra los comunistas italianos, no existían pruebas que permitiesen probar aquella teoría que parecía traída por los pelos. Sin embargo, en 1988 el Senado italiano creo una comisión parlamentaria especial de investigación presidida por el senador Libero Gualteri, comisión cuyo nombre era más que elocuente: «Comisión parlamentaria del Senado italiano encargada de investigar sobre el terrorismo en Italia y las razones por las cuales los individuos responsables de las matanzas no han podido ser identificados: El terrorismo, los atentados y el contexto político-histórico.» [8]

El trabajo de la comisión resultó extremadamente difícil. Los testigos se negaban a declarar. Hubo documentos destruidos. La propia comisión, que se componía de representantes de los partidos de izquierda y de derecha, se dividió al abordar la cuestión de la verdad histórica en Italia y en lo tocante a las conclusiones que debían ser o no reveladas al público.

El juez Felice Casson revela la existencia de una red clandestina creada por la OTAN. Oficialmente creada para proteger a los Estados miembros, la OTAN es en realidad un protectorado anglosajón. Washington y Londres no vacilaron en ordenar atentados terroristas en Italia para falsear el juego de la democracia.

Al mismo tiempo, basándose en el testimonio de Vincenzo Vinciguerra –el terrorista de Peteano– y en los documentos que había descubierto, el juez Casson comienza a entrever la naturaleza de la compleja estrategia militar que se había utilizado. Comprende poco a poco que no se trataba simplemente de terrorismo sino de terrorismo de Estado, financiado con el dinero de los contribuyentes. Obedeciendo a una «estrategia de la tensión», el objetivo de los atentados era instaurar un clima de tensión en el seno de la población.

La extrema derecha y sus partidarios en el seno de la OTAN temían que los comunistas italianos adquiriesen demasiado poder y es por ello que, en un intento de «desestabilizar para estabilizar», los soldados clandestinos de los ejércitos del Gladio perpetraban aquellos atentados, que atribuían después a la izquierda. «Para los servicios secretos, el atentado de Peteano era parte de lo que se llamó “la estrategia de la tensión” », explicó públicamente el juez Casson en un reportaje de la BBC dedicado al Gladio. «O sea, crear un clima de tensión para estimular en el país las tendencias socio-políticas conservadoras y reaccionarias.

A medida que se aplicaba esta estrategia en el terreno, se hacía necesario proteger a los instigadores ya que comenzaban a aparecer pruebas de su implicación. Los testigos ocultaban ciertas informaciones para proteger a los extremistas de derecha.» [9] Vinciguerra, un terrorista que, al igual que otros que habían estado en contacto con la rama Gladio de los servicios secretos militares italianos, fue muerto por causa de sus convicciones políticas, declaró: «Había que actuar contra los civiles, contra la gente del pueblo, contra las mujeres, los inocentes, los anónimos desvinculados de todo juego político. La razón era muy simple. Se suponía que tenían que forzar a aquella gente, al pueblo italiano, a recurrir al Estado para pedir más seguridad. A esa lógica política obedecían todos esos asesinatos y todos esos atentados que siguen sin castigo porque el Estado no puede inculparse a sí mismo ni confesar su responsabilidad en lo sucedido.» [10]

El horror de ese diabólico plan sólo va apareciendo, sin embargo, de forma progresiva y quedan aún muchos secretos por revelar hoy en día. Además, el paradero de todos los documentos originales sigue siendo desconocido. «Después del atentado de Peteano y de todos los demás que siguieron», declaró Vinciguerra en el juicio que se hizo en su contra, en 1984, «nadie debiera dudar ya de la existencia de una estructura activa y clandestina, capaz de elaborar en la sombra ese tipo de estrategia de matanzas». Una estructura que, según el propio Vinciguerra, «está imbricada en los propios órganos del poder.

Existe en Italia una organización paralela a las fuerzas armadas, que se compone de civiles y de militares y de vocación antisoviética, o sea destinada a organizar la resistencia contra una eventual ocupación del suelo italiano por parte del Ejército Rojo.» Sin mencionarlo por su nombre, ese testimonio confirmó la existencia del Gladio, el ejército secreto y stay-behind creado por orden de la OTAN. Vinciguerra lo describió como «una organización secreta, una superorganización que dispone de su propia red de comunicaciones, de explosivos y de hombres entrenados para utilizarlos». El terrorista reveló que esa «superorganización, a falta de invasión soviética, recibió de la OTAN la orden de luchar contra un deslizamiento del poder hacia la izquierda en el país. Y eso fue lo que hicieron, con el apoyo de los servicios secretos del Estado, del poder político y del ejército.» [11]

Más de 20 años han transcurrido desde el revelador testimonio del terrorista arrepentido que, por vez primera en la historia italiana, estableció un vínculo entre la red stay-behind Gladio, la OTAN y los atentados con bombas que enlutaron el país. Y sólo ahora, al cabo de todos estos años, después de la confirmación de la existencia del ejército secreto y del descubrimiento de los escondites de armas y de explosivos, los investigadores e historiadores logran interpretar por fin el sentido de las palabras de Vinciguerra.

Pero, ¿son dignas de crédito las palabras de ese hombre? Los hechos que se produjeron después del juicio parecen indicar que sí. El ejército secreto fue descubierto en 1990 y, como para confirmar indirectamente que Vinciguerra había dicho la verdad, el apoyo del que había gozado hasta aquel entonces por parte de las altas esferas le fue bruscamente retirado. Contrariamente a lo sucedido con otros terroristas de extrema derecha, que habían sido puestos en libertad después de haber colaborado con los servicios secretos italianos, Vinciguerra fue condenado a cadena perpetua. Pero Vinciguerra no fue el primero en revelar la vinculación entre el Gladio, la OTAN y los atentados.

Tampoco fue el primero en hablar de la conspiración del Gladio en Italia. En 1974, durante una investigación sobre el terrorismo de extrema derecha, el juez de instrucción Giovanni Tamburino había sentado un precedente al inculpar al general Vito Miceli, el jefe del SID, los servicios secretos militares italianos, por haber «promovido, instaurado y organizado, con la ayuda de otros cómplices, una asociación secreta que agrupaba civiles y militares y cuyo objetivo era provocar una insurrección armada para modificar ilegalmente la Constitución y la composición del gobierno». [12]

El 17 de noviembre de 1974, durante su propio juicio, el general Miceli, ex responsable del Buró de Seguridad de la OTAN, reveló, furioso, la existencia del ejército Gladio y lo describió como una rama especial del SID: «¿Disponía yo de un superSID a mis órdenes? ¡Por supuesto! Pero no lo monté yo mismo para tratar de dar un golpe de Estado. ¡No hice más que obedecer las órdenes de Estados Unidos y la OTAN!» [13]

Gracias a los sólidos contactos que tenía del otro lado del Atlántico, Miceli no salió malparado. Fue liberado bajo fianza y pasó 6 meses en un hospital militar. Hubo que esperar 16 años más hasta que, bajo la presión de los descubrimientos del juez Casson, el primer ministro italiano Andreotti revelara ante el parlamento italiano la existencia de la red Gladio. Al enterarse, Miceli montó en cólera. Poco antes de su muerte, en octubre de 1990, Miceli no pudo seguir conteniéndose: «¡Yo fui a la cárcel porque me negaba a revelar la existencia de esta superorganización secreta y ahora Andreotti se para delante del parlamento y lo cuenta todo!» [14]

En la cárcel, Vinciguerra, el que había puesto la bomba de Peteano, explicó al juez Casson que, en su misión de debilitamiento de la izquierda italiana, los servicios secretos militares y la red Gladio habían contado con la ayuda no sólo de Ordine Nuovo sino también de otras organizaciones de extrema derecha muy conocidas, como Avanguardia Nazionale: «Detrás de los terroristas había mucha gente que actuaba en la sombra, gente que pertenecía o colaboraba con el aparato de seguridad.

Yo afirmo que todos los atentados perpetrados después de 1969 eran parte de una misma estrategia.» Vinciguerra, miembro de Ordine Nuovo, contó como él mismo y sus camaradas de extrema derecha habían sido reclutados para ejecutar las acciones más sangrientas con el ejército secreto Gladio: «Avanguardia Nazionale, al igual que Ordine Nuovo, eran movilizados en el marco de una estrategia anticomunista que no emanaban de grupúsculos que gravitaban en las esferas del poder sino del poder mismo y que formaba parte de las relaciones de Italia con la alianza atlántica.» [15]

El juez Casson se alarmó ante aquellas revelaciones. Para erradicar la gangrena que carcomía el Estado siguió la pista del misterioso ejército clandestino Gladio que había manipulado la clase política durante la guerra fría y, en enero de 1990, pidió permiso a las más altas autoridades del país para extender sus investigaciones a los archivos de los servicios secretos militares, le Servizio Informazioni Sicurezza Militare (SISMI), nuevo nombre del SID desde 1978.

En julio de aquel mismo año, el primer ministro Giulio Andreotti lo autorizó a consultar los archivos del Palazzo Braschi, sede del SISMI en Roma. El magistrado descubrió allí, por vez primera, documentos que demostraban la existencia en Italia de un ejército secreto cuyo nombre de código era Gladio, que estaba a las órdenes de los servicios secretos militares y cuyo objetivo era la realización de operaciones de guerra clandestina.

Casson encontró también documentos que demostraban la implicación de la alianza militar más grande del mundo, la OTAN, y de la última superpotencia existente, Estados Unidos, en los actos de subversión así como sus vínculos con la red Gladio y con grupúsculos terroristas de extrema derecha en Italia y en toda Europa occidental. Para el juez Casson, el hecho de disponer de tales informaciones representaba un peligro, cosa de la cual él estaba enteramente conciente ya que en el pasado otros magistrados italianos que sabían demasiado habían sido asesinados en plena calle: «Desde julio hasta octubre de 1990, yo fui el único que sabía [de la Operación Gladio], lo cual podía acarrearme una desgracia.» [16]

Pero la temida desgracia no tuvo lugar y Casson logró resolver el misterio. Basándose en los datos que había descubierto se puso en contacto con la comisión parlamentaria que presidía el senador Libero Gualteri, encargada de investigar sobre los atentados terroristas. Gualteri y sus pares se inquietaron ante los descubrimientos que les comunicó el magistrado y reconocieron que había que agregarlos al trabajo de la comisión ya que explicaban el origen de los atentados y las razones por las cuales se habían mantenido impunes durante tantos años. El 2 de agosto de 1990, los senadores ordenaron al jefe del ejecutivo italiano, el primer ministro Giulio Andreotti, «informar en 60 días al parlamento sobre la existencia, la naturaleza y el objetivo de una estructura clandestina y paralela sospechosa de haber operado en el seno de los servicios secretos militares con el fin de influir en la vida política del país». [17]

Al día siguiente, el 3 de agosto, el primer ministro Andreotti se presentó ante la comisión parlamentaria y, por primera vez desde 1945, confirmó, como miembro en funciones del gobierno italiano, que una organización de seguridad que actuaba bajo las órdenes de la OTAN había existido en Italia. Andreotti se comprometió ante los senadores a entregarles un informe escrito sobre aquella organización en un plazo de 60 días: «Presentaré a esta comisión un informe muy detallado que he pedido al ministerio de Defensa. [El informe] tiene que ver con las operaciones preparadas por iniciativa de la OTAN ante la hipótesis de una ofensiva contra Italia y la ocupación de la totalidad del territorio italiano o de una parte del mismo. Según lo que me han indicado los servicios secretos, esas operaciones se desarrollaron hasta 1972. Se decidió entonces que ya no eran indispensables. Proporcionaré a la comisión toda la documentación necesaria, tanto sobre el tema en general como sobre los descubrimientos del juez Casson en el marco de las investigaciones sobre el atentado de Peteano.» [18]

Giulio Andreotti, que tenía 71 años en el momento de la audiencia, no era un testigo cualquiera. Su comparencia ante la comisión le dio la oportunidad de sumergirse nuevamente en su larguísima carrera política, probablemente sin equivalente en Europa occidental. A la cabeza del partido demócrata-cristiano (Democrazia Cristiana Italiana o DCI), que actuó durante toda la guerra fría como baluarte contra el PCI, Andreotti gozaba del apoyo de Estados Unidos. Conoció personalmente a todos los presidentes estadounidenses y, a los ojos de muchos observadores italianos y extranjeros, fue el político más influyente de la Primera República Italiana (1945-1993).


Al cabo de décadas de manipulación de la democracia, Giulio Andreotti recupera la memoria.

A pesar de la poca duración que caracterizó a los gobiernos de la frágil Primera República italiana, la habilidad de Andreotti le permitió mantenerse en el poder gracias a numerosas coaliciones convirtiéndose así en un personaje inevitable en el Palazzo Chigi, la sede del gobierno italiano. Nacido en Roma en 1919, Andreotti se convirtió en ministro del Interior a los 35 años antes de imponer un verdadero record al ocupar 7 veces el sillón de primer ministro y obtener sucesivamente no menos de 21 carteras ministeriales, entre ellas la de ministro de de Relaciones Exteriores, que le fue confiada 7 veces. Sus partidarios lo comparaban con Julio Cesar y lo llamaban el «Divino Giulio» mientras que sus detractores lo veían como el arquetipo del tramposo y lo llamaban «el Tío». Se cuenta que su película de gángsters preferida era Goodfellas, por la frase de Robert De Niro: «No delates nunca a tus socios y evita hablar de más». La mayoría de los observadores están de acuerdo en que fue su talento como estratega lo que permitió que el Divino Giulio lograra sobrevivir a las numerosas fechorías e intrigas del poder en las que muy a menudo estuvo directamente implicado. [19]

Al revelar la existencia de la Operación Gladio y de los ejércitos secretos de la OTAN, «El Tío» había decidido finalmente romper la ley del silencio. Al derrumbarse la Primera República, al final de la guerra fría, el poderoso Andreotti, que no era ya más que un anciano, fue arrastrado ante numerosos tribunales acusado de haber manipulado las instituciones políticas, de haber colaborado con la mafia y de haber ordenado en secreto el asesinato de opositores políticos. «La justicia italiana se ha vuelto loca», exclamó en noviembre de 2002 el primer ministro Silvio Berlusconi cuando la Corte de Apelación de Perugia condenó a Andreotti a 24 años de cárcel.

Mientras que los jueces recibían amenazas de muerte y había que ponerlos bajo protección policial, los canales de televisión interrumpían la transmisión del fútbol para anunciar que Andreotti había sido encontrado culpable de haber encargado al padrino de la mafia Gaetano Badalamenti el asesinato, en 1979, del periodista de investigación Mino Pirelli para evitar que se supiera la verdad sobre el asesinato del presidente de la República Italiana, el demócrata-cristiano Aldo Moro. La iglesia católica trató de salvar la reputación del Divino Giulio. Ante la gravedad de los hechos, el cardenal Fiorenzo Angelini declaró: «Jesucristo también fue crucificado antes de resucitar». A pesar de todo, Andreotti no acabó sus días tras las rejas. Los veredictos en su contra fueron anulados en octubre de 2003 y «El Tío» fue puesto nuevamente en libertad.

Durante sus primeras revelaciones sobre la Operación Gladio ante los senadores italianos, el 3 de agosto de 1990, Andreotti puso especial énfasis en precisar que «esas operaciones prosiguieron hasta 1972» para protegerse a sí mismo de posibles repercusiones. En efecto, en 1974, cuando era ministro de Defensa, el propio Andreotti había declarado oficialmente en el marco de una investigación sobre varios atentados cometidos por la extrema derecha: «Yo afirmo que el jefe de los servicios secretos descartó varias veces de forma explícita la existencia de una organización secreta de cualquier naturaleza o envergadura». [20] En 1978, Andreotti también había prestado testimonio en el mismo sentido ante los jueces que investigaban el atentado perpetrado en Milán por la extrema derecha.

Cuando la prensa italiana reveló que el ejército secreto Gladio, lejos de haber sido disuelto en 1972, seguía estando activo, la mentira de Andreotti no pudo seguir sosteniéndose. Durante las semanas siguientes, en agosto y septiembre de 1990, contrariamente a lo que acostumbraba a hacer, el primer ministro se comunicó profusamente con el extranjero, trató de ponerse en contacto con numerosos embajadores y se entrevistó con ellos. [21] Como el apoyo internacional tardaba en llegar, Andreotti, que temía por su cargo, pasó a la ofensiva y trató de subrayar la importancia del papel de la Casa Blanca y de otros muchos gobiernos de Europa occidental que no sólo habían conspirado en la guerra secreta contra los comunistas sino que habían participado en ella activamente. Al tratar de dirigir la atención hacia la implicación de otros países, Andreotti recurrió a una estrategia eficaz aunque bastante arriesgada.

El 18 de octubre de 1990, Andreotti envió urgentemente un mensajero del Palazzo Chigi a la Piazza San Macuto, donde sesionaba la comisión parlamentaria. El mensajero entregó al secretario de recepción del Palazzo Chigi el informe titulado «Un SID paralelo – El caso Gladio». Un miembro de la comisión parlamentaria, el senador Roberto Ciciomessere, supo por casualidad que el informe de Andreotti había sido entregado y que estaba en manos del secretario del Palazzo Chigi. Al echar un vistazo al texto, el senador quedó grandemente sorprendido al comprobar que Andreotti no se limitaba a proporcionar una descripción de la Operación Gladio sino que, en contradicción con su propia declaración del 3 de agosto, reconocía que la organización seguía estando activa.

El senador Ciciomessere pidió una fotocopia del informe, que le fue denegada con el pretexto que, según el procedimiento en vigor, el presidente de la comisión, el senador Gualtieri, tenía que ser el primero en conocer el contenido del informe. Pero el senador Gualtieri nunca llegó a leer aquella primera versión del informe de Andreotti sobre la red Gladio. Tres días después, cuando iba a guardarlo en su portadocumentos para llevarlo a su casa y leerlo allí durante el fin de semana, Gualtieri recibió una llamada del primer ministro informándole que éste necesitaba inmediatamente el informe «para volver a trabajar algunos pasajes».

Gualtieri sintió cierta incomodidad, pero finalmente aceptó de mala gana devolver el documento al Palazzo Chigi, luego de hacer varias fotocopias del mismo. [22] Los métodos poco habituales a los que recurrió Andreotti provocaron un escándalo en toda Italia y no hicieron más que agravar las sospechas. Los periódicos publicaron titulares como «Operación Giulio», en referencia a la Operación Gladio, y entre 50 000 y 400 000 ciudadanos indignados, inquietos y furiosos participaron, respondiendo al llamado del PCI, en una marcha por el centro de Roma, una de las manifestaciones más importantes de aquel periodo, bajo la consigna «Queremos la verdad». Algunos desfilaron disfrazados de gladiadores. En la Piazza del Popolo, el líder del PCI, Achille Occhetto, anunció a la multitud que aquella marcha obligaría al gobierno a revelar las tenebrosas verdades que había mantenido en secreto durante tantos años: «Estamos aquí para obtener la verdad y transparencia». [23]

El 24 de octubre, el senador Gualteri tuvo de nuevo en su poder el informe de Andreotti sobre el «SID paralelo». Dos páginas habían desaparecido y esta versión final ya no tenía más que 10. El parlamentario la comparó con las fotocopias de la primera versión y notó inmediatamente que varios fragmentos sensibles sobre las conexiones internacionales y la existencia de organizaciones similares en el extranjero habían sido suprimidos. Además, todas las menciones relativas a la organización secreta, que anteriormente aparecían en presente, lo cual sugería que seguían existiendo, aparecían ahora en pasado. Estaba claro que la estrategia de Andreotti consistente en enviar un documento y recuperarlo después para modificarlo antes de reenviarlo de nuevo no podía engañar a nadie.

Los observadores coincidieron en que aquella manobra atraería obligatoriamente la atención hacia los fragmentos eliminados, o sea sobre la dimensión internacional del caso, lo cual tendría como resultado que se disminuyera la culpabilidad del primer ministro. Sin embargo, la ayuda del extranjero no llegó.

En la versión final de su informe, Andreotti explicaba que Gladio había sido concebido en los países miembros de la OTAN como una red clandestina de resistencia destinada a luchar contra una posible invasión soviética. Al terminar la guerra, los servicios secretos del ejército italiano, el Servizio di Informazioni delle Forze Armate (SIFAR), predecesor del SID, había firmado con la CIA «un acuerdo sobre “la organización de la actividad de una red clandestina postinvasión”, acuerdo designado con el nombre de Stay Behind, en el que se renovaban todos los compromisos anteriores que implicaban a Italia y Estados Unidos».

La cooperación entre la CIA y los servicios secretos militares italianos, como precisaba Andreotti en su informe, se encontraba bajo la supervisión y la coordinación de los centros encargados de las operaciones de guerra clandestina de la OTAN: «Una vez que se constituyó esa organización secreta de resistencia, Italia estaba llamada a participar (…) en las tareas del CPC (Clandestine Planning Committee), fundado en 1959, que operaba en el seno del [Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), el cuartel general de las potencias europeas de la OTAN (...); en 1964, los servicios secretos italianos se integraron también al ACC (Allied Clandestine Committee).» [24]

El ejército secreto Gladio, como reveló Andreotti, disponía de considerable armamento. El equipamiento proporcionado por la CIA había sido enterrado en 139 escondites distribuidos en bosques, campos e incluso en iglesias y cementerios. Según las explicaciones del primer ministro italiano, esos arsenales contenían «armas portátiles, municiones, explosivos, granadas de mano, cuchillos, dagas, morteros de 60 mm., fusiles sin retroceso calibre 57, fusiles con mirillas telescópicas, transmisores de radio, prismáticos y otros tipos de equipamiento diverso» [25] Además de las protestas de la prensa y de la población contra las acciones de la CIA y la corrupción del gobierno, las escandalosas revelaciones de Andreotti también dieron lugar a una verdadera fiebre en la búsqueda de escondites de armas.

El padre Giuciano recuerda el día en que los periodistas invadieron su iglesia en busca de los secretos enterrados del Gladio, movidos por intenciones ambiguas: «Me avisaron después del mediodía cuando dos periodistas de Il Gazzettino vinieron a preguntarme si yo sabía algo sobre depósitos de municiones aquí, en la iglesia. Empezaron a cavar en este lugar y rápidamente encontraron dos cajas. Pero el texto indicaba buscar también a unos 30 centímetros de la ventana. Así que retomaron sus excavaciones por allí. Apartaron una de las cajas ya que contenía una bomba de fósforo. Los carabineros salieron mientras que dos expertos abrían la caja. Todavía había otra más, que contenía dos metralletas. Todas las armas estaban nuevas, en perfecto estado. Nunca habían sido utilizadas.» [26]

En contradicción con lo que el terrorista Vinciguerra había indicado en los años 1980, Andreotti afirmaba insistentemente que los servicios secretos militares italianos y los miembros de Gladio no tenían absolutamente nada que ver con la ola de atentados que se había producido en Italia. Según Andreotti, antes de ser reclutado, cada miembro de Gladio era sometido a exámenes intensivos y tenía que «ajustarse rigurosamente» a la ley que regía el funcionamiento de los servicios secretos con el fin de probar su «fidelidad absoluta a los valores de la Constitución republicana antifascista».

El procedimiento tenía también como objetivo garantizar la exclusión de todo aquel que ocupara alguna función administrativa o política. Además, según afirmaba también Andreotti, la ley estipulaba que «los elementos preseleccionados no tuviesen antecedentes penales, no tuviesen ningún compromiso de tipo político y no participaran en ningún tipo de movimiento extremista». Al mismo tiempo, Andreotti señalaba que los miembros de la red no podían declarar ante la justicia y que sus identidades así como otros detalles sobre el ejército secreto eran secreto militar. «La Operación, debido a sus modalidades concretas de organización y de acción –tal y como estaban previstas por las directivas de la OTAN e integradas en su estructura específica– debe prepararse y ejecutarse en el más absoluto secreto.» [27]
Las revelaciones de Andreotti sobre el «SID paralelo» sacudieron Italia. A muchos les costaba aceptar la idea de un ejército secreto dirigido por la CIA y la OTAN en Italia y en el extranjero. ¿Podía ser legal una estructura de ese tipo? El diario italiano La Stampa fue particularmente duro: «Ninguna razón de Estado puede justificar que se mantenga, que se cubra o se defienda una estructura militar secreta compuesta de elementos reclutados en base a criterios ideológicos –dependiente o, como mínimo, bajo la influencia de una potencia extranjera– y que sirva de instrumento para un combate político. No existen, para calificar eso, palabras que no sean alta traición o crimen contra la Constitución.» [28]

En el senado italiano, representantes del Partido Verde, del Partido Comunista y del Partido de los Independientes de Izquierda acusaron al gobierno de haber utilizado las unidades de Gladio para practicar una vigilancia territorial y perpetrar atentados terroristas con el objetivo de condicionar el clima político. Pero el PCI estaba sobre todo convencido de que, desde el comienzo de la guerra fría, el verdadero blanco de la red Gladio no había sido un ejército extranjero sino los propios comunistas italianos. Los observadores subrayaban que «con ese misterioso SID paralelo, fomentado para contrarrestar un imposible golpe de Estado de la izquierda, estuvimos corriendo sobre todo el peligro de vernos expuestos a un golpe de Estado de la derecha (…) No podemos creer eso (…), que ese superSID haya sido aceptado como una herramienta militar destinada a operar “en caso de una ocupación enemiga”. El único verdadero enemigo fue y ha sido siempre el partido comunista italiano, o sea un enemigo interno.» [29]

Decidido a no asumir sólo aquella responsabilidad, el primer ministro Andreotti se presentó ante el parlamento italiano, el mismo día que entregó su informe final sobre Gladio, y declaró: «A cada jefe de gobierno se le informaba la existencia de Gladio». [30] Sumamente embarazosa, esa declaración comprometió entre otros a los ex primeros ministros, como el socialista Bettino Craxi (1983-1987); Giovanni Spadolini del Partido Republicano (1981-1982), entonces presidente del senado; Arnaldo Forlani (1980-1981), quien era en 1990 secretario de la DCI; y Francesco Cossiga (1978-1979), en aquel entonces presidente de la República.

Al verse de pronto en el ojo de la tormenta, debido a las revelaciones de Andreotti, las reacciones de estos altos dignatarios fueron confusas. Craxi afirmaba que nunca se le había informado la existencia de Gladio, hasta que le pusieron delante un documento sobre Gladio firmado de su puño y letra en la época en que él era primer ministro. Spadolini y Forlani sufrieron similares ataques de amnesia, pero también tuvieron que retractarse de sus declaraciones iniciales. Spadolini provocó la hilaridad de todo el mundo al precisar que había que distinguir entre lo que él sabía como ministro de Defensa y lo que le informaban como primer ministro. Francesco Cossiga, presidente de la República desde 1985, fue el único que reconoció plenamente su papel en la conspiración.

Durante una visita oficial en Escocia, anunció que estaba incluso «feliz y orgulloso» de haber contribuido a la creación del ejército secreto como encargado de asuntos de Defensa en el seno de la DCI, en los años 1950. [31] Declaró que todos los miembros de Gladio eran buenos patriotas y se expresó en los siguientes términos: «Yo considero como un gran privilegio y una prueba de confianza (…) el haber sido escogido para esa delicada tarea (…) Tengo que decir que estoy orgulloso de que hayamos podido guardar ese secreto durante 45 años.» [32] Al abrazar así la causa de la organización implicada en actos de terrorismo, el presidente tuvo que enfrentar, a su regreso a Italia, una tempestad política y exigencias de renuncia y de destitución por alta traición provenientes de todos los partidos. El juez Casson tuvo la audacia de llamarlo a comparecer como testigo ante la comisión investigadora del senado.

Pero el presidente, que visiblemente ya no estaba tan «feliz», se negó de forma colérica y amenazó con cerrar toda la investigación parlamentaria sobre Gladio: «Reenviaré al parlamento el acta que extiende sus poderes y, si [el parlamento] la aprueba de nuevo, reexaminaré el texto para determinar si reúne las condiciones para presentar un rechazo [presidencial] definitivo de su promulgación». [33] Como aquella amenaza no tenía ninguna justificación constitucional, los críticos empezaron a cuestionar la salud mental del presidente. Cossiga renunció a la presidencia en abril de 1992, 3 meses antes del término legal de su mandato. [34]

En una alocución pública pronunciada ante el senado italiano el 9 de noviembre de 1990, Andreotti subrayó nuevamente que la OTAN, Estados Unidos y numerosos países de Europa occidental, como Alemania, Grecia, Dinamarca y Bélgica, estaban implicados en la conspiración stay-behind. Como prueba de sus alegaciones, reveladores datos confidenciales fueron entregados a la prensa, la publicación política italiana Panorama divulgó íntegramente el documento El SID paralelo – El caso Gladio, que Andreotti había entregado a la comisión parlamentaria.

Cuando las autoridades francesas trataron de negar su propia implicación en la red internacional Gladio, Andreotti contestó implacablemente que Francia también había participado secretamente en la última reunión del comité director de Gladio, el ACC, que se había desarrollado en Bruselas sólo unas pocas semanas antes, los días 23 y 24 de octubre de 1990, ante lo cual, un poco incómoda, Francia tuvo que reconocer su participación en la operación. A partir de entonces, se hacía imposible desmentir la dimensión internacional de la guerra secreta y el escándalo no tardó en extenderse por toda Europa occidental.

Después, siguiendo las fronteras de los Estados miembros de la OTAN, se propagó rápidamente por Estados Unidos. La comisión del parlamento italiano encargada de investigar sobre Gladio y sobre los atentados perpetrados en su país concluyó: «Aquellas matanzas, aquellas bombas, aquellas operaciones militares fueron organizadas, instigadas o apoyadas por personas que trabajan para las instituciones italianas y, como se descubrió más recientemente, por individuos vinculados a las estructuras de la inteligencia estadounidense». [35]

(Continuará)


Daniele Ganser. Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza

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[1] Diario británico The Observer del día 18 de noviembre de 1990.

[2] Hugh O’Shaughnessy, «Gladio: Europe’s best kept secret». Se suponía que, en caso de que el Ejército Rojo invadiese Europa occidental, aquellos agentes debían permanecer tras las líneas enemigas. Pero en algunos países aquella red, creada con las mejores intenciones, se convirtió en instrumento del terrorismo y de la agitación política de extrema derecha. Diario británico The Observer, 7 de junio de 1992.

[3] Los investigadores Fabrizio Calvi y Frederic Laurent, especializados en servicios secretos, realizaron lo que constituye probablemente el mejor documental sobre el atentado de la Piazza Fontana. Piazza Fontana: Storia di un Complotto se transmitió el 11 de diciembre de 1997, a las 20h50, a través del canal público de televisión Rai Due. Una adaptación al francés, titulada L’Orchestre Noir: La Stratégie de la tension, se transmitió en 2 partes a través del canal de televisión franco-alemán Arte el martes 13 y el miércoles 14 de enero de 1998 a las 20h45. En ese documental, Fabrizio Calvi y Frederic Laurent interrogan a numerosos testigos, incluso a jueces que investigaron el caso durante años, a Guido Salvini y Gerardo D’Ambrosio, a activistas fascistas como Stefano Delle Chiaie, Amos Spiazzi, Guido Giannettini, Vincenzo Vinciguerra y el capitán Labruna, al ex primer ministro italiano Giulio Andreotti así como a Victor Marchetti y Marc Wyatt de la CIA. Este documental puede verse en DailyMotion.

[4] Fragmento del libro de Giovanni Fasanella y Claudio Sestieri con Giovanni Pellegrino: Segreto di Stato. La verità da Gladio al caso Moro (Einaudi Editore, Turin, 2000), introducción.

[5] Sobre este tema, ver: «1980: carnage à Bologne, 85 morts», Réseau Voltaire, 12 de marzo de 2004. Ndlr.

[6] Allan Francovich, Gladio: The Puppeteers. Se trata del segundo documental de una serie de 3 dedicados a Gladio por el realizador Francovich consacrés au Gladio. Transmitido en BBC2 el 17 de junio de 1992. Este documental puede verse en YouTube.

[7] Philip Willan, «Terrorists ‘helped by CIA’ to stop rise of left in Italy», publicado en el diario británico The Guardian el 26 de marzo de 2001. Willan es un especialista en materia de intervenciones secretas de Estados Unidos en Italia. Autor del libro de referencia Puppetmasters. The Political Use of Terrorism in Italy (Constable, Londres, 1991).

[8] Senato della Repubblica Italiana. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabili delle stragi: Il terrorismo, le stragi ed il contesto storico-politico. El informe final fue publicado bajo ese título en 1995.

[9] Programa informativo cotidiano británico Newsnight transmitido por BBC1 el 4 de abril de 1991.

[10] Diario británico The Observer del 7 de junio de 1992.

[11] Ed. Vulliamy, «Secret agents, freemasons, fascists… and a top-level campaign of political ‘destabilisation’: ‘Strategy of tension’ that brought carnage and cover-up» publicado en el diario The Guardian el 5 de diciembre de 1990.

[12] Publicación política británica Statewatch, enero de 1991.

[13] Jean-Francois Brozzu-Gentile, L’Affaire Gladio (Editions Albin Michel, París, 1994), p.105.

[14] Publicación política italiana Europeo del 16 de noviembre de 1990.

[15] Ed. Vulliamy, «Secret agents, freemasons, fascists... and a top-level campaign of political ‘destabilisation’: ‘Strategy of tension’ that brought carnage and cover-up», publicado en el diario británico The Guardian el 5 de diciembre de 1990.

[16] «Spinne unterm Schafsfell. In Südeuropa war die Guerillatruppe besonders aktiv – auch bei den Militärputschen in Griechenland und der Türkei?», publicado sin que se especificara un autor en la revista informativa alemana Der Spiegel, N°48, 26 de noviembre de 1990.

[17] Mario Coglitore (ed.), La Notte dei Gladiatori. Omissioni e silenzi della Repubblica (Calcusca Edizioni, Padua, 1992), p.131.

[18] Fragmento de Coglitore, Gladiatori, p.132.

[19] Ver la notable biografía de Andreotti por Regine Igel, Andreotti. Politik zwischen Geheimdienst und Mafia (Herbig Verlag, Munich,1997).

[20] Diario británico The Guardian, 5 de diciembre de 1990.

[21] Leo Muller, Gladio – das Erbe des Kalten Krieges. Der Nato-Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hamburgo, 1991), p.26.

[22] Para un recuento detallado de los hechos, ver los diarios italianos La Repubblica, Corriere della Sera y La Stampa del 24 de octubre de 1990.

[23] «50 000 seek truth about secret team», publicado sin autor específico en el diario canadiense The Toronto Star, 18 de noviembre de 1990.

[24] Franco Ferraresi, «A secret structure codenamed Gladio» en Italian Politics. A Review, 1992, p.30. Ferraresi cita directamente el documento que Andreotti envió a la comisión parlamentaria. El diario italiano L’Unita publicó la primera y la segunda versión del documento de Andreotti en una edición especial el 14 de noviembre de 1990. La traducción íntegra esta disponible en el sitio de la Red Voltaire.

[25] Ferraresi, Gladio, p.30, citas del documento de Andreotti.

[26] El padre Giuciano da su testimonio frente a la iglesia en el documental de Allan Francovich, Gladio: The Puppeteers. Segundo documental de una serie de tres que Francovich dedicó a Gladio, transmitido por BBC2 el 17 de junio de 1992.

[27] Ferraresi, Gladio, p.31, citas del documento de Andreotti.

[28] Citado por Ferraresi, Gladio, p.31.

[29] Norberto Bobbio citado por Ferraresi, Gladio, p.32.

[30] Muller, Gladio, p.27.

[31] Diario británico The Observer, 18 de noviembre de 1990.

[32] Agencia de prensa Reuters, 12 de noviembre de 1990.

[33] Ferraresi, Gladio, p.32.

[34] The Economist, 30 de marzo de 1991.

[35] «Senato della Repubblica. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabiliy delle stragi: Stragi e terrorismo in Italia dal dopoguerra al 1974. Relazione del Gruppo Democratici di Sinistra l’Ulivo. Roma junio de 2000». Philip Willan: «US ‘supported anti-left terror in Italy’. Report claims Washington used a strategy of tension in the cold war to stabilise the centre-right», publicado en el diario británico The Guardian, 24 de junio de 2000.

FUENTE:
http://www.voltairenet.org/article163083.html

lunes 16 de noviembre de 2009

Stay behind: como controlar las democracias. Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia

Stay behind: como controlar las democracias
Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia
por Thierry Meyssan*

Encargados de instruir el caso del accidente del avión militar secreto que se estrelló en 1973 en Maghera (Irlanda del Norte) así como el atentado del coche bomba en la ciudad de Paetano (Italia), los jueces venecianos Felice Casson y Carlo Mastelloni recopilan testimonios y documentos que les permitirá de demostrar convincentemente que un gobierno secreto controló Italia desde la sombra y al margen de las instituciones oficiales.

Encargados de instruir el caso del accidente del avión militar secreto que se estrelló en 1973 en la ciudad de Maghera así como el atentado del coche bomba en la ciudad de Paetano (Italia), los jueces venecianos Felice Casson y Carlo Mastelloni recopilan testimonios y documentos que les permitirá de demostrar convincentemente que un gobierno secreto controló Italia desde la sombra y al margen de las instituciones oficiales.

Mientras que los jueces convocaban en su oficina a diferentes dirigentes políticos del país, el presidente del Concejo italiano de esa entonces, Giulio Andreotti, lanzaba públicamente el 27 de octubre 1990 «una bomba», un comunicado oficial donde autentificaba la existencia de una tal superestructura: el Gladio.


A la izquierda: Felice Casson uno de los jueces italianos encargados de investigar el caso Gladio. A la derecha: Giulio Andreotti actual presidente del parlamento italiano. Testigos mafiosos arrepentidos declararon que besó la mano al capo de la mafia italiana cuando era presidente del gobierno italiano. Acusado y perseguido por la justicia nunca se le condeno por falta de pruebas. En la foto participando al congreso de la Unión Interparlamentaria. © Foto Agencia IPI.


«Después de la Segunda Guerra Mundial, el miedo del expansionismo soviético y la inferioridad de las fuerzas de la OTAN con relación al Kominform (Pacto de Varsovia) condujeron a las naciones de Europa del Oeste a imaginar nuevas formas de defensa no convencionales, creando en sus territorios una red oculta de resistencia destinada a actuar en caso de ocupación enemiga. Su misión: recoger información, cometer actos de sabotaje, propaganda y actos de guerrilla [...] A la luz de los recientes y significativos sucesos que han trasformado la Europa del Este, [caída del muro de Berlín ndlr.] el gobierno se ha impuesto de reconsiderar todas las disposiciones en materia de guerra no ortodoxa, de promover y verificar toda iniciativa propia, tanto sobre el plano político que técnico-militar, la actual validez y la utilidad de estos sistemas de protección sobre el territorio nacional».

Las revelaciones estruendosas de Giulio Andreotti dieron motivo para que la gente se haga la lamentable pregunta: ¿a lo largo de la Guerra Fría, las democracias occidentales fueron manipuladas por los servicios especiales de la Alianza Atlántica, hasta el punto que la democracia en sí no ha sido más que una farsa, señuelo, simulación y engaño?

Para responder a esta pregunta, comisiones de investigación parlamentarias fueron creadas en Italia [1], en Suiza [2] y en Bélgica [3]. El resultado de estas investigaciones [4] era tan lamentable y lastimoso que algunos países o Estados como Francia, prefirieron hundirse en la denegación.

La existencia de estas redes de stay-behind de espionaje y de injerencia era por tanto un secreto conocido. En 1952, la prensa alemana había revelado las actividades de un grupo de extrema derecha, el Bundesdeutscherjungend, cuyos militantes fueron armados por los servicios secretos de la Alianza Atlántica (OTAN). Su misión era preparar el asesinato de los principales lideres de la izquierda en caso de una invasión soviética. La OTAN pensaba así contrarrestar el establecimiento de un gobierno "títere" impuesto por el Ejército Rojo.

La red stay-behind fue mencionada en 1976 en el informe de la comisión de investigación parlamentaria de EE.UU. sobre la CIA presidido por el senador Frank Church [5]. Informaciones más precisas fueron dadas para conocimiento público en 1978 por el antiguo jefe del stay-behind y ex director de la CIA, Wiliam Colby, en su autobiografía [6]. Numerosos detalles han sido publicados en 1982 por el coronel Alfred H. Paddok [7], antiguo comandante del 4to. Grupo de Acción Psicológica. En el mismo año 1982, el responsable de la Oficina de Investigaciones Especiales [8], John Loftus, reveló las condiciones de reclutamiento de los stay-behind entre los agentes nazis. El periodista e historiador Gianni Flamini describió sus acciones en Italia en su monumental obra [9] (1981 a 1984). Finalmente, la redefinición de las acciones del stay-behind fue oficialmente analizado durante un coloquio organizado en 1988 por el United States National Strategy Información Center (Centro Nacional de Información Estratégica de los EE.UU.) [10]. A pesar de la abundante bibliografía y documentación de este movimiento, el conjunto de dicha información está cortada y da una imagen tergiversada del sistema. Documentos del Departamento de Estado de EE.UU. desclasificados posteriormente y publicados han completado la información respectiva, dando a conocer que un dispositivo global de injerencia en la vida democrática de los países aliados. Esta red de espionaje fue mucho más amplia de lo que se pensaba, incluso los stay-behind no fueron los únicos en participar.

William Colby (1920-1996). Director de la CIA murió de manera misteriosa cuando pescaba en su bote después que se jubiló de la CIA. © Derechos DR

Rastrear la historia de la creación y formación del más secreto de los servicios secretos no sólo brinda un interés retrospectivo, sino que permite de descubrir además la cara oculta de la política occidental desde 1947. Este servicio de espionaje, cuya existencia ha sido reconocida únicamente para afirmar que perteneció al pasado, ¿no estaría aún hoy en actividad?

A pesar que se consideró que nunca había existido, ésta red de espionaje fue disuelta oficialmente tres veces: primero en 1952, más tarde en 1973 y finalmente en 1990.

¿Y si este servicio de espionaje está aún activo, manipulando escondidamente las instituciones públicas para los intereses y fines de un poder oculto? ¿Entonces las democracias occidentales no serían más que un señuelo que favorece y nutre el poder de «algunos grandes señores»...?

La creación del stay-behind

Para responder a estas preguntas, es necesario indagar en la Historia. En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, el servicio de contra espionaje estadounidense, la sección X2 de la OSS (Office of Strategic Services) fue encargada de localizar los agentes nazis dispersos después de la retirada de la Wehrmacht (ejército alemán). Los «stay-behind» son los que se quedaron atrás si traducimos literalmente del inglés, detrás de las líneas enemigas, generalmente se trataba de espías y saboteadores comandos. En vez de arrestarlos y fusilarlos, James Jesús Angleton, jefe del X2 y el general William J. Donovan director de la OSS, decidieron de recuperarlos y enrolarlos, en la mayor cantidad posible y/o lo máximo que se pudiera, para reutilizar estos agentes nazis o fascistas en la próxima Guerra Mundial, aquella que opondría el «mundo libre» al «peligro comunista» [11]. Habría que actuar rápido, antes que los movimientos de resistencia identifiquen a estos stay-behind» y los eliminen.

Esta operación comenzó en Italia con la devolución del jefe de los escuadrones de la muerte (Decima Mas). El príncipe Valerio Borghese fue uno de los primeros en revelar los nombres de sus agentes para salvarlos. Dicha operación fue llevada en todos los territorios anteriormente ocupados por el Tercer Reich. Así, los stay-behind franceses fueron identificados y reclutados cuando se operó el regreso de René Bousquet, secretario general de la policía francesa colaboracionista con Hitller. Cuando el Eje capitula, la operación fue extendida en Alemania, lo que hizo posible «recuperar» al general Reinhard Gehlen, ex jefe del servicio secreto del ejército alemán en el frente del Este. Después de diez meses de « tratamiento » en los EE.UU. llevado a cargo por Frank G. Wisner, Gehlen fue amnistiado y se le confió una nueva misión, la creación y dirección del Bundesnachrichtendienst (BND), el servicio secreto de la Alemania Federal [12].

A la izquierda: El nazi Reinhard Gehlen 1902-1979 jefe de los servicios de espionaje de Hitler en el frente soviético. Su ferocidad era legendaria, torturaba a los prisioneros para obtener la información. A la derecha: El nazi Reinhard Gehlen en su vejez. Siempre contó con el apoyo de los EE.UU.

La operación fue planificada por Allan Dulles, jefe de la estación de la OSS en Berna, Suiza. Dulles que gozaba de experiencia en su cargo y gracias a sus relaciones informales había logrado desarrollar contactos desde 1942 con las dos tendencias del partido nazi. Su objetivo era ahora, al final de la guerra, concluir una paz separada y buscar una alianza contra el comunismo [13]. Los agentes nazis, fascistas y oustachis que cumplieron funciones públicas durante la Segunda Guerra ya no podían ser empleados nuevamente por las administraciones estatales de Europa, simplemente por su pasado criminal. Toda esta gente fascista fue enviada y colocada en América Latina, donde podían ser nuevamente reutilizados. Su infiltración fue llevada a cabo con la ayuda de la Santa Sede, que compartía su lógica [anticomunista ndlr.] Trabajo realizado bajo la responsabilidad del Monseñor Giovanni Battista Montini, futuro Papa bajo el nombre de Pablo VI [14].

En Francia, la selección de los agentes de nacionalidad alemana fue llevado a cabo en el patio del internado de Coudray-Morancez, seminario del sacerdote Franz Stock [15].

El sacerdote Franz Stock en foto y estampilla, colaboró reclutando nazis para las redes de espionaje. Un trámite de beatificación ha sido iniciado en Roma. © Foto Derechos DR.

En 1946, el presidente Harry S. Truman se consagra a la reconversión de la economía y de las instituciones de guerra de los EE.UU. Tomando en cuenta las dificultades que su país encontró durante la Segunda Guerra Mundial, Truman decide de dotar a los EE.UU. de una industria de guerra y de servicios secretos permanentes. Esta decisión puede ser considerada como legitima cuando se demostró la improvisación en que se hallaba el país durante la guerra. Esta decisión toma en cuenta la enorme dificultad de reconvertir la gran maquinaria bélica en una economía de paz. Truman tuvo que resistir a fuertes presiones políticas viniendo de todos lados, para poder ratificar su decisión.

Según las preconizaciones del general William J. Donovan, director del OSS, la nueva Agencia Central de Inteligencia (CIA) comenzaría a sustituir parcialmente y poco a poco los servicios de la Marina, del Ejército de tierra y de la Secretaria de Estado. Su función no se resumiría en recoger información, sino que debía estar capacitada para actuar en el extranjero, violando así la soberanía de los Estados.

Si Truman estaba de acuerdo con la primera función de la CIA, no lo estaba con la segunda. Oficialmente, el National Security Act, fue validado por el Congreso en 1947, perennizando en tiempos de paz un dispositivo militar general que incluye una agencia de espionaje exterior, la CIA es desprovista de toda competencia para realizar «operaciones especiales».

La Organización Gehlen en Alemania y la red stay-behind en toda Europa no habrían tenido en adelante una justificación para continuar su existencia. De esta manera debieron ser desmanteladas.

Sin embargo, a la ocasión de los debates sobre las condiciones de ocupación de la Alemania vencida, la conferencia de ministros de Relaciones Exteriores en Moscú demostró que era casi imposible a los demás países del mundo, no tomar posición, obligándolos de esta manera a ubicarse geopolíticamente en el conflicto USA-URSS.

El primer país en escoger su «campo» fue Francia. Escogió el campo de los Anglo-Estadounidenses. Era el comienzo de una guerra no declarada y sin operaciones militares convencionales, la famosa «Guerra Fría».

Dando marcha atrás y de manera ilegal contra lo que fue decidido en el Congreso de EE.UU., Harry S. Truman constituye en secreto un nuevo servicio para conducir operaciones de guerra en tiempos de paz. La Organización Gehlen y la red de stay-behind son los que van a aportar los fundamentos y cimientos de esta nueva organización secreta.

La única base jurídica de las operaciones especiales es la National Security Council Directive on Office of Special Projects (NSC 10/2) del 18 de junio 1948. Este documento clasificado «top secret» fue dado a conocer públicamente solamente 50 años más tarde [16]. Esta directiva estipulaba que las operaciones de la red debían ser planificadas y conducidas bajo la autoridad de un Buró administrativo adjunto a la CIA y sólo en tiempos de guerra y en coordinación con el Estado Mayor del Ejército.

El jefe de este Buró sería nombrado por el Secretario de Estado, reconocido a su vez por el director de la CIA y confirmado en el puesto por el Concejo Nacional de Seguridad. Inicialmente este Buró disponía de una autonomía completa y no era supeditado a la CIA, a fin que pudiera beneficiar de un financiamiento legal. En caso de desacuerdo entre el Buró y el director de la CIA, o desacuerdo entre el Secretario de Estado y/o el secretario de la Defensa, el litigio debía ser resuelto únicamente por el Concejo Nacional de Seguridad.

Cada autoridad respectiva debía designar un oficial de enlace reconocido por el Buró, trasmitiéndole a esta persona toda la información necesaria a fin de preservar el secreto y la existencia del mismo. La competencia del Buró fue definida así: «Todas las actividades conducidas o apoyadas por el Gobierno [de EE.UU.] contra los Estados [países] o grupos hostiles, o los apoyos de Estados [países] o grupos amigos, deben ser planificados y ejecutados de manera que la responsabilidad de ningún Gobierno [actual y posteriores de los EE.UU.] pueda aparecer a las personas ajenas y no autorizadas, y si ellas son descubiertas, el Gobierno de los Estados Unidos pueda denegar de manera fehaciente toda responsabilidad. Precisamente, tales operaciones están involucradas en la actividad secreta y en relación con la propaganda; la guerra económica, la acción preventiva directa, que incluye el sabotaje, el anti-sabotaje, las medidas de destrucción y de infiltración; la subversión de Estados [países] hostiles, donde se incluye la asistencia a los movimientos de resistencia, a las guerrillas locales y a los grupos de liberación en el exilio; el apoyo a los elementos anticomunistas locales que se encuentren en los países amenazados del mundo libre. Estas operaciones no toman en cuenta los conflictos armados conducidos por las fuerzas armadas militares reconocidas, las del espionaje y el contraespionaje, la cobertura y el engaño llevadas por las operaciones militares».

La organización interna de la red a sido definida en un memorando secreto, redactado por el director principal del Buró y a la atención del director de la CIA [17]. Está dividido en cinco grupos funcionales:
el Grupo de guerra psicológica (prensa, radio, rumores, etc.)
el Grupo de guerra política (ayuda a la resistencia en los países comunistas, ayuda a los movimientos en el exilio, ayuda a los movimientos anticomunistas en los países libres, estímulo e incitación a los tránsfugas);
el Grupo de guerra económica (impedimento y trabas en la adquisición de materiales y de provisiones, manipulación de los mercados, mercado negro, especulación sobre las monedas, falsificación de monedas, etc.);
el Grupo de acción directa preventiva (ayuda a las guerrillas, sabotaje, contra sabotaje, destrucción, infiltración, agentes dobles, stay-behind),
el Grupo « diversos ».

Para Truman y su equipo, la nueva guerra no es de tipo convencional y no la opone los Estados Unidos a la URSS, es de naturaleza política, económica, psicológica y la enfrenta el Occidente al Comunismo. Los intereses de los EE.UU. se convierten en la defensa de los valores de sus «padres fundadores» [18], dándole así no una dimensión religiosa, sino mística a la Guerra Fría. Todos los medios debían ser movilizados y aplicados para que los Occidentales se reconozcan en el campo estadounidense, identificándose de esta manera al « mundo libre » y preparándose a sacrificarse por él.


El stay-behind fue y es una arma con un objetivo bien claro en esta cruzada. La expresión « stay-behind » fue utilizada por los servicios de espionaje británicos para designar a sus agentes secretos que se quedaron detrás de las líneas enemigas en el frente de guerra. Tenían por misión organizar una resistencia local, recibían ayuda y suministros gracias a los aviones que lanzaban en paracaídas el material, armas, aparatos de comunicación y de transmisión para tales fines. Durante la Guerra Fría, la idea de una ocupación soviética en Europa occidental favoreció la preparación logística de tal operativo. La idea era también reclutar una red similar pero a escala atlántica, con ayuda de anticomunistas acostumbrados a la acción secreta. A parte de los agentes nazis que fueron enrolados y enviados por la OSS, el Carmel Offie continuó reclutando personal en los medios de extrema derecha para apoyar la estructura estadounidense. Respecto a la facción ultramontana [19] de los católicos, los anglo-americanos llevaron a cabo un acuerdo global con la Santa Sede por intermedio del cardenal Francis Spellman.

Desarrollo del stay behind

Si los stay behind hubiesen tenido como única finalidad preparar la resistencia en caso de ocupación enemiga, cada país habría podido dotarse de una estructura semejante, de su propia iniciativa y bajo su autoridad. Pero en la medida que se consideraba que los comunistas (o simpatizantes, gente de izquierda) ocupaban ya parcialmente sobre el plano ideológico y político un lugar en Europa occidental, era indispensable que los stay behind escapen a la autoridad de los gobiernos, gobiernos que el «enemigo» podía tomar por vía electoral en cualquier momento gracias a las votaciones democráticas.

Con este razonamiento, acuerdos tripartitos fueron firmados entre los EE.UU., el Reino Unido y cada uno de sus aliados, autorizando a Washington a actuar en sus territorios, sin que lo sepan, sin su permiso y autorización, de manera que pudieran defenderlos de la infiltración comunista, incluso la perfilada por medios legales.

En 1949, los primeros acuerdos fueron integrados en un sistema multilateral donde hacían parte Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia y el Reino Unido. Todo esto estaba administrado por un comité clandestino llamado de Unión Occidental (el CCUO). Cuando se firmó el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) este sistema fue abierto a nuevos países, incluso más tarde a países geográficamente fuera del área de la OTAN. El CCUO se transformó en el Comité Clandestino de Planificación (CPC Clandestine Planning Committee), más tarde, en 1958, cambia de nombre para llamarse el Comité Aliado de Coordinación (ACC Allied Coordination Committee).

El fundamento jurídico de este dispositivo lo suministra los protocolos secretos del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a pesar que no están integrados en la Organización de la OTAN. O sea que cuando Francia se retiró de la OTAN porque así lo deseaba el célebre general Charles De Gaulle (retiro que va de 1966 a 1995), esto no implica su retiro del dispositivo secreto. La supervisión del CCUO-CPC-ACC fue asegurado por los anglo-estadounidenses, que se repartieron las zonas de influencia: los británicos controlaban Bélgica, Holanda, Luxemburgo y la península ibérica, los norteamericanos el resto. La presidencia del Comité «iba girando» entre cada país miembro.

Según el general Oswald Le Winter, antiguo oficial encargado del Gladio en el seno de la CIA, confesó que los protocolos adicionales del Tratado del Atlántico Norte estipulaba que los Estados [países] miembros renunciaban en perseguir en justicia las actividades y atentados que sus miembros realizasen. Dichos miembros eran los que componían los grupos de extrema derecha fascistas utilizados por los servicios de la organización.

Estos documentos habrían sido firmados por Robert Schuman en nombre de la Francia, cuando este era presidente del Concejo.

En los Estados Unidos, este servicio secreto al principio recibió el nombre de Buró para la Coordinación Política (OPC). Su primer director fue Frank G. Wisner [20]. Este personaje fue escogido por el Secretario de Estado, el general George Marshall en una lista que contenía seis nombres y que fue redactada [21] por su consejero George F. Keenan, el cual mantenía una estrecha relación con Allan Dulles.

Irving Brown, representante del sindicato AFL-CIO en París y Norris Chapman, diplomático con puesto en París hacían parte de la lista.

William Colby describe esa época de la siguiente manera: « Desbordando de dinamismo y de inteligencia, Wisner no ahorro sus energías y en algunos meses, con la ayuda de sus antiguos colegas del OSS, puso en funcionamiento, en el mundo entero, una nueva generación de "Templarios", encargados de defender la libertad occidental contra el oscurantismo comunista...y la guerra».

A comienzos de los años cincuenta, el general Walter B. Smith, recientemente nombrado director de la CIA, no estaba de acuerdo que el Buró permanezca en su jurisdicción solamente de manera administrativa. Smith quería que este se subordinara a su autoridad completamente. Logró obtener la fusión con la Dirección de la Planificación de la Agencia en agosto 1952. Las autoridades estadounidenses admitieron en esa ocasión que la OPC había existido y pretendieron que dicho organismo acababa de ser disuelto. No podían decir y reconocer otra cosa, ya que la fusión y las actividades de la ex OPC se mantenían ilegales.

El general Smith contó con el apoyo de Allan Dulles, antiguo jefe del OSS y hermano del Secretario de Estado John F. Dulles.

Frank G. Wisner que no logró obtener lo que deseaba, logró al menos que se le otorgara mejores condiciones, por ejemplo, se le concedió un Centro de Guerra Psicológica, que fue instalado en Fort Bragg bajo las ordenes del mayor general Robert A. McClure. Este Psychological Warfare Center recibió más tarde el nombre de Special Warfare School (1956-68), para nuevamente cambiar de nombre por el de Institute for Military Assistence (1969-83), desde 1983 se llama a este mismo centro el John F. Kennedy Special Warfare Center and School. Fort Bragg ha llegado a ser una de las bases militares más importantes en el mundo. Es allí que están estacionadas las unidades especiales de «boinas verdes».

Según el informe Church, la red contaba ya en 1952 con tres mil colaboradores, con 47 sucursales en el extranjero y de un presupuesto anual de 200 millones de dólares. Wisner revindicaba y se jactaba siempre de las hazañas de sus servicios, cómo la creación de sindicatos no comunistas en Europa (1947-50), el derrocamiento del presidente iraní Mossadegh en 1953, el del presidente Jacobo Arbenz en Guatemala (1954). Operaciones menos exitosas fueron llevadas en Albania, en Ucrania, en Polonia y en Corea [22]. Los tentáculos de la OPC se movían igualmente fuera de Europa.

En 1958, Richard M. Bissell remplazó a Frank G. Wisner. Después Richard M. Helms, Desmond Frizgerald, Thomas H. Karamessines et William E. Colby.

Desde 1968, el Comité de enlace del (CCUO-CPC-ACC) ha sido fortalecido con una nueva «articulación» llena de modalidades las más obscuras, gracias también a una reunión anual de contactos de servicios secretos europeos: el Club de Berna.

En marzo de 1973, el dispositivo fue nuevamente renovado y la Dirección tomó la denominación actual de Dirección de Operaciones. Fue dirigida por William Nelson, por William Wells, John N. McMahon, Max C. Hugel, John H. Stein, Clair E. George, Richard F. Stolz. Fue durante este periodo que las actividades del stay-behind fueron reforzadas en América latina. Una coordinación de servicios argentinos, bolivianos, chilenos, etc., fue creada en esos lugares para aterrorizar y eliminar a los líderes de la oposición. Esta coordinación contaba con el apoyo de los stay-behind españoles, franceses, portugueses, etc., para espionar y asesinar a aquellos que se fugaban de Europa. Fue por ejemplo la operación Cóndor, cuya dirección operacional fue confiada a Klaus Barbie, un nazi refugiado en Bolivia. Los responsables militares latinoamericanos del stay-behind fueron formados en los EE.UU., en la tristemente célebre Escuela de las Ameéricas (School of Americas) en Fort Bragg (Georgia). Desde 2001 esta escuela se llama Western Hemispheric Institute for Security Cooperation (WHISC) por los mismos profesores provenientes de Fort Bragg. La Escuela de las Américas fue fuertemente criticada después que se publicaron sus manuales internos de formación, dónde se demostró que cursos de tortura eran enseñados.

A la misma vez que funcionaban estas redes, el stay-behind creó una organización político-militar internacional, la logia de Propaganda Due (P2), regularmente afiliada al Gran Oriente de Italia. Ella servía de instrumento para vehicular guerra política y operaciones especiales.


Izquierda: Lucio Gelli patrón de la logia P-2. Derecha: el emblema del grupo Gladio.

Licio Gelli, el gran patrón de la P2 había sido oficial fascista de enlace entre el X2 de la OSS y la agrupación fascista Decima Mas del príncipe Valerio Borghese cuando el stay-behind estaba en curso de formación en Italia. Su logia reunía miles de personalidades del mundo político, de las fuerzas armadas, de la finanzas, de la Iglesia y del mundo de las artes, de los cuales 923 eran italianos. Gelli se convirtió en el personaje central del dispositivo atlántico al punto de ser invitado especial en las ceremonias de investidura de los presidentes estadounidenses Bush (padre), Carter y Reagan. El P2 era el puente entre los stay-behind y los agentes de otros grupos del dispositivo. Fue disuelto y sus miembros debieron enfrentar la justicia en diferentes tribunales, tanto por su implicación en las tentativas de Golpes de Estado que por su rol en la bancarrota del Banco Ambrosiano. Solo las listas de los miembros italianos y argentinos de la logia fueron publicadas.

Según nuestras informaciones, la logia P2 a sido reconstituida nuevamente bajo la cobertura de una ONG (Organización No Gubernamental) suiza de colaboración entre las ciudades del mundo. Esta asociación dispone en las Naciones Unidas de un estatuto consultativo como las grandes ONG Greenpeace y Amnistía Internacional. El hijo de Licio Gelli es el presidente y participó en la última asamblea general de la ONU.

En 1986, las armas del Gladio, escondidas en contenedores y que estaban diseminadas en toda Europa fueron remplazadas. La red fue dotada de un nuevo material de transmisión codificado, el más sofisticado, el Harpoon. Estas adquisiciones fueron facturadas por los norteamericanos a cada Estado miembro.

En 1990, estalló en Italia el escándalo del Gladio. Oficialmente los stay-behind fueron disueltos en toda Europa. En realidad, ellos continuaron y continúan de funcionar sin haber cambiado en lo absoluto. Primero bajo la dirección de Thomas A. Twetten y de David Cohen. Actualmente, el «Plan Maestro» del Pentágono prevé de separar a corto plazo las actividades de guerra política, económica y psicológica de las operaciones especiales. De tal manera que los militares y militantes ya no estarían estacionados en espera de operaciones comando sino que podrían actuar masivamente en la guerra especial. Durante los tiempos de paz, todo queda bajo control del Departamento de Estado de los EE.UU. Todo parece indicar sin embargo, que esta reestructuración será difícil en implantar.

Entre otras cosas, se ha creado un nuevo tipo de formación, llamado Asuntos Civiles. Estos cursos son dados en Fort Bragg y tienen por finalidad de preparar un personal calificado, aptos a administrar territorios ocupados, en el cuadro de misiones para el mantenimiento de la paz y maximizar así la influencia estadounidense [23].

El 12 de noviembre 1990, cuando Italia se encontraba en pleno escándalo del Gladio, el ministro de la Defensa francés, Jean Pierre Chevènement, reconoció que un Gladio en Francia había existido. Hablando «sin decir nada», aseguró que este Gladio francés siempre se quedó en una fase «durmiente», sin que haya podido activarse e inmiscuirse en la vida política interna del país. Poco después de esta declaración, el presidente francés de la época, Francois Mitterrant indicó que había ordenado al general Jean Heinrich [24] para que disuelva estas redes dormidas en tanto que jefe del servicio de acción de la DGSE (Dirección General de Seguridad del Estado, los servicios secretos franceses).

El stay behind en el mundo

La existencia del stay-behind fue oficialmente reconocida en Alemania, Austria (red Schwert), en Bélgica, en Dinamarca, en España, en Francia (Rosa de los vientos), en Grecia (Vellón rojo), en Italia (Gladio), en Luxemburgo, en Noruega, en Holanda, en Portugal, en el Reino Unido, en Suecia, en Suiza y en Turquía.

Ninguna investigación fue llevada a cabo dentro de las instituciones de la Unión Europea, a pesar de la gran cantidad de información y de los numeroso índices que dejan pensar que un stay-behind controla los engranajes esenciales de la unión pan-europea.

Se puede citar e imputarle muchos golpes de Estado en el mundo, unos exitosos, otros fracasados. A parte de los sucesos de 1958 y 1961 en Francia, los complots de Sogno y de Borghese en Italia, el Golpe de los Coroneles en Grecia, aquel intentado contra Makarios en Chipre [25].

A estas operaciones de gran envergadura, conviene de añadir aquellas de desestabilización política y de asesinatos como la del Primer ministro sueco Olof Palme.

Thierry Meyssan

Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

NOTAS:

[1] Relazione sulla vicenda « Gladio » presentatat dal Presidente del Consiglio dei Ministri (Andreotti) communicata alla Presidenza il 26 febbraio 1991, Senato della Repubblica, X Legislativa, Doc XXVII, n° 6.

[2] Informe de la Comisión de investigación Parlamentaria encargada de elucidar los hechos en gran parte acontecidos en el departamento militar federal, 1990.

[3] Informe de la Comisión de investigación parlamentaria sobre la existencia en Bélgica de una red de espionaje clandestino internacional. Senado. 1ro de octubre 1991, n° 1117-4.

[4] Gladio, bajo la dirección de J. Willems, EPO ediciones., 1991 ; Gladio, Das Erbe des Kalten Kriesges, A. Müller, 1991 ; El caso Gladio, las redes secretas norteamericanas corazón del terrorismo en Europa, Jean-François Brozzu-Gentile, Albin Michel, 1994. Ver también el remarcable documental de Allan Francovitch, Gladio, los que llevan el juego, Observer Film Company, 1992.

[5] US Congress, Senate, Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, Final Report, 94 th Cong., 2d sess., 1976. Extractos del informe Church fueron publicados en versión francesa en Les Complots de la CIA, manipulaciones y asesinatos, Stock, 1976. No toman en cuenta los pasajes relativos al Gladio contenidos en los libros I y IV del informe.

[6] Honorable Men, my Life in the CIA, traducido en francés bajo el título 30 años de CIA, William Colby, Presses de la Renaissance, 1978.

[7] US Special Warfare : its origins, Alfred H. Paddock, National Defence University Press, 1982.

[8] The Belarus Secret, 1982. Versión francesa : Horrible secreto, cuando los norteamericanos reclutaban espías nazis. De Gehlen à Klaus Barbie. John Loftus, Plon, 1985.

[9] Il partido del golpe. Le strategie della tensione e del terrore dal primo centrosinistra organico al sequestro Moro, Gianni Flamini, Italo Bovolenta, 4 vol., 1981 à 1984.

[10] Political Warfare and Psychological Operations, Rethinking the US Approach, US National Strategy Information Center, National Defence University Press, 1989.

[11] OSS. The Secret History of America’s First Central Intelligence Agency, Tom Brower, University of California Press, 1972.

[12] La Organización Gehlen, Richard Gehlen, Presses de la Cité et Fayard, 1972. Una versión corta fue publicada por las ediciones Saint Clair en 1975. Esta versión fue realizada por un miembro del stay-behind, el negacionista David Irving.

[13] Violando la Carta del Atlántico, el OSS tomó contacto con los dignatarios del Tercer Reich y de la Colaboración para negociar una paz y rendición separada USA-Alemania y a la vez una alianza contra la URSS. Se trataba de esta manera de voltear la lógica cínica del pacto soviético-germano. La mayor parte de estos contactos tuvieron lugar en Berna, otros en la península ibérica. Entre 1942-43, Allan Dulles recibió en Suiza las visitas de André Bettencourt, Pierre Guilhain de Bénouville et Francois Mitterant.

[14] Futuro Papa bajo el nombre de Pablo VI.

[15] Una gran misa fue celebrada en la ciudad francesa de Chartres con motivo del 50 aniversario del fallecimiento del padre Franz Stock. La ceremonia contó con la presencia del canciller Helmut Kolh de la Alemania Federal y del presidente del Senado francés René Maunory. Por este acontecimiento el canciller Kohl publicó en el prestigioso diario parisino Le Monde una nota con fecha del 25 de febrero 1998, la nota en un homenaje al sacerdote Stock, precursor de la reconciliación europea. Un trámite de beatificación ha sido iniciado en Roma.

[16] Foreign Relations of the United States, 1945-1950 Emergence of the Intelligence Establishment, Governement Printing Office, 1996.

[17] Op. cit.

[18] Los «padres fundadores» son los puritanos exiliados por la Corona Inglesa que llegaron a América del Norte en busca de una «tierra prometida». El Nuevo Mundo «descubierto» por Cristóbal Colón.

[19] Los ultramontanos son católicos que defienden la política del Papa y en contra de los intereses de las Iglesias católicas locales.

[20] Frank G. Wisner dirigió el stay-behind desde su creación en 1958. Cayó en el alcoholismo y se habría suicidado en 1965.

[21] Memorandum con fecha del 30 junio 1948 in Foreign Relations of the United States, 1945-1950 Emergence of the Intelligence Establishment, Governement Printing Office, 1996.

[22] Sobre estas operaciones, cf. The Use of Covert Paramilitary Activity as a Policy Tool : An Analysis of Operations Conducted by the US CIA, 1949-1951, Major D. H. Berger, US Marine Corps Command ediciones.

[23] Las Acciones civiles-militares. La urgencia al desarrollo : ¿cuáles son los instrumentos para Francia? Informe n° 3167, presentado por Robert Gaïa el 20 junio 2001, Asamblea nacional, Comisión de la Defensa. «Ce rapport cite en exemple pour la France la cohérence de la doctrine américaine».

[24] En 1998, el general Jean Heinrich rechazó su quinta 5ta estrella y renunció al Ejército. Dirige hoy en día la sociedad de seguridad Geos que emplea a muchos antiguos soldados de la 11 regimiento de Choque.

[25] The Cyprus Conspiracy. America, Espionnage and the Turkish Invasion, Brendan O’Malley and Ian Graig, Tauris & Co éd., 2001.

http://www.voltairenet.org/article120005.html

domingo 22 de junio de 2008

Robert Gates es el fundador de Al-Qaeda


A raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los EE.UU. lanzó su guerra contra el terrorismo. El objetivo era desmantelar Al Qaeda y detener a su líder Osama bin Laden. Esta guerra hasta el momento no ha obtenido aún los resultados que se anunciaron al principio. Bin Laden todavía vivo y Al Qaeda que asolan sin cesar. Webster Tarpley, historiador, periodista de investigación sobre las redes terroristas, tuvo que ser llevada a cabo en el pasado la investigación sobre el asesinato de Aldo Moro, a petición de parlamentarios italianos. El autor escribe en su libro "El terror de fabricación realizados en EE.UU." de que Al Qaeda es una herramienta de desestabilización.

Le Courrier d Argelia: Usted dice que al-Qaeda y su líder Bin Laden no habría existido si los EE.UU. no los hubieran creado para ser utilizadas contra Rusia en Afganistán y continua apoyando a ellos hasta ahora?

Webster Tarpley: Sí, eso es. Al Qaeda fue creada durante la guerra en Afganistán para montar una guerra contra el ejército soviético. El fundador de Al Qaeda no fue otro que el "pequeño chico" que ahora es Ministro de Defensa Robert Gate. Es en este momento, el número dos o tres de la CIA, escribió en sus memorias que cito en mi libro: "Hemos pensado en la creación de una legión árabe contra los soviéticos." Si seguimos la historia de 'Al Qaeda, nos encontramos con que la organización siempre ataca a los enemigos de EE.UU. Si una nación está cubierta por Washington, también sufren los ataques de El Qaida. Por ejemplo: hoy, los EE.UU. están en el proceso de desestabilización de Pakistán. Dick Cheney visitó Islamabad y pidió a Musharraf a unirse a la nueva guerra que el plan de EE.UU. contra Irán. Musharraf dijo que no. Actualmente, la desestabilización se encuentra en el proceso, el relevo es tomado por Ben Laden que declaró la guerra a Pakistán. Los EE.UU. quiere a toda costa desencadenar una guerra contra Irán; Musharaf tuvo el mérito de decir que no a Cheney! Después de eso, el New York Times empezó a publicar inmediatamente después los nombres de los generales entre los cuales se podría elegir un nuevo presidente de Pakistán.

En su libro "El terror de fabricación realizados en EE.UU.", cita a Sheller un ex oficial del MI5? Usted dijo a los periodistas que los servicios secretos británico había financiado el intento de asesinato contra El Gaddafi?

David Sheller que era un oficial de espionaje británico MI5 contra señaló que los servicios secretos británicos estaban dando 100 000 libras esterlinas a Al Qaeda para asesinar al Presidente Al Gadafi, y, por tanto, proporcionar un pretexto para invadir el país , una invasión Anglo-americana para aprovechar su aceite. Siempre es lo mismo que está ocurriendo, el mismo escenario. Si usted está ahora en Argelia Al Qaeda, indica una voluntad de desestabilización contra su país. También está el hecho de que cuando un jefe de gobierno dijo: "Yo quiero liberarme de la hegemonía del dólar, no quiero dólares, quiero recibir sus pagos en euros, yenes, etc .. Se define como terrorista, que ya ha sucedido: usted tiene el ejemplo de Putin, que fue el punto focal de resistencia contra los EE.UU.. Putin quería vender su trigo y su aceite en rublos, el resultado: Fue objeto de una violenta campaña de propaganda, lo mismo con el Presidente Chávez en Venezuela, trató de sustituir el dólar en su país y que han acuerdos con Cuba. Es catalogado como un terrorista. Incluso se le define a la Católica América del Sur, como soporte de Al-Qaida.

También dicen que bin Laden no habría sobrevivido mucho tiempo sin sus protectores y una vasta red de apoyo. Quién son sus protectores?

El asesor jurídico Ben Laden fue Madeleine Allbright, que era entonces secretaria de Estado EE.UU. Los sudaneses querían en ese momento, entregar a bin Laden a la administración norteamericana directamente, y la señora Albright se negó a esto, diciendo que era imposible, porque no hay ninguna acusación contra él. Por otra parte, el presidente de la asociación de amigos de Bin Laden es Michael Shayer de la CIA y el servicio de personal de Ben Laden, el sargento Mohamed Ali que se encontraba en el ejército egipcio, y luego pasó a ser miembro de Las fuerzas especiales de los EE.UU. en Carolina del Norte. En cualquier caso, para mí Al Qaeda es un verdadero complot para desestabilizar los regímenes .
Encontrará mas detalles apoyados en nombres y lugares en mi libro "El terror de fabricación realizados en EE.UU.".

Entrevistado por Meriem Abdou para el Correo en Argelia

miércoles 26 de diciembre de 2007

Extremistas católicos El Opus Dei a la Conquista del Mundo



por Thierry Meyssan
Periodista y escritor, presidente de la Red Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran impostura y del Pentagate.


Fue durante la dictadura del general Francisco Franco en España que el sacerdote José María Escriva de Balaguer funda e instala los cimientos del Opus Dei [5]. Como consejero espiritual de Franco [6] y gracias a la organización que viene de crear, Balaguer se da como misión de seleccionar y formar las elites de la dictadura franquista hasta llegar a controlar lo esencial del poder. Más tarde Balaguer fue enviado al Vaticano. Desde allí trabajó para extender su poder en América Latina. El Opus Dei desarrolla una gigantesca campaña para recuperara los sacerdotes católicos, «culpables» antes sus ojos de apreciar los análisis marxistas y de oponerse a las dictaduras, sean militares o católicas.

Oficialmente el Opus Dei no es más que una asociación católica internacional. Su labor se resumiría a la actividad espiritual de sus 79 303 miembros (sea 1 506 sacerdotes, 352 seminaristas y 77 445 laicos). Los miembros que el Opus Dei selecciona son la crema y nata de la sociedad latinoamericana y europea. Entre ellos los grandes propietarios de compañías multinacionales, los magnates de la prensa y la financia, jefes de Estado y del gobierno. A cada uno de ellos, el Opus Dei les exige una austera disciplina y una completa obediencia. Una manera muy inteligente de fingir y enmascarar sus actividades políticas «personales», gracias a sus ejecutivos de las «clases dominantes» en el mundo entero, el Opus Dei puede imponer sus valores a los pueblos.

Esta secta fue fundada el 2 de octubre de 1928 por un joven sacerdote católico español, de origen modesto, el cura José María Escriva de Balaguer. Era más que todo un intento de estos adeptos de llegar a la Santidad mediante la participación a la instauración de un régimen teocrático, en la cual Escriva de Balaguer sería el profeta. La guerra civil española les pareció como la ocasión ideal e inesperada de establecer el Estado católico de sus sueños. El sacerdote Escriba llegó a ser el consejero espiritual y de conciencia del general Franco. Juntos restablecerían el antiguo principio: «Cujus regio, ejus religio» (tal gobierno en un Estado, tal religión en este Estado).

El Opus Dei se tomó como objetivo de seleccionar y de formar las elites de la dictadura española hasta controlar lo esencial del poder. Así, en los años setenta, el gobierno franquista del almirante Carero Blanco fue calificado de « monocolor » : de sus 19 ministros, 12 eran del Opus Dei. A pesar que Escriva de Balaguer no ejercía ninguna responsabilidad directa en el régimen, el «padre» Balaguer nunca cesó de aconsejar al Generalísimo. Fue él quien sugirió el restablecimiento de la monarquía de derecho divino. Franco fue proclamado presidente a vida.

Balaguer preveía de hacerse proclamar regente una vez acontecida la muerte del Caudillo. Por tal motivo se hace ennoblecer en 1968 bajo el título de Monseñor Escriva de Balaguer marqués de Peralta. Pero el plan fue modificado. Al año siguiente Franco designa al príncipe Juan Carlos I de Borbón para sucederlo (el actual rey de España). De todas maneras Monseñor Escriva de Balaguer tenía otras ambiciones. A los finales de la Segunda Guerra Mundial viaja a Roma, una vez allí se dedicaba a consolidar y extender su poder en América Latina. Oratorios y capillas del Opus Dei fueron instalados en las embajadas españolas, cosa que facilitaría el contacto entre las elites locales. Escriva de Balaguer brindaba igualmente sus consejos espirituales a todos aquellos que ambicionaban de luchar contra el comunismo y de consolidar la fe católica en su país. Fue en estas circunstancias que Balaguer viajó apresuradamente a Santiago de Chile en 1974, para celebrar una acción de gracias con tres de sus «hijos espirituales», el general Pinochet, el almirante Merino y el general Leigh.

Otra de las inquietudes de Balaguer era extender su «Obra» en Europa pero fue en parte impedido por el aislamiento diplomático de España en aquella entonces. Su objetivo era de volver a crear una internacional anticomunista (como la que crearon Franco- Mussolini-Hitler durante la guerra civil española), de sacar del apartamiento a la España franquista y de favorecer la construcción europea.

En 1957 hizo crear en Madrid, por el archiduque Otto von Habsburg-Lothiringen, le Centre Europeo de Documentación y de Información (CEDI) y, gracias a dos otros de sus «hijos espirituales», Alcide de Gasperi et Robert Schuman, Balaguer pudo tener un peso en la redacción del tratado de Roma, primer cimiento para la creación de la Comunidad Europea.
A igual que Francisco Franco, el «padre» fallece en el año 1975. Fue un error de creer que el Opus Dei desaparecería con ellos en el infierno. Un apogeo de esta secta fue constatado tres años más tarde, en 1978. Aprovechando de las intrigas y la parálisis del Sagrado Colegio, el Opus Dei logró convencer a los cardinales de elegir uno de sus predicadores como Papa: el arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, más conocido como Juan Pablo II. A partir de ese momento la secta del Opus Dei pudó encaminar a su provecho el aparato diplomático del Estado del Vaticano y la reorganización religiosa de la iglesia católica.

Juan Pablo II constituyó su gabinete exclusivamente de sacerdotes del Opus Dei y se dedicó a desmontar toda resistencia en el seno de la Iglesia. Por tal motivo hizo aislar- «por razones de salud»- al superior de los jesuitas, el padre Pedro Arupe y nombró un administrador provisorio de la misma orden para remplazarlo en la persona del padre Dezza, quien si era miembro del Opus Dei. Pero no se atrevió a disolver la compañía de Jesús. Se ocupó también de controlar a los sacerdotes latinoamericanos, culpables de compartir o apreciar los análisis marxistas y de oponerse a las dictaduras católicas. Todo esto en un gigantesco proceso de control eclesiástico.

Dos personas celotas [7] fueron fieles servidores de la política de Balaguer: Monseñor Josef Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina y la Fe y, Monseñor Alfonso López Trujillo, presidente del Concejo Pontifical para la Familia. Un centro de vigilancia fue instalado en Bogotá, Colombia, dotado de una potente computadora de capacidad estratégica, conectados al Vaticano. Se fichaban todos los datos y actividades políticas de los curas y religiosos latinoamericanos. Es a partir de estas informaciones y datos de inteligencia que fueron asesinados por «escuadrones de la muerte», el padre Ignacio Ellacuria o Monseñor Oscar Romero en El Salvador. Entre otras cosas, Juan Pablo II promulgó un nuevo código de derecho canónico, cuyo artífice principal fue el prelado del Opus Dei, Monseñor Julián Herranz-Casado, a quien se le nombró más tarde presidente del Concejo Pontifical para la Revisión de los Textos Legislativos.

Fue este último quien dotó a la «Obra de Dios» de un estatuto a su medida: «La Prelatura Apostólica». En adelante los miembros del Opus Dei escapan a la autoridad de los obispos en el territorio donde residen. Obedecen únicamente que a su superior religioso, prelado o al Papa. Esta organización ha llegado a ser un instrumento de control de las Iglesias locales al servicio del poder temporal del Vaticano. Este destino lo encontramos en el pasado y en otra secta que reinó con el terror religioso en la España del siglo XVI, antes de imponer y exportar su fanatismo en la Iglesia Universal: El Oficio de la Santa Inquisición [8].

En fin, el Papa confió la administración de la «Congregación para la Causa de los Santos» a un miembro del Opus Dei, Rafaello Cortesini. Juan Pablo II emprendió el proceso canónico del sacerdote Escriva de Balaguer y proclamó su beatificación el día de su cumpleaños, el 17 de mayo 1992. Esta mascarada sublevó vivas polémicas en la Iglesia Romana. Todos los testimonios y relatos de oposición a la «causa del santo» fueron rechazadas sin ser escuchadas mientras que 6000 cartas postuladoras [9] fueron incluidas al expediente. Estas emanaban sobre todo de los 69 cardinales, de los 241 arzobispos, de 987 obispos y de numerosos jefes de Estado y del gobierno.
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[1] En latín, significa «Obra de Dios».
[2] Francisco Franco: Dictador español que se mantuvo en el poder de 1938 a 1975.
[3] En latín, significa «Obra de Dios».
[4] Francisco Franco: Dictador español que se mantuvo en el poder de 1938 a 1975.
[5] En latín, significa «Obra de Dios».
[6] Francisco Franco: Dictador español que se mantuvo en el poder de 1938 a 1975.
[7] Celota : Se dice de la persona caracterizada por la vehemencia y rigidez de su integrismo religioso. El origen de la palabra viene de las personas pertenecientes a un grupo religioso del pueblo judío que practicaba este integrismo.
[8] Inquisición : Tribunal eclesiástico, establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe.
[9] Postulator : En derecho canónico, cada uno de los capitulares que postulan. El que por comisión legítima de parte interesada solicita en la curia romana la beatificación y canonización de una persona venerable.

http://www.voltairenet.org/article120359.html

El príncipe árabe Bandar llama a su socorro al Opus Dei


Foto arriba: El príncipe Bandar (izquierda) y Louis Free (derecha).

El más grande escándalo de corrupción de la Historia, el caso Al-Yamamah, continua de sacudir los estado anglo-sajones (Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia). El príncipe saudita Bandar bin Sultán, hijo adoptivo de la familia Bush, es acusado de haber percibido y redistribuido de retro-comisiones gigantescas sobre la venta de armas de la empresa multinacional de armamento BAE a la Arabia Saudita.

Muchos observadores estiman que estas sumas astronómicas que han circulado «bajo la mesa» o a escondidas servían a financiar las operaciones secretas de la CIA en el medio [social y religioso] sunita, lo que equivale o se designa con un término más conocido de: Al-Qaïda.

Para respaldar su defensa, el príncipe Bandar bin Sultán acaba de reclutar a Louis Free. Este último fue director del FBI de 1993 a 2001. Este personaje del Buró Federal de Investigaciones estuvo implicado en numerosos y controvertidos casos, como por ejemplo el asalto a la secta de Davianos en el pueblo de Waco (EEUU) y en el atentado dinamitero contra las torres de Khobar en Arabia Saudita. Es también miembro de rango inferior del Opus Dei. Algo que algunos consideran como primordial en este caso o expediente.

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