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sábado, 12 de diciembre de 2009

Los ejércitos secretos de la OTAN (I) Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia de Gladio…

por Daniele Ganser *

La Red Voltaire emprende la publicación seriada de la obra de referencia sobre la actividad de los servicios secretos de la OTAN desde la creación de la alianza atlántica hasta los años 1990. A pesar de ser un trabajo de historiador, esta investigación sobre Gladio es mucho más que un simple tema histórico ya que está íntimamente ligada a nuestra vida diaria. Esa estructura secreta sigue estando activa y los Estados europeos se mantienen aún bajo el tutelaje anglosajón, como lo demuestran las investigaciones parlamentarias sobre los secuestros perpetrados por la CIA desde el año 2001. La comprensión de la política en Europa se hace imposible sin un conocimiento preciso de las redes «Stay-Behind». Esta primera entrega relata el descubrimiento de Gladio por parte de los magistrados italianos a finales de los años 80.

Las ruinas de la estación ferroviaria de Bolonia después del atentado perpetrado por los terroristas de la OTAN (1980).

El 31 de mayo de 1972, un auto-bomba estalló en un bosque cercano al pueblo llamado Peteano, en Italia, dejando un herido grave y un muerto entre los carabineros, la policía uniformada italiana. Los carabineros habían llegado al lugar después de recibir una llamada telefónica anónima. Al inspeccionar un auto Fiat 500 allí abandonado, uno de los carabineros levantó el capó, provocando así la explosión.

Dos días después, una nueva llamada telefónica anónima reclamaba la autoría del atentado en nombre de las Brigadas Rojas, grupúsculo terrorista que trataba en aquel entonces de romper el equilibrio del poder en Italia mediante la realización de tomas de rehenes y de asesinatos de altos personajes del Estado. La policía se volvió inmediatamente hacia la izquierda italiana y encarceló a cerca de 200 comunistas. Durante más de 10 años, los italianos vivieron convencidos de que el acto terrorista de Peteano había sido obra de las Brigadas Rojas.

Posteriormente, en 1984, Felice Casson, un juez italiano, decidió reabrir el caso ya que le intrigaban toda una serie de irregularidades y falsificaciones cometidas alrededor del drama de Peteano. El juez Felice Casson descubrió que la policía no había investigado el lugar de los hechos. También notó que el informe que había concluido en aquel entonces que los explosivos utilizados eran los mismos que utilizaban tradicionalmente las Brigadas Rojas era en realidad una falsificación.

Marco Morin, un experto en explosivos de la policía italiana, había proporcionado deliberadamente conclusiones falsas. Morin era miembro de la organización italiana de extrema derecha «Ordine Nuovo» y, en el contexto de guerra fría, había aportado así su contribución a lo que él consideraba una lucha legítima contra la influencia de los comunistas italianos. El juez Casson logró probar que, al contrario de lo que había concluido Morin, el explosivo utilizado en Peteano era el C4, la sustancia explosiva más poderosa de aquel entonces y que también formaba parte del arsenal de las fuerzas de la OTAN.

«Simplemente quise arrojar una nueva luz sobre años de mentiras y secretos. Eso es todo», declaró posteriormente el juez Casson a los periodistas que lo interrogaban en su minúscula oficina del palacio de justicia, junto a la laguna de Venecia. «Quería que, por una vez, los italianos supieran la verdad.» [1]

El 24 de febrero de 1972, cerca de Trieste, un grupo de carabineros descubre por casualidad un escondite de armas lleno de municiones, armas y explosivo del tipo C4, idéntico al utilizado en Peteano. Los policías estaban convencidos de haber descubierto una red criminal. Años más tarde, la investigación del juez Casson permitió determinar que se trataba en realidad de uno de los cientos de escondites subterráneos creados por el ejército secreto del llamado stay-behind, estructura que responde a las órdenes de la OTAN y que se conoce en Italia por la apelación codificada de Gladio (del latín Gladius, denominación de la espada corta en uso en la Roma de la antigüedad). Casson notó que los servicios secretos del ejército italiano y el gobierno de aquella época se habían esforzado considerablemente por mantener en secreto el descubrimiento de Trieste así como su contexto estratégico.

Al proseguir su investigación sobre los extraños casos de Peteano y Trieste, el magistrado descubrió con asombro, no la mano de la izquierda italiana sino la de los grupúsculos de extrema derecha y de los servicios secretos del ejército tras el atentado de 1972. La investigación del juez reveló la existencia de una estrecha colaboración entre la organización de extrema derecha Ordine Nuovo y el SID (Servizio Informazioni Difusa), o sea los servicios secretos del ejército italiano. Ordine Nuovo y el SID habían preparado juntos el atentado de Peteano, y luego habían acusado a los militantes de la extrema izquierda italiana, las Brigadas Rojas.

Casson logró identificar al hombre que había puesto la bomba, un tal Vincenzo Vinciguerra, miembro de Ordine Nuovo. Como era el eslabón final de una larga cadena de mando, Vinciguerra sólo fue arrestado varios años después del momento de los hechos. Confesó y declaró que había gozado de la protección de toda una red de simpatizantes, tanto en Italia como en el extranjero, que habían hecho posible su huida después del atentado. «Es todo un mecanismo que se puso en marcha», contó Vinciguerra. «Lo cual quiere decir que desde los carabineros hasta el ministro del Interior, pasando por la aduana y los servicios de inteligencia civiles y militares, todos habían aceptado el razonamiento ideológico justificaba al atentado.» [2]

Vinciguerra subrayaba, con toda razón, el agitado contexto histórico en que se había producido el atentado de Peteano. A fines de los años 1960, con el surgimiento de la revolución pacifista y los movimientos estudiantiles de protesta contra la violencia y contra la guerra de Vietnam en particular, el enfrentamiento ideológico entre la derecha y la izquierda se había intensificado, tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos.

La inmensa mayoría de los ciudadanos comprometidos con los movimientos sociales de izquierda recurrían a formas de protesta no violentas, como manifestaciones, actos de desobediencia civil y, sobre todo, debates con moderadores. En el seno del parlamento italiano, el poderoso Partido Comunista (Partito Communisto Italiano, PCI) y en menor medida el Partido Socialista (Partito Socialisto Italiano, PSI) simpatizaban con ese movimiento.

Los movimientos sociales de izquierda se oponían a la política de los Estados Unidos, a la guerra de Vietnam y sobre todo a la repartición del poder en Italia ya que, a pesar de disponer de una importante mayoría en el parlamento, el PCI no había recibido ningún ministerio y se le mantenía así al margen del gobierno. La derecha italiana estaba perfectamente conciente de que aquello constituía una injusticia flagrante y una violación de los principios básicos de la democracia.

Fue en aquel contexto de guerra fría y de lucha por el poder que los extremistas recurrieron al terrorismo en Europa Occidental. A la extrema izquierda, los grupos terroristas más notorios fueron los comunistas italianos de las Brigadas Rojas así como la Rote Armee Fraktion alemana o RAF (Fracción Ejército Rojo). Fundadas por varios estudiantes de la universidad de Trento que no tenían ningún conocimiento en cuanto a técnicas de combate, las Brigadas Rojas contaban entre sus miembros a Margherita Cagol, Alberto Franceschini y Alberto Curcio.

Al igual que los miembros de la RAF, éstos estaban convencidos de la necesidad de recurrir a la violencia para cambiar la estructura del poder vigente, que les parecía injusto y corrupto. Al igual que las acciones de la RAF, las de las Brigadas Rojas no tenían como blanco a la población civil sino a determinados individuos que consideraban representantes del «aparato del Estado», como banqueros, generales y ministros, a los que secuestraban y a menudo asesinaban. Las acciones de las Brigadas Rojas, que tuvieron lugar principalmente en la Italia de los años 1970, dejaron 75 muertos.

Debido a su poca capacidad estratégica y militar y a su inexperiencia, los miembros de las Brigadas Rojas acabaron siendo arrestados mediante redadas, y posteriormente juzgados y encarcelados.
Al otro extremo del tablero político de la guerra fría, la extrema derecha también recurrió a la violencia. En Italia, su red incluía a los soldados clandestinos del Gladio, los servicios secretos militares y organizaciones fascistas como Ordine Nuovo. Al contrario del que practicaba la izquierda, el objetivo del terrorismo de derecha era sembrar el terror en todas las capas de la sociedad mediante atentados dirigidos contra grandes multitudes y destinados a provocar la mayor cantidad posible de muertos para acusar posteriormente a los comunistas.

El juez Casson logró determinar que el drama de Peteano formaba parte de ese esquema y entraba en el marco de una serie de crímenes que había comenzado en 1969. Durante aquel año 4 bombas habían estallado poco antes de la Navidad en varios lugares públicos de Roma y Milán. El saldo había sido de 16 muertos y 80 heridos, en su mayoría campesinos que iban a depositar en el Banco Agrícola de la Piazza Fontana de Milán lo que habían recaudado en el día a través de sus ventas en el mercado. Conforme a una estrategia maquiavélica, la responsabilidad de aquella masacre fue atribuida a los comunistas y a la extrema izquierda, se escamotearon las pistas y se realizó inmediatamente una ola de arrestos.

La población en su conjunto tenía muy pocas posibilidades de descubrir la verdad ya que los servicios secretos militares se esforzaron por enmascarar el crimen. En Milán, una de las bombas no había llegado a estallar, debido al mal funcionamiento del mecanismo de relojería, pero en los primeros actos de disimulación, los servicios secretos la hicieron estallar en el lugar de los hechos y varios componentes de artefactos explosivos fueron depositados en la casa de Giangiacomo Feltrinelli, célebre editor conocido por sus opiniones de izquierda. [3]

«Según las estadísticas oficiales, entre el 1º de enero de 1969 y el 31 de diciembre de 1987 se registraron 14 591 actos de violencia con motivos políticos», afirma el senador Giovanni Pellegrino, presidente de la Comisión Investigadora Parlamentaria sobre Gladio y el terrorismo, al recordar la violencia del contexto político de aquel periodo de la historia reciente de Italia. «Quizás no resulta inútil recordar que aquellas “acciones” causaron la muerte a 491 personas así como heridas y mutilaciones a otras 1 181.

Cifras dignas de una guerra, sin parangón en Europa.» [4] Después de los atentados de la Piazza Fontana, en 1969, y de Peteano, en 1972, otros actos de terrorismo volvieron a ensangrentar el país. El 28 de mayo de 1974, en Brescia, una bomba dejó 8 muertos y 102 heridos entre los participantes en una manifestación antifascista. El 4 de agosto de 1974, un atentado a bordo del tren «Italicus Express», que enlaza Roma con Munich, mató a 12 personas e hirió a 48. El punto culminante de aquella ola de violencia se produjo en una soleada tarde, el 2 de agosto de 1980, en el día de la fiesta nacional de Italia, cuando una explosión de gran potencia devastó el salón de espera de los pasajeros de segunda clase en la estación de trenes de Bolonia, matando a 85 personas e hiriendo o mutilando a otras 200. La masacre de Bolonia es uno de los mayores atentados terroristas que haya sufrido Europa en todo el siglo 20 [5].

Contrariamente a los miembros de las Brigadas Rojas, que acabaron todos en la cárcel, los terroristas de extrema derecha lograron escapar después de cada atentado ya que, como señala Vinciguerra con toda razón, todos gozaron de la protección del aparato de seguridad y de los servicios secretos del ejército italiano. Años más tarde, cuando al fin se estableció el vínculo entre el atentado de la Piazza Fontana y la derecha italiana, se le preguntó a Franco Freda, miembro de Ordine Nuovo, si al cabo del tiempo creía haber sido manipulado por personajes que ocupaban altos cargos, generales o ministros.

Freda, admirador declarado de Hitler, que había publicado Mein Kampf en italiano gracias a su pequeña estructura personal de edición, respondió que, según sus conceptos, todo el mundo es más o menos manipulado: «Todos somos manipulados por otros más poderosos que nosotros», declaró el terrorista. «En lo que me concierne, admito haber sido una marioneta movida por ideas pero en ningún caso por los hombres de los servicios secretos, ni aquí [en Italia] ni en el extranjero. En otros términos, yo mismo escogí mi lucha y la desarrollé según mis ideas. Eso es todo.» [6]

En marzo de 2001, el general Giandelio Maletti, ex jefe del contraespionaje italiano, dejó entrever que además de la de la red clandestina Gladio, de los servicios secretos militares italianos y de un grupúsculo de terroristas de extrema derecha, las matanzas que desacreditaron a los comunistas italianos recibieron también la aprobación de la Casa Blanca y de la CIA. Al comparecer como testigo en el juicio contra los terroristas de extrema derecha acusados de estar implicados en los atentados de la Piazza Fontana, Maletti declaró: «La CIA, siguiendo las directivas de su gobierno, quería crear un nacionalismo italiano capaz de obstaculizar lo que consideraba un deslizamiento hacia la izquierda y, con ese objetivo, pudo utilizar el terrorismo de extrema derecha.» (…) «Uno tenía la impresión de que los americanos estaban dispuestos a todo para impedir que Italia se inclinara hacia la izquierda», explicó el general, antes de agregar: «No olviden que era Nixon quien estaba a la cabeza del gobierno y Nixon no era un tipo cualquiera, [era] un político muy hábil pero un hombre de métodos poco ortodoxos.» Retrospectivamente, el general de 79 años expresó críticas y amargura: «Italia fue tratada como una especie de protectorado. Me avergüenza que todavía estemos siendo objeto de un control especial.» [7]

Durante las décadas de 1970 y 1980, el parlamento italiano, en cuyo seno los partidos comunista y socialista ostentaban una parte importante del poder, manifestó creciente inquietud ante aquella ola visiblemente interminable de crímenes que ensangrentaban el país sin que se lograra identificar a los autores ni a quienes los ordenaban.

Aunque ya en aquel entonces circulaban entre la izquierda italiana los rumores de que aquellos misteriosos actos de violencia eran una forma de guerra secreta que Estados Unidos había desencadenado contra los comunistas italianos, no existían pruebas que permitiesen probar aquella teoría que parecía traída por los pelos. Sin embargo, en 1988 el Senado italiano creo una comisión parlamentaria especial de investigación presidida por el senador Libero Gualteri, comisión cuyo nombre era más que elocuente: «Comisión parlamentaria del Senado italiano encargada de investigar sobre el terrorismo en Italia y las razones por las cuales los individuos responsables de las matanzas no han podido ser identificados: El terrorismo, los atentados y el contexto político-histórico.» [8]

El trabajo de la comisión resultó extremadamente difícil. Los testigos se negaban a declarar. Hubo documentos destruidos. La propia comisión, que se componía de representantes de los partidos de izquierda y de derecha, se dividió al abordar la cuestión de la verdad histórica en Italia y en lo tocante a las conclusiones que debían ser o no reveladas al público.

El juez Felice Casson revela la existencia de una red clandestina creada por la OTAN. Oficialmente creada para proteger a los Estados miembros, la OTAN es en realidad un protectorado anglosajón. Washington y Londres no vacilaron en ordenar atentados terroristas en Italia para falsear el juego de la democracia.

Al mismo tiempo, basándose en el testimonio de Vincenzo Vinciguerra –el terrorista de Peteano– y en los documentos que había descubierto, el juez Casson comienza a entrever la naturaleza de la compleja estrategia militar que se había utilizado. Comprende poco a poco que no se trataba simplemente de terrorismo sino de terrorismo de Estado, financiado con el dinero de los contribuyentes. Obedeciendo a una «estrategia de la tensión», el objetivo de los atentados era instaurar un clima de tensión en el seno de la población.

La extrema derecha y sus partidarios en el seno de la OTAN temían que los comunistas italianos adquiriesen demasiado poder y es por ello que, en un intento de «desestabilizar para estabilizar», los soldados clandestinos de los ejércitos del Gladio perpetraban aquellos atentados, que atribuían después a la izquierda. «Para los servicios secretos, el atentado de Peteano era parte de lo que se llamó “la estrategia de la tensión” », explicó públicamente el juez Casson en un reportaje de la BBC dedicado al Gladio. «O sea, crear un clima de tensión para estimular en el país las tendencias socio-políticas conservadoras y reaccionarias.

A medida que se aplicaba esta estrategia en el terreno, se hacía necesario proteger a los instigadores ya que comenzaban a aparecer pruebas de su implicación. Los testigos ocultaban ciertas informaciones para proteger a los extremistas de derecha.» [9] Vinciguerra, un terrorista que, al igual que otros que habían estado en contacto con la rama Gladio de los servicios secretos militares italianos, fue muerto por causa de sus convicciones políticas, declaró: «Había que actuar contra los civiles, contra la gente del pueblo, contra las mujeres, los inocentes, los anónimos desvinculados de todo juego político. La razón era muy simple. Se suponía que tenían que forzar a aquella gente, al pueblo italiano, a recurrir al Estado para pedir más seguridad. A esa lógica política obedecían todos esos asesinatos y todos esos atentados que siguen sin castigo porque el Estado no puede inculparse a sí mismo ni confesar su responsabilidad en lo sucedido.» [10]

El horror de ese diabólico plan sólo va apareciendo, sin embargo, de forma progresiva y quedan aún muchos secretos por revelar hoy en día. Además, el paradero de todos los documentos originales sigue siendo desconocido. «Después del atentado de Peteano y de todos los demás que siguieron», declaró Vinciguerra en el juicio que se hizo en su contra, en 1984, «nadie debiera dudar ya de la existencia de una estructura activa y clandestina, capaz de elaborar en la sombra ese tipo de estrategia de matanzas». Una estructura que, según el propio Vinciguerra, «está imbricada en los propios órganos del poder.

Existe en Italia una organización paralela a las fuerzas armadas, que se compone de civiles y de militares y de vocación antisoviética, o sea destinada a organizar la resistencia contra una eventual ocupación del suelo italiano por parte del Ejército Rojo.» Sin mencionarlo por su nombre, ese testimonio confirmó la existencia del Gladio, el ejército secreto y stay-behind creado por orden de la OTAN. Vinciguerra lo describió como «una organización secreta, una superorganización que dispone de su propia red de comunicaciones, de explosivos y de hombres entrenados para utilizarlos». El terrorista reveló que esa «superorganización, a falta de invasión soviética, recibió de la OTAN la orden de luchar contra un deslizamiento del poder hacia la izquierda en el país. Y eso fue lo que hicieron, con el apoyo de los servicios secretos del Estado, del poder político y del ejército.» [11]

Más de 20 años han transcurrido desde el revelador testimonio del terrorista arrepentido que, por vez primera en la historia italiana, estableció un vínculo entre la red stay-behind Gladio, la OTAN y los atentados con bombas que enlutaron el país. Y sólo ahora, al cabo de todos estos años, después de la confirmación de la existencia del ejército secreto y del descubrimiento de los escondites de armas y de explosivos, los investigadores e historiadores logran interpretar por fin el sentido de las palabras de Vinciguerra.

Pero, ¿son dignas de crédito las palabras de ese hombre? Los hechos que se produjeron después del juicio parecen indicar que sí. El ejército secreto fue descubierto en 1990 y, como para confirmar indirectamente que Vinciguerra había dicho la verdad, el apoyo del que había gozado hasta aquel entonces por parte de las altas esferas le fue bruscamente retirado. Contrariamente a lo sucedido con otros terroristas de extrema derecha, que habían sido puestos en libertad después de haber colaborado con los servicios secretos italianos, Vinciguerra fue condenado a cadena perpetua. Pero Vinciguerra no fue el primero en revelar la vinculación entre el Gladio, la OTAN y los atentados.

Tampoco fue el primero en hablar de la conspiración del Gladio en Italia. En 1974, durante una investigación sobre el terrorismo de extrema derecha, el juez de instrucción Giovanni Tamburino había sentado un precedente al inculpar al general Vito Miceli, el jefe del SID, los servicios secretos militares italianos, por haber «promovido, instaurado y organizado, con la ayuda de otros cómplices, una asociación secreta que agrupaba civiles y militares y cuyo objetivo era provocar una insurrección armada para modificar ilegalmente la Constitución y la composición del gobierno». [12]

El 17 de noviembre de 1974, durante su propio juicio, el general Miceli, ex responsable del Buró de Seguridad de la OTAN, reveló, furioso, la existencia del ejército Gladio y lo describió como una rama especial del SID: «¿Disponía yo de un superSID a mis órdenes? ¡Por supuesto! Pero no lo monté yo mismo para tratar de dar un golpe de Estado. ¡No hice más que obedecer las órdenes de Estados Unidos y la OTAN!» [13]

Gracias a los sólidos contactos que tenía del otro lado del Atlántico, Miceli no salió malparado. Fue liberado bajo fianza y pasó 6 meses en un hospital militar. Hubo que esperar 16 años más hasta que, bajo la presión de los descubrimientos del juez Casson, el primer ministro italiano Andreotti revelara ante el parlamento italiano la existencia de la red Gladio. Al enterarse, Miceli montó en cólera. Poco antes de su muerte, en octubre de 1990, Miceli no pudo seguir conteniéndose: «¡Yo fui a la cárcel porque me negaba a revelar la existencia de esta superorganización secreta y ahora Andreotti se para delante del parlamento y lo cuenta todo!» [14]

En la cárcel, Vinciguerra, el que había puesto la bomba de Peteano, explicó al juez Casson que, en su misión de debilitamiento de la izquierda italiana, los servicios secretos militares y la red Gladio habían contado con la ayuda no sólo de Ordine Nuovo sino también de otras organizaciones de extrema derecha muy conocidas, como Avanguardia Nazionale: «Detrás de los terroristas había mucha gente que actuaba en la sombra, gente que pertenecía o colaboraba con el aparato de seguridad.

Yo afirmo que todos los atentados perpetrados después de 1969 eran parte de una misma estrategia.» Vinciguerra, miembro de Ordine Nuovo, contó como él mismo y sus camaradas de extrema derecha habían sido reclutados para ejecutar las acciones más sangrientas con el ejército secreto Gladio: «Avanguardia Nazionale, al igual que Ordine Nuovo, eran movilizados en el marco de una estrategia anticomunista que no emanaban de grupúsculos que gravitaban en las esferas del poder sino del poder mismo y que formaba parte de las relaciones de Italia con la alianza atlántica.» [15]

El juez Casson se alarmó ante aquellas revelaciones. Para erradicar la gangrena que carcomía el Estado siguió la pista del misterioso ejército clandestino Gladio que había manipulado la clase política durante la guerra fría y, en enero de 1990, pidió permiso a las más altas autoridades del país para extender sus investigaciones a los archivos de los servicios secretos militares, le Servizio Informazioni Sicurezza Militare (SISMI), nuevo nombre del SID desde 1978.

En julio de aquel mismo año, el primer ministro Giulio Andreotti lo autorizó a consultar los archivos del Palazzo Braschi, sede del SISMI en Roma. El magistrado descubrió allí, por vez primera, documentos que demostraban la existencia en Italia de un ejército secreto cuyo nombre de código era Gladio, que estaba a las órdenes de los servicios secretos militares y cuyo objetivo era la realización de operaciones de guerra clandestina.

Casson encontró también documentos que demostraban la implicación de la alianza militar más grande del mundo, la OTAN, y de la última superpotencia existente, Estados Unidos, en los actos de subversión así como sus vínculos con la red Gladio y con grupúsculos terroristas de extrema derecha en Italia y en toda Europa occidental. Para el juez Casson, el hecho de disponer de tales informaciones representaba un peligro, cosa de la cual él estaba enteramente conciente ya que en el pasado otros magistrados italianos que sabían demasiado habían sido asesinados en plena calle: «Desde julio hasta octubre de 1990, yo fui el único que sabía [de la Operación Gladio], lo cual podía acarrearme una desgracia.» [16]

Pero la temida desgracia no tuvo lugar y Casson logró resolver el misterio. Basándose en los datos que había descubierto se puso en contacto con la comisión parlamentaria que presidía el senador Libero Gualteri, encargada de investigar sobre los atentados terroristas. Gualteri y sus pares se inquietaron ante los descubrimientos que les comunicó el magistrado y reconocieron que había que agregarlos al trabajo de la comisión ya que explicaban el origen de los atentados y las razones por las cuales se habían mantenido impunes durante tantos años. El 2 de agosto de 1990, los senadores ordenaron al jefe del ejecutivo italiano, el primer ministro Giulio Andreotti, «informar en 60 días al parlamento sobre la existencia, la naturaleza y el objetivo de una estructura clandestina y paralela sospechosa de haber operado en el seno de los servicios secretos militares con el fin de influir en la vida política del país». [17]

Al día siguiente, el 3 de agosto, el primer ministro Andreotti se presentó ante la comisión parlamentaria y, por primera vez desde 1945, confirmó, como miembro en funciones del gobierno italiano, que una organización de seguridad que actuaba bajo las órdenes de la OTAN había existido en Italia. Andreotti se comprometió ante los senadores a entregarles un informe escrito sobre aquella organización en un plazo de 60 días: «Presentaré a esta comisión un informe muy detallado que he pedido al ministerio de Defensa. [El informe] tiene que ver con las operaciones preparadas por iniciativa de la OTAN ante la hipótesis de una ofensiva contra Italia y la ocupación de la totalidad del territorio italiano o de una parte del mismo. Según lo que me han indicado los servicios secretos, esas operaciones se desarrollaron hasta 1972. Se decidió entonces que ya no eran indispensables. Proporcionaré a la comisión toda la documentación necesaria, tanto sobre el tema en general como sobre los descubrimientos del juez Casson en el marco de las investigaciones sobre el atentado de Peteano.» [18]

Giulio Andreotti, que tenía 71 años en el momento de la audiencia, no era un testigo cualquiera. Su comparencia ante la comisión le dio la oportunidad de sumergirse nuevamente en su larguísima carrera política, probablemente sin equivalente en Europa occidental. A la cabeza del partido demócrata-cristiano (Democrazia Cristiana Italiana o DCI), que actuó durante toda la guerra fría como baluarte contra el PCI, Andreotti gozaba del apoyo de Estados Unidos. Conoció personalmente a todos los presidentes estadounidenses y, a los ojos de muchos observadores italianos y extranjeros, fue el político más influyente de la Primera República Italiana (1945-1993).


Al cabo de décadas de manipulación de la democracia, Giulio Andreotti recupera la memoria.

A pesar de la poca duración que caracterizó a los gobiernos de la frágil Primera República italiana, la habilidad de Andreotti le permitió mantenerse en el poder gracias a numerosas coaliciones convirtiéndose así en un personaje inevitable en el Palazzo Chigi, la sede del gobierno italiano. Nacido en Roma en 1919, Andreotti se convirtió en ministro del Interior a los 35 años antes de imponer un verdadero record al ocupar 7 veces el sillón de primer ministro y obtener sucesivamente no menos de 21 carteras ministeriales, entre ellas la de ministro de de Relaciones Exteriores, que le fue confiada 7 veces. Sus partidarios lo comparaban con Julio Cesar y lo llamaban el «Divino Giulio» mientras que sus detractores lo veían como el arquetipo del tramposo y lo llamaban «el Tío». Se cuenta que su película de gángsters preferida era Goodfellas, por la frase de Robert De Niro: «No delates nunca a tus socios y evita hablar de más». La mayoría de los observadores están de acuerdo en que fue su talento como estratega lo que permitió que el Divino Giulio lograra sobrevivir a las numerosas fechorías e intrigas del poder en las que muy a menudo estuvo directamente implicado. [19]

Al revelar la existencia de la Operación Gladio y de los ejércitos secretos de la OTAN, «El Tío» había decidido finalmente romper la ley del silencio. Al derrumbarse la Primera República, al final de la guerra fría, el poderoso Andreotti, que no era ya más que un anciano, fue arrastrado ante numerosos tribunales acusado de haber manipulado las instituciones políticas, de haber colaborado con la mafia y de haber ordenado en secreto el asesinato de opositores políticos. «La justicia italiana se ha vuelto loca», exclamó en noviembre de 2002 el primer ministro Silvio Berlusconi cuando la Corte de Apelación de Perugia condenó a Andreotti a 24 años de cárcel.

Mientras que los jueces recibían amenazas de muerte y había que ponerlos bajo protección policial, los canales de televisión interrumpían la transmisión del fútbol para anunciar que Andreotti había sido encontrado culpable de haber encargado al padrino de la mafia Gaetano Badalamenti el asesinato, en 1979, del periodista de investigación Mino Pirelli para evitar que se supiera la verdad sobre el asesinato del presidente de la República Italiana, el demócrata-cristiano Aldo Moro. La iglesia católica trató de salvar la reputación del Divino Giulio. Ante la gravedad de los hechos, el cardenal Fiorenzo Angelini declaró: «Jesucristo también fue crucificado antes de resucitar». A pesar de todo, Andreotti no acabó sus días tras las rejas. Los veredictos en su contra fueron anulados en octubre de 2003 y «El Tío» fue puesto nuevamente en libertad.

Durante sus primeras revelaciones sobre la Operación Gladio ante los senadores italianos, el 3 de agosto de 1990, Andreotti puso especial énfasis en precisar que «esas operaciones prosiguieron hasta 1972» para protegerse a sí mismo de posibles repercusiones. En efecto, en 1974, cuando era ministro de Defensa, el propio Andreotti había declarado oficialmente en el marco de una investigación sobre varios atentados cometidos por la extrema derecha: «Yo afirmo que el jefe de los servicios secretos descartó varias veces de forma explícita la existencia de una organización secreta de cualquier naturaleza o envergadura». [20] En 1978, Andreotti también había prestado testimonio en el mismo sentido ante los jueces que investigaban el atentado perpetrado en Milán por la extrema derecha.

Cuando la prensa italiana reveló que el ejército secreto Gladio, lejos de haber sido disuelto en 1972, seguía estando activo, la mentira de Andreotti no pudo seguir sosteniéndose. Durante las semanas siguientes, en agosto y septiembre de 1990, contrariamente a lo que acostumbraba a hacer, el primer ministro se comunicó profusamente con el extranjero, trató de ponerse en contacto con numerosos embajadores y se entrevistó con ellos. [21] Como el apoyo internacional tardaba en llegar, Andreotti, que temía por su cargo, pasó a la ofensiva y trató de subrayar la importancia del papel de la Casa Blanca y de otros muchos gobiernos de Europa occidental que no sólo habían conspirado en la guerra secreta contra los comunistas sino que habían participado en ella activamente. Al tratar de dirigir la atención hacia la implicación de otros países, Andreotti recurrió a una estrategia eficaz aunque bastante arriesgada.

El 18 de octubre de 1990, Andreotti envió urgentemente un mensajero del Palazzo Chigi a la Piazza San Macuto, donde sesionaba la comisión parlamentaria. El mensajero entregó al secretario de recepción del Palazzo Chigi el informe titulado «Un SID paralelo – El caso Gladio». Un miembro de la comisión parlamentaria, el senador Roberto Ciciomessere, supo por casualidad que el informe de Andreotti había sido entregado y que estaba en manos del secretario del Palazzo Chigi. Al echar un vistazo al texto, el senador quedó grandemente sorprendido al comprobar que Andreotti no se limitaba a proporcionar una descripción de la Operación Gladio sino que, en contradicción con su propia declaración del 3 de agosto, reconocía que la organización seguía estando activa.

El senador Ciciomessere pidió una fotocopia del informe, que le fue denegada con el pretexto que, según el procedimiento en vigor, el presidente de la comisión, el senador Gualtieri, tenía que ser el primero en conocer el contenido del informe. Pero el senador Gualtieri nunca llegó a leer aquella primera versión del informe de Andreotti sobre la red Gladio. Tres días después, cuando iba a guardarlo en su portadocumentos para llevarlo a su casa y leerlo allí durante el fin de semana, Gualtieri recibió una llamada del primer ministro informándole que éste necesitaba inmediatamente el informe «para volver a trabajar algunos pasajes».

Gualtieri sintió cierta incomodidad, pero finalmente aceptó de mala gana devolver el documento al Palazzo Chigi, luego de hacer varias fotocopias del mismo. [22] Los métodos poco habituales a los que recurrió Andreotti provocaron un escándalo en toda Italia y no hicieron más que agravar las sospechas. Los periódicos publicaron titulares como «Operación Giulio», en referencia a la Operación Gladio, y entre 50 000 y 400 000 ciudadanos indignados, inquietos y furiosos participaron, respondiendo al llamado del PCI, en una marcha por el centro de Roma, una de las manifestaciones más importantes de aquel periodo, bajo la consigna «Queremos la verdad». Algunos desfilaron disfrazados de gladiadores. En la Piazza del Popolo, el líder del PCI, Achille Occhetto, anunció a la multitud que aquella marcha obligaría al gobierno a revelar las tenebrosas verdades que había mantenido en secreto durante tantos años: «Estamos aquí para obtener la verdad y transparencia». [23]

El 24 de octubre, el senador Gualteri tuvo de nuevo en su poder el informe de Andreotti sobre el «SID paralelo». Dos páginas habían desaparecido y esta versión final ya no tenía más que 10. El parlamentario la comparó con las fotocopias de la primera versión y notó inmediatamente que varios fragmentos sensibles sobre las conexiones internacionales y la existencia de organizaciones similares en el extranjero habían sido suprimidos. Además, todas las menciones relativas a la organización secreta, que anteriormente aparecían en presente, lo cual sugería que seguían existiendo, aparecían ahora en pasado. Estaba claro que la estrategia de Andreotti consistente en enviar un documento y recuperarlo después para modificarlo antes de reenviarlo de nuevo no podía engañar a nadie.

Los observadores coincidieron en que aquella manobra atraería obligatoriamente la atención hacia los fragmentos eliminados, o sea sobre la dimensión internacional del caso, lo cual tendría como resultado que se disminuyera la culpabilidad del primer ministro. Sin embargo, la ayuda del extranjero no llegó.

En la versión final de su informe, Andreotti explicaba que Gladio había sido concebido en los países miembros de la OTAN como una red clandestina de resistencia destinada a luchar contra una posible invasión soviética. Al terminar la guerra, los servicios secretos del ejército italiano, el Servizio di Informazioni delle Forze Armate (SIFAR), predecesor del SID, había firmado con la CIA «un acuerdo sobre “la organización de la actividad de una red clandestina postinvasión”, acuerdo designado con el nombre de Stay Behind, en el que se renovaban todos los compromisos anteriores que implicaban a Italia y Estados Unidos».

La cooperación entre la CIA y los servicios secretos militares italianos, como precisaba Andreotti en su informe, se encontraba bajo la supervisión y la coordinación de los centros encargados de las operaciones de guerra clandestina de la OTAN: «Una vez que se constituyó esa organización secreta de resistencia, Italia estaba llamada a participar (…) en las tareas del CPC (Clandestine Planning Committee), fundado en 1959, que operaba en el seno del [Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), el cuartel general de las potencias europeas de la OTAN (...); en 1964, los servicios secretos italianos se integraron también al ACC (Allied Clandestine Committee).» [24]

El ejército secreto Gladio, como reveló Andreotti, disponía de considerable armamento. El equipamiento proporcionado por la CIA había sido enterrado en 139 escondites distribuidos en bosques, campos e incluso en iglesias y cementerios. Según las explicaciones del primer ministro italiano, esos arsenales contenían «armas portátiles, municiones, explosivos, granadas de mano, cuchillos, dagas, morteros de 60 mm., fusiles sin retroceso calibre 57, fusiles con mirillas telescópicas, transmisores de radio, prismáticos y otros tipos de equipamiento diverso» [25] Además de las protestas de la prensa y de la población contra las acciones de la CIA y la corrupción del gobierno, las escandalosas revelaciones de Andreotti también dieron lugar a una verdadera fiebre en la búsqueda de escondites de armas.

El padre Giuciano recuerda el día en que los periodistas invadieron su iglesia en busca de los secretos enterrados del Gladio, movidos por intenciones ambiguas: «Me avisaron después del mediodía cuando dos periodistas de Il Gazzettino vinieron a preguntarme si yo sabía algo sobre depósitos de municiones aquí, en la iglesia. Empezaron a cavar en este lugar y rápidamente encontraron dos cajas. Pero el texto indicaba buscar también a unos 30 centímetros de la ventana. Así que retomaron sus excavaciones por allí. Apartaron una de las cajas ya que contenía una bomba de fósforo. Los carabineros salieron mientras que dos expertos abrían la caja. Todavía había otra más, que contenía dos metralletas. Todas las armas estaban nuevas, en perfecto estado. Nunca habían sido utilizadas.» [26]

En contradicción con lo que el terrorista Vinciguerra había indicado en los años 1980, Andreotti afirmaba insistentemente que los servicios secretos militares italianos y los miembros de Gladio no tenían absolutamente nada que ver con la ola de atentados que se había producido en Italia. Según Andreotti, antes de ser reclutado, cada miembro de Gladio era sometido a exámenes intensivos y tenía que «ajustarse rigurosamente» a la ley que regía el funcionamiento de los servicios secretos con el fin de probar su «fidelidad absoluta a los valores de la Constitución republicana antifascista».

El procedimiento tenía también como objetivo garantizar la exclusión de todo aquel que ocupara alguna función administrativa o política. Además, según afirmaba también Andreotti, la ley estipulaba que «los elementos preseleccionados no tuviesen antecedentes penales, no tuviesen ningún compromiso de tipo político y no participaran en ningún tipo de movimiento extremista». Al mismo tiempo, Andreotti señalaba que los miembros de la red no podían declarar ante la justicia y que sus identidades así como otros detalles sobre el ejército secreto eran secreto militar. «La Operación, debido a sus modalidades concretas de organización y de acción –tal y como estaban previstas por las directivas de la OTAN e integradas en su estructura específica– debe prepararse y ejecutarse en el más absoluto secreto.» [27]
Las revelaciones de Andreotti sobre el «SID paralelo» sacudieron Italia. A muchos les costaba aceptar la idea de un ejército secreto dirigido por la CIA y la OTAN en Italia y en el extranjero. ¿Podía ser legal una estructura de ese tipo? El diario italiano La Stampa fue particularmente duro: «Ninguna razón de Estado puede justificar que se mantenga, que se cubra o se defienda una estructura militar secreta compuesta de elementos reclutados en base a criterios ideológicos –dependiente o, como mínimo, bajo la influencia de una potencia extranjera– y que sirva de instrumento para un combate político. No existen, para calificar eso, palabras que no sean alta traición o crimen contra la Constitución.» [28]

En el senado italiano, representantes del Partido Verde, del Partido Comunista y del Partido de los Independientes de Izquierda acusaron al gobierno de haber utilizado las unidades de Gladio para practicar una vigilancia territorial y perpetrar atentados terroristas con el objetivo de condicionar el clima político. Pero el PCI estaba sobre todo convencido de que, desde el comienzo de la guerra fría, el verdadero blanco de la red Gladio no había sido un ejército extranjero sino los propios comunistas italianos. Los observadores subrayaban que «con ese misterioso SID paralelo, fomentado para contrarrestar un imposible golpe de Estado de la izquierda, estuvimos corriendo sobre todo el peligro de vernos expuestos a un golpe de Estado de la derecha (…) No podemos creer eso (…), que ese superSID haya sido aceptado como una herramienta militar destinada a operar “en caso de una ocupación enemiga”. El único verdadero enemigo fue y ha sido siempre el partido comunista italiano, o sea un enemigo interno.» [29]

Decidido a no asumir sólo aquella responsabilidad, el primer ministro Andreotti se presentó ante el parlamento italiano, el mismo día que entregó su informe final sobre Gladio, y declaró: «A cada jefe de gobierno se le informaba la existencia de Gladio». [30] Sumamente embarazosa, esa declaración comprometió entre otros a los ex primeros ministros, como el socialista Bettino Craxi (1983-1987); Giovanni Spadolini del Partido Republicano (1981-1982), entonces presidente del senado; Arnaldo Forlani (1980-1981), quien era en 1990 secretario de la DCI; y Francesco Cossiga (1978-1979), en aquel entonces presidente de la República.

Al verse de pronto en el ojo de la tormenta, debido a las revelaciones de Andreotti, las reacciones de estos altos dignatarios fueron confusas. Craxi afirmaba que nunca se le había informado la existencia de Gladio, hasta que le pusieron delante un documento sobre Gladio firmado de su puño y letra en la época en que él era primer ministro. Spadolini y Forlani sufrieron similares ataques de amnesia, pero también tuvieron que retractarse de sus declaraciones iniciales. Spadolini provocó la hilaridad de todo el mundo al precisar que había que distinguir entre lo que él sabía como ministro de Defensa y lo que le informaban como primer ministro. Francesco Cossiga, presidente de la República desde 1985, fue el único que reconoció plenamente su papel en la conspiración.

Durante una visita oficial en Escocia, anunció que estaba incluso «feliz y orgulloso» de haber contribuido a la creación del ejército secreto como encargado de asuntos de Defensa en el seno de la DCI, en los años 1950. [31] Declaró que todos los miembros de Gladio eran buenos patriotas y se expresó en los siguientes términos: «Yo considero como un gran privilegio y una prueba de confianza (…) el haber sido escogido para esa delicada tarea (…) Tengo que decir que estoy orgulloso de que hayamos podido guardar ese secreto durante 45 años.» [32] Al abrazar así la causa de la organización implicada en actos de terrorismo, el presidente tuvo que enfrentar, a su regreso a Italia, una tempestad política y exigencias de renuncia y de destitución por alta traición provenientes de todos los partidos. El juez Casson tuvo la audacia de llamarlo a comparecer como testigo ante la comisión investigadora del senado.

Pero el presidente, que visiblemente ya no estaba tan «feliz», se negó de forma colérica y amenazó con cerrar toda la investigación parlamentaria sobre Gladio: «Reenviaré al parlamento el acta que extiende sus poderes y, si [el parlamento] la aprueba de nuevo, reexaminaré el texto para determinar si reúne las condiciones para presentar un rechazo [presidencial] definitivo de su promulgación». [33] Como aquella amenaza no tenía ninguna justificación constitucional, los críticos empezaron a cuestionar la salud mental del presidente. Cossiga renunció a la presidencia en abril de 1992, 3 meses antes del término legal de su mandato. [34]

En una alocución pública pronunciada ante el senado italiano el 9 de noviembre de 1990, Andreotti subrayó nuevamente que la OTAN, Estados Unidos y numerosos países de Europa occidental, como Alemania, Grecia, Dinamarca y Bélgica, estaban implicados en la conspiración stay-behind. Como prueba de sus alegaciones, reveladores datos confidenciales fueron entregados a la prensa, la publicación política italiana Panorama divulgó íntegramente el documento El SID paralelo – El caso Gladio, que Andreotti había entregado a la comisión parlamentaria.

Cuando las autoridades francesas trataron de negar su propia implicación en la red internacional Gladio, Andreotti contestó implacablemente que Francia también había participado secretamente en la última reunión del comité director de Gladio, el ACC, que se había desarrollado en Bruselas sólo unas pocas semanas antes, los días 23 y 24 de octubre de 1990, ante lo cual, un poco incómoda, Francia tuvo que reconocer su participación en la operación. A partir de entonces, se hacía imposible desmentir la dimensión internacional de la guerra secreta y el escándalo no tardó en extenderse por toda Europa occidental.

Después, siguiendo las fronteras de los Estados miembros de la OTAN, se propagó rápidamente por Estados Unidos. La comisión del parlamento italiano encargada de investigar sobre Gladio y sobre los atentados perpetrados en su país concluyó: «Aquellas matanzas, aquellas bombas, aquellas operaciones militares fueron organizadas, instigadas o apoyadas por personas que trabajan para las instituciones italianas y, como se descubrió más recientemente, por individuos vinculados a las estructuras de la inteligencia estadounidense». [35]

(Continuará)


Daniele Ganser. Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza

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[1] Diario británico The Observer del día 18 de noviembre de 1990.

[2] Hugh O’Shaughnessy, «Gladio: Europe’s best kept secret». Se suponía que, en caso de que el Ejército Rojo invadiese Europa occidental, aquellos agentes debían permanecer tras las líneas enemigas. Pero en algunos países aquella red, creada con las mejores intenciones, se convirtió en instrumento del terrorismo y de la agitación política de extrema derecha. Diario británico The Observer, 7 de junio de 1992.

[3] Los investigadores Fabrizio Calvi y Frederic Laurent, especializados en servicios secretos, realizaron lo que constituye probablemente el mejor documental sobre el atentado de la Piazza Fontana. Piazza Fontana: Storia di un Complotto se transmitió el 11 de diciembre de 1997, a las 20h50, a través del canal público de televisión Rai Due. Una adaptación al francés, titulada L’Orchestre Noir: La Stratégie de la tension, se transmitió en 2 partes a través del canal de televisión franco-alemán Arte el martes 13 y el miércoles 14 de enero de 1998 a las 20h45. En ese documental, Fabrizio Calvi y Frederic Laurent interrogan a numerosos testigos, incluso a jueces que investigaron el caso durante años, a Guido Salvini y Gerardo D’Ambrosio, a activistas fascistas como Stefano Delle Chiaie, Amos Spiazzi, Guido Giannettini, Vincenzo Vinciguerra y el capitán Labruna, al ex primer ministro italiano Giulio Andreotti así como a Victor Marchetti y Marc Wyatt de la CIA. Este documental puede verse en DailyMotion.

[4] Fragmento del libro de Giovanni Fasanella y Claudio Sestieri con Giovanni Pellegrino: Segreto di Stato. La verità da Gladio al caso Moro (Einaudi Editore, Turin, 2000), introducción.

[5] Sobre este tema, ver: «1980: carnage à Bologne, 85 morts», Réseau Voltaire, 12 de marzo de 2004. Ndlr.

[6] Allan Francovich, Gladio: The Puppeteers. Se trata del segundo documental de una serie de 3 dedicados a Gladio por el realizador Francovich consacrés au Gladio. Transmitido en BBC2 el 17 de junio de 1992. Este documental puede verse en YouTube.

[7] Philip Willan, «Terrorists ‘helped by CIA’ to stop rise of left in Italy», publicado en el diario británico The Guardian el 26 de marzo de 2001. Willan es un especialista en materia de intervenciones secretas de Estados Unidos en Italia. Autor del libro de referencia Puppetmasters. The Political Use of Terrorism in Italy (Constable, Londres, 1991).

[8] Senato della Repubblica Italiana. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabili delle stragi: Il terrorismo, le stragi ed il contesto storico-politico. El informe final fue publicado bajo ese título en 1995.

[9] Programa informativo cotidiano británico Newsnight transmitido por BBC1 el 4 de abril de 1991.

[10] Diario británico The Observer del 7 de junio de 1992.

[11] Ed. Vulliamy, «Secret agents, freemasons, fascists… and a top-level campaign of political ‘destabilisation’: ‘Strategy of tension’ that brought carnage and cover-up» publicado en el diario The Guardian el 5 de diciembre de 1990.

[12] Publicación política británica Statewatch, enero de 1991.

[13] Jean-Francois Brozzu-Gentile, L’Affaire Gladio (Editions Albin Michel, París, 1994), p.105.

[14] Publicación política italiana Europeo del 16 de noviembre de 1990.

[15] Ed. Vulliamy, «Secret agents, freemasons, fascists... and a top-level campaign of political ‘destabilisation’: ‘Strategy of tension’ that brought carnage and cover-up», publicado en el diario británico The Guardian el 5 de diciembre de 1990.

[16] «Spinne unterm Schafsfell. In Südeuropa war die Guerillatruppe besonders aktiv – auch bei den Militärputschen in Griechenland und der Türkei?», publicado sin que se especificara un autor en la revista informativa alemana Der Spiegel, N°48, 26 de noviembre de 1990.

[17] Mario Coglitore (ed.), La Notte dei Gladiatori. Omissioni e silenzi della Repubblica (Calcusca Edizioni, Padua, 1992), p.131.

[18] Fragmento de Coglitore, Gladiatori, p.132.

[19] Ver la notable biografía de Andreotti por Regine Igel, Andreotti. Politik zwischen Geheimdienst und Mafia (Herbig Verlag, Munich,1997).

[20] Diario británico The Guardian, 5 de diciembre de 1990.

[21] Leo Muller, Gladio – das Erbe des Kalten Krieges. Der Nato-Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hamburgo, 1991), p.26.

[22] Para un recuento detallado de los hechos, ver los diarios italianos La Repubblica, Corriere della Sera y La Stampa del 24 de octubre de 1990.

[23] «50 000 seek truth about secret team», publicado sin autor específico en el diario canadiense The Toronto Star, 18 de noviembre de 1990.

[24] Franco Ferraresi, «A secret structure codenamed Gladio» en Italian Politics. A Review, 1992, p.30. Ferraresi cita directamente el documento que Andreotti envió a la comisión parlamentaria. El diario italiano L’Unita publicó la primera y la segunda versión del documento de Andreotti en una edición especial el 14 de noviembre de 1990. La traducción íntegra esta disponible en el sitio de la Red Voltaire.

[25] Ferraresi, Gladio, p.30, citas del documento de Andreotti.

[26] El padre Giuciano da su testimonio frente a la iglesia en el documental de Allan Francovich, Gladio: The Puppeteers. Segundo documental de una serie de tres que Francovich dedicó a Gladio, transmitido por BBC2 el 17 de junio de 1992.

[27] Ferraresi, Gladio, p.31, citas del documento de Andreotti.

[28] Citado por Ferraresi, Gladio, p.31.

[29] Norberto Bobbio citado por Ferraresi, Gladio, p.32.

[30] Muller, Gladio, p.27.

[31] Diario británico The Observer, 18 de noviembre de 1990.

[32] Agencia de prensa Reuters, 12 de noviembre de 1990.

[33] Ferraresi, Gladio, p.32.

[34] The Economist, 30 de marzo de 1991.

[35] «Senato della Repubblica. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabiliy delle stragi: Stragi e terrorismo in Italia dal dopoguerra al 1974. Relazione del Gruppo Democratici di Sinistra l’Ulivo. Roma junio de 2000». Philip Willan: «US ‘supported anti-left terror in Italy’. Report claims Washington used a strategy of tension in the cold war to stabilise the centre-right», publicado en el diario británico The Guardian, 24 de junio de 2000.

FUENTE:
http://www.voltairenet.org/article163083.html

lunes, 16 de noviembre de 2009

Stay behind: como controlar las democracias. Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia

Stay behind: como controlar las democracias
Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia
por Thierry Meyssan*

Encargados de instruir el caso del accidente del avión militar secreto que se estrelló en 1973 en Maghera (Irlanda del Norte) así como el atentado del coche bomba en la ciudad de Paetano (Italia), los jueces venecianos Felice Casson y Carlo Mastelloni recopilan testimonios y documentos que les permitirá de demostrar convincentemente que un gobierno secreto controló Italia desde la sombra y al margen de las instituciones oficiales.

Encargados de instruir el caso del accidente del avión militar secreto que se estrelló en 1973 en la ciudad de Maghera así como el atentado del coche bomba en la ciudad de Paetano (Italia), los jueces venecianos Felice Casson y Carlo Mastelloni recopilan testimonios y documentos que les permitirá de demostrar convincentemente que un gobierno secreto controló Italia desde la sombra y al margen de las instituciones oficiales.

Mientras que los jueces convocaban en su oficina a diferentes dirigentes políticos del país, el presidente del Concejo italiano de esa entonces, Giulio Andreotti, lanzaba públicamente el 27 de octubre 1990 «una bomba», un comunicado oficial donde autentificaba la existencia de una tal superestructura: el Gladio.


A la izquierda: Felice Casson uno de los jueces italianos encargados de investigar el caso Gladio. A la derecha: Giulio Andreotti actual presidente del parlamento italiano. Testigos mafiosos arrepentidos declararon que besó la mano al capo de la mafia italiana cuando era presidente del gobierno italiano. Acusado y perseguido por la justicia nunca se le condeno por falta de pruebas. En la foto participando al congreso de la Unión Interparlamentaria. © Foto Agencia IPI.


«Después de la Segunda Guerra Mundial, el miedo del expansionismo soviético y la inferioridad de las fuerzas de la OTAN con relación al Kominform (Pacto de Varsovia) condujeron a las naciones de Europa del Oeste a imaginar nuevas formas de defensa no convencionales, creando en sus territorios una red oculta de resistencia destinada a actuar en caso de ocupación enemiga. Su misión: recoger información, cometer actos de sabotaje, propaganda y actos de guerrilla [...] A la luz de los recientes y significativos sucesos que han trasformado la Europa del Este, [caída del muro de Berlín ndlr.] el gobierno se ha impuesto de reconsiderar todas las disposiciones en materia de guerra no ortodoxa, de promover y verificar toda iniciativa propia, tanto sobre el plano político que técnico-militar, la actual validez y la utilidad de estos sistemas de protección sobre el territorio nacional».

Las revelaciones estruendosas de Giulio Andreotti dieron motivo para que la gente se haga la lamentable pregunta: ¿a lo largo de la Guerra Fría, las democracias occidentales fueron manipuladas por los servicios especiales de la Alianza Atlántica, hasta el punto que la democracia en sí no ha sido más que una farsa, señuelo, simulación y engaño?

Para responder a esta pregunta, comisiones de investigación parlamentarias fueron creadas en Italia [1], en Suiza [2] y en Bélgica [3]. El resultado de estas investigaciones [4] era tan lamentable y lastimoso que algunos países o Estados como Francia, prefirieron hundirse en la denegación.

La existencia de estas redes de stay-behind de espionaje y de injerencia era por tanto un secreto conocido. En 1952, la prensa alemana había revelado las actividades de un grupo de extrema derecha, el Bundesdeutscherjungend, cuyos militantes fueron armados por los servicios secretos de la Alianza Atlántica (OTAN). Su misión era preparar el asesinato de los principales lideres de la izquierda en caso de una invasión soviética. La OTAN pensaba así contrarrestar el establecimiento de un gobierno "títere" impuesto por el Ejército Rojo.

La red stay-behind fue mencionada en 1976 en el informe de la comisión de investigación parlamentaria de EE.UU. sobre la CIA presidido por el senador Frank Church [5]. Informaciones más precisas fueron dadas para conocimiento público en 1978 por el antiguo jefe del stay-behind y ex director de la CIA, Wiliam Colby, en su autobiografía [6]. Numerosos detalles han sido publicados en 1982 por el coronel Alfred H. Paddok [7], antiguo comandante del 4to. Grupo de Acción Psicológica. En el mismo año 1982, el responsable de la Oficina de Investigaciones Especiales [8], John Loftus, reveló las condiciones de reclutamiento de los stay-behind entre los agentes nazis. El periodista e historiador Gianni Flamini describió sus acciones en Italia en su monumental obra [9] (1981 a 1984). Finalmente, la redefinición de las acciones del stay-behind fue oficialmente analizado durante un coloquio organizado en 1988 por el United States National Strategy Información Center (Centro Nacional de Información Estratégica de los EE.UU.) [10]. A pesar de la abundante bibliografía y documentación de este movimiento, el conjunto de dicha información está cortada y da una imagen tergiversada del sistema. Documentos del Departamento de Estado de EE.UU. desclasificados posteriormente y publicados han completado la información respectiva, dando a conocer que un dispositivo global de injerencia en la vida democrática de los países aliados. Esta red de espionaje fue mucho más amplia de lo que se pensaba, incluso los stay-behind no fueron los únicos en participar.

William Colby (1920-1996). Director de la CIA murió de manera misteriosa cuando pescaba en su bote después que se jubiló de la CIA. © Derechos DR

Rastrear la historia de la creación y formación del más secreto de los servicios secretos no sólo brinda un interés retrospectivo, sino que permite de descubrir además la cara oculta de la política occidental desde 1947. Este servicio de espionaje, cuya existencia ha sido reconocida únicamente para afirmar que perteneció al pasado, ¿no estaría aún hoy en actividad?

A pesar que se consideró que nunca había existido, ésta red de espionaje fue disuelta oficialmente tres veces: primero en 1952, más tarde en 1973 y finalmente en 1990.

¿Y si este servicio de espionaje está aún activo, manipulando escondidamente las instituciones públicas para los intereses y fines de un poder oculto? ¿Entonces las democracias occidentales no serían más que un señuelo que favorece y nutre el poder de «algunos grandes señores»...?

La creación del stay-behind

Para responder a estas preguntas, es necesario indagar en la Historia. En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, el servicio de contra espionaje estadounidense, la sección X2 de la OSS (Office of Strategic Services) fue encargada de localizar los agentes nazis dispersos después de la retirada de la Wehrmacht (ejército alemán). Los «stay-behind» son los que se quedaron atrás si traducimos literalmente del inglés, detrás de las líneas enemigas, generalmente se trataba de espías y saboteadores comandos. En vez de arrestarlos y fusilarlos, James Jesús Angleton, jefe del X2 y el general William J. Donovan director de la OSS, decidieron de recuperarlos y enrolarlos, en la mayor cantidad posible y/o lo máximo que se pudiera, para reutilizar estos agentes nazis o fascistas en la próxima Guerra Mundial, aquella que opondría el «mundo libre» al «peligro comunista» [11]. Habría que actuar rápido, antes que los movimientos de resistencia identifiquen a estos stay-behind» y los eliminen.

Esta operación comenzó en Italia con la devolución del jefe de los escuadrones de la muerte (Decima Mas). El príncipe Valerio Borghese fue uno de los primeros en revelar los nombres de sus agentes para salvarlos. Dicha operación fue llevada en todos los territorios anteriormente ocupados por el Tercer Reich. Así, los stay-behind franceses fueron identificados y reclutados cuando se operó el regreso de René Bousquet, secretario general de la policía francesa colaboracionista con Hitller. Cuando el Eje capitula, la operación fue extendida en Alemania, lo que hizo posible «recuperar» al general Reinhard Gehlen, ex jefe del servicio secreto del ejército alemán en el frente del Este. Después de diez meses de « tratamiento » en los EE.UU. llevado a cargo por Frank G. Wisner, Gehlen fue amnistiado y se le confió una nueva misión, la creación y dirección del Bundesnachrichtendienst (BND), el servicio secreto de la Alemania Federal [12].

A la izquierda: El nazi Reinhard Gehlen 1902-1979 jefe de los servicios de espionaje de Hitler en el frente soviético. Su ferocidad era legendaria, torturaba a los prisioneros para obtener la información. A la derecha: El nazi Reinhard Gehlen en su vejez. Siempre contó con el apoyo de los EE.UU.

La operación fue planificada por Allan Dulles, jefe de la estación de la OSS en Berna, Suiza. Dulles que gozaba de experiencia en su cargo y gracias a sus relaciones informales había logrado desarrollar contactos desde 1942 con las dos tendencias del partido nazi. Su objetivo era ahora, al final de la guerra, concluir una paz separada y buscar una alianza contra el comunismo [13]. Los agentes nazis, fascistas y oustachis que cumplieron funciones públicas durante la Segunda Guerra ya no podían ser empleados nuevamente por las administraciones estatales de Europa, simplemente por su pasado criminal. Toda esta gente fascista fue enviada y colocada en América Latina, donde podían ser nuevamente reutilizados. Su infiltración fue llevada a cabo con la ayuda de la Santa Sede, que compartía su lógica [anticomunista ndlr.] Trabajo realizado bajo la responsabilidad del Monseñor Giovanni Battista Montini, futuro Papa bajo el nombre de Pablo VI [14].

En Francia, la selección de los agentes de nacionalidad alemana fue llevado a cabo en el patio del internado de Coudray-Morancez, seminario del sacerdote Franz Stock [15].

El sacerdote Franz Stock en foto y estampilla, colaboró reclutando nazis para las redes de espionaje. Un trámite de beatificación ha sido iniciado en Roma. © Foto Derechos DR.

En 1946, el presidente Harry S. Truman se consagra a la reconversión de la economía y de las instituciones de guerra de los EE.UU. Tomando en cuenta las dificultades que su país encontró durante la Segunda Guerra Mundial, Truman decide de dotar a los EE.UU. de una industria de guerra y de servicios secretos permanentes. Esta decisión puede ser considerada como legitima cuando se demostró la improvisación en que se hallaba el país durante la guerra. Esta decisión toma en cuenta la enorme dificultad de reconvertir la gran maquinaria bélica en una economía de paz. Truman tuvo que resistir a fuertes presiones políticas viniendo de todos lados, para poder ratificar su decisión.

Según las preconizaciones del general William J. Donovan, director del OSS, la nueva Agencia Central de Inteligencia (CIA) comenzaría a sustituir parcialmente y poco a poco los servicios de la Marina, del Ejército de tierra y de la Secretaria de Estado. Su función no se resumiría en recoger información, sino que debía estar capacitada para actuar en el extranjero, violando así la soberanía de los Estados.

Si Truman estaba de acuerdo con la primera función de la CIA, no lo estaba con la segunda. Oficialmente, el National Security Act, fue validado por el Congreso en 1947, perennizando en tiempos de paz un dispositivo militar general que incluye una agencia de espionaje exterior, la CIA es desprovista de toda competencia para realizar «operaciones especiales».

La Organización Gehlen en Alemania y la red stay-behind en toda Europa no habrían tenido en adelante una justificación para continuar su existencia. De esta manera debieron ser desmanteladas.

Sin embargo, a la ocasión de los debates sobre las condiciones de ocupación de la Alemania vencida, la conferencia de ministros de Relaciones Exteriores en Moscú demostró que era casi imposible a los demás países del mundo, no tomar posición, obligándolos de esta manera a ubicarse geopolíticamente en el conflicto USA-URSS.

El primer país en escoger su «campo» fue Francia. Escogió el campo de los Anglo-Estadounidenses. Era el comienzo de una guerra no declarada y sin operaciones militares convencionales, la famosa «Guerra Fría».

Dando marcha atrás y de manera ilegal contra lo que fue decidido en el Congreso de EE.UU., Harry S. Truman constituye en secreto un nuevo servicio para conducir operaciones de guerra en tiempos de paz. La Organización Gehlen y la red de stay-behind son los que van a aportar los fundamentos y cimientos de esta nueva organización secreta.

La única base jurídica de las operaciones especiales es la National Security Council Directive on Office of Special Projects (NSC 10/2) del 18 de junio 1948. Este documento clasificado «top secret» fue dado a conocer públicamente solamente 50 años más tarde [16]. Esta directiva estipulaba que las operaciones de la red debían ser planificadas y conducidas bajo la autoridad de un Buró administrativo adjunto a la CIA y sólo en tiempos de guerra y en coordinación con el Estado Mayor del Ejército.

El jefe de este Buró sería nombrado por el Secretario de Estado, reconocido a su vez por el director de la CIA y confirmado en el puesto por el Concejo Nacional de Seguridad. Inicialmente este Buró disponía de una autonomía completa y no era supeditado a la CIA, a fin que pudiera beneficiar de un financiamiento legal. En caso de desacuerdo entre el Buró y el director de la CIA, o desacuerdo entre el Secretario de Estado y/o el secretario de la Defensa, el litigio debía ser resuelto únicamente por el Concejo Nacional de Seguridad.

Cada autoridad respectiva debía designar un oficial de enlace reconocido por el Buró, trasmitiéndole a esta persona toda la información necesaria a fin de preservar el secreto y la existencia del mismo. La competencia del Buró fue definida así: «Todas las actividades conducidas o apoyadas por el Gobierno [de EE.UU.] contra los Estados [países] o grupos hostiles, o los apoyos de Estados [países] o grupos amigos, deben ser planificados y ejecutados de manera que la responsabilidad de ningún Gobierno [actual y posteriores de los EE.UU.] pueda aparecer a las personas ajenas y no autorizadas, y si ellas son descubiertas, el Gobierno de los Estados Unidos pueda denegar de manera fehaciente toda responsabilidad. Precisamente, tales operaciones están involucradas en la actividad secreta y en relación con la propaganda; la guerra económica, la acción preventiva directa, que incluye el sabotaje, el anti-sabotaje, las medidas de destrucción y de infiltración; la subversión de Estados [países] hostiles, donde se incluye la asistencia a los movimientos de resistencia, a las guerrillas locales y a los grupos de liberación en el exilio; el apoyo a los elementos anticomunistas locales que se encuentren en los países amenazados del mundo libre. Estas operaciones no toman en cuenta los conflictos armados conducidos por las fuerzas armadas militares reconocidas, las del espionaje y el contraespionaje, la cobertura y el engaño llevadas por las operaciones militares».

La organización interna de la red a sido definida en un memorando secreto, redactado por el director principal del Buró y a la atención del director de la CIA [17]. Está dividido en cinco grupos funcionales:
el Grupo de guerra psicológica (prensa, radio, rumores, etc.)
el Grupo de guerra política (ayuda a la resistencia en los países comunistas, ayuda a los movimientos en el exilio, ayuda a los movimientos anticomunistas en los países libres, estímulo e incitación a los tránsfugas);
el Grupo de guerra económica (impedimento y trabas en la adquisición de materiales y de provisiones, manipulación de los mercados, mercado negro, especulación sobre las monedas, falsificación de monedas, etc.);
el Grupo de acción directa preventiva (ayuda a las guerrillas, sabotaje, contra sabotaje, destrucción, infiltración, agentes dobles, stay-behind),
el Grupo « diversos ».

Para Truman y su equipo, la nueva guerra no es de tipo convencional y no la opone los Estados Unidos a la URSS, es de naturaleza política, económica, psicológica y la enfrenta el Occidente al Comunismo. Los intereses de los EE.UU. se convierten en la defensa de los valores de sus «padres fundadores» [18], dándole así no una dimensión religiosa, sino mística a la Guerra Fría. Todos los medios debían ser movilizados y aplicados para que los Occidentales se reconozcan en el campo estadounidense, identificándose de esta manera al « mundo libre » y preparándose a sacrificarse por él.


El stay-behind fue y es una arma con un objetivo bien claro en esta cruzada. La expresión « stay-behind » fue utilizada por los servicios de espionaje británicos para designar a sus agentes secretos que se quedaron detrás de las líneas enemigas en el frente de guerra. Tenían por misión organizar una resistencia local, recibían ayuda y suministros gracias a los aviones que lanzaban en paracaídas el material, armas, aparatos de comunicación y de transmisión para tales fines. Durante la Guerra Fría, la idea de una ocupación soviética en Europa occidental favoreció la preparación logística de tal operativo. La idea era también reclutar una red similar pero a escala atlántica, con ayuda de anticomunistas acostumbrados a la acción secreta. A parte de los agentes nazis que fueron enrolados y enviados por la OSS, el Carmel Offie continuó reclutando personal en los medios de extrema derecha para apoyar la estructura estadounidense. Respecto a la facción ultramontana [19] de los católicos, los anglo-americanos llevaron a cabo un acuerdo global con la Santa Sede por intermedio del cardenal Francis Spellman.

Desarrollo del stay behind

Si los stay behind hubiesen tenido como única finalidad preparar la resistencia en caso de ocupación enemiga, cada país habría podido dotarse de una estructura semejante, de su propia iniciativa y bajo su autoridad. Pero en la medida que se consideraba que los comunistas (o simpatizantes, gente de izquierda) ocupaban ya parcialmente sobre el plano ideológico y político un lugar en Europa occidental, era indispensable que los stay behind escapen a la autoridad de los gobiernos, gobiernos que el «enemigo» podía tomar por vía electoral en cualquier momento gracias a las votaciones democráticas.

Con este razonamiento, acuerdos tripartitos fueron firmados entre los EE.UU., el Reino Unido y cada uno de sus aliados, autorizando a Washington a actuar en sus territorios, sin que lo sepan, sin su permiso y autorización, de manera que pudieran defenderlos de la infiltración comunista, incluso la perfilada por medios legales.

En 1949, los primeros acuerdos fueron integrados en un sistema multilateral donde hacían parte Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia y el Reino Unido. Todo esto estaba administrado por un comité clandestino llamado de Unión Occidental (el CCUO). Cuando se firmó el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) este sistema fue abierto a nuevos países, incluso más tarde a países geográficamente fuera del área de la OTAN. El CCUO se transformó en el Comité Clandestino de Planificación (CPC Clandestine Planning Committee), más tarde, en 1958, cambia de nombre para llamarse el Comité Aliado de Coordinación (ACC Allied Coordination Committee).

El fundamento jurídico de este dispositivo lo suministra los protocolos secretos del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a pesar que no están integrados en la Organización de la OTAN. O sea que cuando Francia se retiró de la OTAN porque así lo deseaba el célebre general Charles De Gaulle (retiro que va de 1966 a 1995), esto no implica su retiro del dispositivo secreto. La supervisión del CCUO-CPC-ACC fue asegurado por los anglo-estadounidenses, que se repartieron las zonas de influencia: los británicos controlaban Bélgica, Holanda, Luxemburgo y la península ibérica, los norteamericanos el resto. La presidencia del Comité «iba girando» entre cada país miembro.

Según el general Oswald Le Winter, antiguo oficial encargado del Gladio en el seno de la CIA, confesó que los protocolos adicionales del Tratado del Atlántico Norte estipulaba que los Estados [países] miembros renunciaban en perseguir en justicia las actividades y atentados que sus miembros realizasen. Dichos miembros eran los que componían los grupos de extrema derecha fascistas utilizados por los servicios de la organización.

Estos documentos habrían sido firmados por Robert Schuman en nombre de la Francia, cuando este era presidente del Concejo.

En los Estados Unidos, este servicio secreto al principio recibió el nombre de Buró para la Coordinación Política (OPC). Su primer director fue Frank G. Wisner [20]. Este personaje fue escogido por el Secretario de Estado, el general George Marshall en una lista que contenía seis nombres y que fue redactada [21] por su consejero George F. Keenan, el cual mantenía una estrecha relación con Allan Dulles.

Irving Brown, representante del sindicato AFL-CIO en París y Norris Chapman, diplomático con puesto en París hacían parte de la lista.

William Colby describe esa época de la siguiente manera: « Desbordando de dinamismo y de inteligencia, Wisner no ahorro sus energías y en algunos meses, con la ayuda de sus antiguos colegas del OSS, puso en funcionamiento, en el mundo entero, una nueva generación de "Templarios", encargados de defender la libertad occidental contra el oscurantismo comunista...y la guerra».

A comienzos de los años cincuenta, el general Walter B. Smith, recientemente nombrado director de la CIA, no estaba de acuerdo que el Buró permanezca en su jurisdicción solamente de manera administrativa. Smith quería que este se subordinara a su autoridad completamente. Logró obtener la fusión con la Dirección de la Planificación de la Agencia en agosto 1952. Las autoridades estadounidenses admitieron en esa ocasión que la OPC había existido y pretendieron que dicho organismo acababa de ser disuelto. No podían decir y reconocer otra cosa, ya que la fusión y las actividades de la ex OPC se mantenían ilegales.

El general Smith contó con el apoyo de Allan Dulles, antiguo jefe del OSS y hermano del Secretario de Estado John F. Dulles.

Frank G. Wisner que no logró obtener lo que deseaba, logró al menos que se le otorgara mejores condiciones, por ejemplo, se le concedió un Centro de Guerra Psicológica, que fue instalado en Fort Bragg bajo las ordenes del mayor general Robert A. McClure. Este Psychological Warfare Center recibió más tarde el nombre de Special Warfare School (1956-68), para nuevamente cambiar de nombre por el de Institute for Military Assistence (1969-83), desde 1983 se llama a este mismo centro el John F. Kennedy Special Warfare Center and School. Fort Bragg ha llegado a ser una de las bases militares más importantes en el mundo. Es allí que están estacionadas las unidades especiales de «boinas verdes».

Según el informe Church, la red contaba ya en 1952 con tres mil colaboradores, con 47 sucursales en el extranjero y de un presupuesto anual de 200 millones de dólares. Wisner revindicaba y se jactaba siempre de las hazañas de sus servicios, cómo la creación de sindicatos no comunistas en Europa (1947-50), el derrocamiento del presidente iraní Mossadegh en 1953, el del presidente Jacobo Arbenz en Guatemala (1954). Operaciones menos exitosas fueron llevadas en Albania, en Ucrania, en Polonia y en Corea [22]. Los tentáculos de la OPC se movían igualmente fuera de Europa.

En 1958, Richard M. Bissell remplazó a Frank G. Wisner. Después Richard M. Helms, Desmond Frizgerald, Thomas H. Karamessines et William E. Colby.

Desde 1968, el Comité de enlace del (CCUO-CPC-ACC) ha sido fortalecido con una nueva «articulación» llena de modalidades las más obscuras, gracias también a una reunión anual de contactos de servicios secretos europeos: el Club de Berna.

En marzo de 1973, el dispositivo fue nuevamente renovado y la Dirección tomó la denominación actual de Dirección de Operaciones. Fue dirigida por William Nelson, por William Wells, John N. McMahon, Max C. Hugel, John H. Stein, Clair E. George, Richard F. Stolz. Fue durante este periodo que las actividades del stay-behind fueron reforzadas en América latina. Una coordinación de servicios argentinos, bolivianos, chilenos, etc., fue creada en esos lugares para aterrorizar y eliminar a los líderes de la oposición. Esta coordinación contaba con el apoyo de los stay-behind españoles, franceses, portugueses, etc., para espionar y asesinar a aquellos que se fugaban de Europa. Fue por ejemplo la operación Cóndor, cuya dirección operacional fue confiada a Klaus Barbie, un nazi refugiado en Bolivia. Los responsables militares latinoamericanos del stay-behind fueron formados en los EE.UU., en la tristemente célebre Escuela de las Ameéricas (School of Americas) en Fort Bragg (Georgia). Desde 2001 esta escuela se llama Western Hemispheric Institute for Security Cooperation (WHISC) por los mismos profesores provenientes de Fort Bragg. La Escuela de las Américas fue fuertemente criticada después que se publicaron sus manuales internos de formación, dónde se demostró que cursos de tortura eran enseñados.

A la misma vez que funcionaban estas redes, el stay-behind creó una organización político-militar internacional, la logia de Propaganda Due (P2), regularmente afiliada al Gran Oriente de Italia. Ella servía de instrumento para vehicular guerra política y operaciones especiales.


Izquierda: Lucio Gelli patrón de la logia P-2. Derecha: el emblema del grupo Gladio.

Licio Gelli, el gran patrón de la P2 había sido oficial fascista de enlace entre el X2 de la OSS y la agrupación fascista Decima Mas del príncipe Valerio Borghese cuando el stay-behind estaba en curso de formación en Italia. Su logia reunía miles de personalidades del mundo político, de las fuerzas armadas, de la finanzas, de la Iglesia y del mundo de las artes, de los cuales 923 eran italianos. Gelli se convirtió en el personaje central del dispositivo atlántico al punto de ser invitado especial en las ceremonias de investidura de los presidentes estadounidenses Bush (padre), Carter y Reagan. El P2 era el puente entre los stay-behind y los agentes de otros grupos del dispositivo. Fue disuelto y sus miembros debieron enfrentar la justicia en diferentes tribunales, tanto por su implicación en las tentativas de Golpes de Estado que por su rol en la bancarrota del Banco Ambrosiano. Solo las listas de los miembros italianos y argentinos de la logia fueron publicadas.

Según nuestras informaciones, la logia P2 a sido reconstituida nuevamente bajo la cobertura de una ONG (Organización No Gubernamental) suiza de colaboración entre las ciudades del mundo. Esta asociación dispone en las Naciones Unidas de un estatuto consultativo como las grandes ONG Greenpeace y Amnistía Internacional. El hijo de Licio Gelli es el presidente y participó en la última asamblea general de la ONU.

En 1986, las armas del Gladio, escondidas en contenedores y que estaban diseminadas en toda Europa fueron remplazadas. La red fue dotada de un nuevo material de transmisión codificado, el más sofisticado, el Harpoon. Estas adquisiciones fueron facturadas por los norteamericanos a cada Estado miembro.

En 1990, estalló en Italia el escándalo del Gladio. Oficialmente los stay-behind fueron disueltos en toda Europa. En realidad, ellos continuaron y continúan de funcionar sin haber cambiado en lo absoluto. Primero bajo la dirección de Thomas A. Twetten y de David Cohen. Actualmente, el «Plan Maestro» del Pentágono prevé de separar a corto plazo las actividades de guerra política, económica y psicológica de las operaciones especiales. De tal manera que los militares y militantes ya no estarían estacionados en espera de operaciones comando sino que podrían actuar masivamente en la guerra especial. Durante los tiempos de paz, todo queda bajo control del Departamento de Estado de los EE.UU. Todo parece indicar sin embargo, que esta reestructuración será difícil en implantar.

Entre otras cosas, se ha creado un nuevo tipo de formación, llamado Asuntos Civiles. Estos cursos son dados en Fort Bragg y tienen por finalidad de preparar un personal calificado, aptos a administrar territorios ocupados, en el cuadro de misiones para el mantenimiento de la paz y maximizar así la influencia estadounidense [23].

El 12 de noviembre 1990, cuando Italia se encontraba en pleno escándalo del Gladio, el ministro de la Defensa francés, Jean Pierre Chevènement, reconoció que un Gladio en Francia había existido. Hablando «sin decir nada», aseguró que este Gladio francés siempre se quedó en una fase «durmiente», sin que haya podido activarse e inmiscuirse en la vida política interna del país. Poco después de esta declaración, el presidente francés de la época, Francois Mitterrant indicó que había ordenado al general Jean Heinrich [24] para que disuelva estas redes dormidas en tanto que jefe del servicio de acción de la DGSE (Dirección General de Seguridad del Estado, los servicios secretos franceses).

El stay behind en el mundo

La existencia del stay-behind fue oficialmente reconocida en Alemania, Austria (red Schwert), en Bélgica, en Dinamarca, en España, en Francia (Rosa de los vientos), en Grecia (Vellón rojo), en Italia (Gladio), en Luxemburgo, en Noruega, en Holanda, en Portugal, en el Reino Unido, en Suecia, en Suiza y en Turquía.

Ninguna investigación fue llevada a cabo dentro de las instituciones de la Unión Europea, a pesar de la gran cantidad de información y de los numeroso índices que dejan pensar que un stay-behind controla los engranajes esenciales de la unión pan-europea.

Se puede citar e imputarle muchos golpes de Estado en el mundo, unos exitosos, otros fracasados. A parte de los sucesos de 1958 y 1961 en Francia, los complots de Sogno y de Borghese en Italia, el Golpe de los Coroneles en Grecia, aquel intentado contra Makarios en Chipre [25].

A estas operaciones de gran envergadura, conviene de añadir aquellas de desestabilización política y de asesinatos como la del Primer ministro sueco Olof Palme.

Thierry Meyssan

Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

NOTAS:

[1] Relazione sulla vicenda « Gladio » presentatat dal Presidente del Consiglio dei Ministri (Andreotti) communicata alla Presidenza il 26 febbraio 1991, Senato della Repubblica, X Legislativa, Doc XXVII, n° 6.

[2] Informe de la Comisión de investigación Parlamentaria encargada de elucidar los hechos en gran parte acontecidos en el departamento militar federal, 1990.

[3] Informe de la Comisión de investigación parlamentaria sobre la existencia en Bélgica de una red de espionaje clandestino internacional. Senado. 1ro de octubre 1991, n° 1117-4.

[4] Gladio, bajo la dirección de J. Willems, EPO ediciones., 1991 ; Gladio, Das Erbe des Kalten Kriesges, A. Müller, 1991 ; El caso Gladio, las redes secretas norteamericanas corazón del terrorismo en Europa, Jean-François Brozzu-Gentile, Albin Michel, 1994. Ver también el remarcable documental de Allan Francovitch, Gladio, los que llevan el juego, Observer Film Company, 1992.

[5] US Congress, Senate, Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, Final Report, 94 th Cong., 2d sess., 1976. Extractos del informe Church fueron publicados en versión francesa en Les Complots de la CIA, manipulaciones y asesinatos, Stock, 1976. No toman en cuenta los pasajes relativos al Gladio contenidos en los libros I y IV del informe.

[6] Honorable Men, my Life in the CIA, traducido en francés bajo el título 30 años de CIA, William Colby, Presses de la Renaissance, 1978.

[7] US Special Warfare : its origins, Alfred H. Paddock, National Defence University Press, 1982.

[8] The Belarus Secret, 1982. Versión francesa : Horrible secreto, cuando los norteamericanos reclutaban espías nazis. De Gehlen à Klaus Barbie. John Loftus, Plon, 1985.

[9] Il partido del golpe. Le strategie della tensione e del terrore dal primo centrosinistra organico al sequestro Moro, Gianni Flamini, Italo Bovolenta, 4 vol., 1981 à 1984.

[10] Political Warfare and Psychological Operations, Rethinking the US Approach, US National Strategy Information Center, National Defence University Press, 1989.

[11] OSS. The Secret History of America’s First Central Intelligence Agency, Tom Brower, University of California Press, 1972.

[12] La Organización Gehlen, Richard Gehlen, Presses de la Cité et Fayard, 1972. Una versión corta fue publicada por las ediciones Saint Clair en 1975. Esta versión fue realizada por un miembro del stay-behind, el negacionista David Irving.

[13] Violando la Carta del Atlántico, el OSS tomó contacto con los dignatarios del Tercer Reich y de la Colaboración para negociar una paz y rendición separada USA-Alemania y a la vez una alianza contra la URSS. Se trataba de esta manera de voltear la lógica cínica del pacto soviético-germano. La mayor parte de estos contactos tuvieron lugar en Berna, otros en la península ibérica. Entre 1942-43, Allan Dulles recibió en Suiza las visitas de André Bettencourt, Pierre Guilhain de Bénouville et Francois Mitterant.

[14] Futuro Papa bajo el nombre de Pablo VI.

[15] Una gran misa fue celebrada en la ciudad francesa de Chartres con motivo del 50 aniversario del fallecimiento del padre Franz Stock. La ceremonia contó con la presencia del canciller Helmut Kolh de la Alemania Federal y del presidente del Senado francés René Maunory. Por este acontecimiento el canciller Kohl publicó en el prestigioso diario parisino Le Monde una nota con fecha del 25 de febrero 1998, la nota en un homenaje al sacerdote Stock, precursor de la reconciliación europea. Un trámite de beatificación ha sido iniciado en Roma.

[16] Foreign Relations of the United States, 1945-1950 Emergence of the Intelligence Establishment, Governement Printing Office, 1996.

[17] Op. cit.

[18] Los «padres fundadores» son los puritanos exiliados por la Corona Inglesa que llegaron a América del Norte en busca de una «tierra prometida». El Nuevo Mundo «descubierto» por Cristóbal Colón.

[19] Los ultramontanos son católicos que defienden la política del Papa y en contra de los intereses de las Iglesias católicas locales.

[20] Frank G. Wisner dirigió el stay-behind desde su creación en 1958. Cayó en el alcoholismo y se habría suicidado en 1965.

[21] Memorandum con fecha del 30 junio 1948 in Foreign Relations of the United States, 1945-1950 Emergence of the Intelligence Establishment, Governement Printing Office, 1996.

[22] Sobre estas operaciones, cf. The Use of Covert Paramilitary Activity as a Policy Tool : An Analysis of Operations Conducted by the US CIA, 1949-1951, Major D. H. Berger, US Marine Corps Command ediciones.

[23] Las Acciones civiles-militares. La urgencia al desarrollo : ¿cuáles son los instrumentos para Francia? Informe n° 3167, presentado por Robert Gaïa el 20 junio 2001, Asamblea nacional, Comisión de la Defensa. «Ce rapport cite en exemple pour la France la cohérence de la doctrine américaine».

[24] En 1998, el general Jean Heinrich rechazó su quinta 5ta estrella y renunció al Ejército. Dirige hoy en día la sociedad de seguridad Geos que emplea a muchos antiguos soldados de la 11 regimiento de Choque.

[25] The Cyprus Conspiracy. America, Espionnage and the Turkish Invasion, Brendan O’Malley and Ian Graig, Tauris & Co éd., 2001.

http://www.voltairenet.org/article120005.html

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