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viernes, 11 de octubre de 2013

LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE LA OTAN (VIII) La guerra secreta en España por Daniele Ganser

La guerra secreta en España
por Daniele Ganser

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Washington y Londres, que no habían tenido el menor escrúpulo en permitir que el general Franco acabara con la República Española, tampoco tuvieron el menor reparo en establecer una alianza con el Caudillo. Madrid se convirtió en la base de retaguardia de diversas organizaciones criminales y en Las Palmas incluso se abrió un centro de entrenamiento para la guerra secreta. Como la dictadura franquista se mantenía en el poder únicamente gracias al apoyo de los anglosajones, todos los miembros de su gobierno provenían del Gladio. Al morir el Caudillo, la condición previa del tránsito hacia la democracia fue que se mantuvieran las bases militares estadounidenses en España y que el país se incorporara a la OTAN. El Gladio pasó entonces a la clandestinidad, sin abandonar por el poder.

Este artículo es la continuación de:
1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
2. «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
3. «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
4. «Las cloacas de Su Majestad»
5. « La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington »
6. « La guerra secreta en Italia »
7. « La guerra secreta en Francia »


El Fuhrer Adolfo Hitler y el Caudillo Francisco Franco.

En el caso de España, la guerra de la derecha contra la izquierda y los comunistas no se desarrolló en forma de guerra secreta. Fue una guerra abierta y brutal que duró 3 años y dejó 600 000 víctimas en total, tantas como la Guerra de Secesión en Estados Unidos. El historiador Víctor Kiernan observa con bastante agudeza que un «ejército, supuestamente encargado de garantizar la seguridad de la nación, puede comportarse a veces como un perro guardián que muerde a la gente que debería proteger». Pudiera pensarse que ese análisis se inspira en los ejércitos secretos stay-behind. Con esa frase. Kiernan describía sin embargo el principio de la Guerra Civil española, que comenzó el 17 de julio de 1936, cuando un pequeño grupo de militares conspiradores trataron de tomar el poder. Cierto es que «los generales españoles tienen, al igual que sus primos de Sudamérica, la mala costumbre de meterse en política» [1].

El golpe de Estado militar del general Franco y sus cómplices se produjo después de que la izquierda reformadora de Manuel Azada ganara las elecciones del 16 de febrero de 1936 y aplicara numerosos programas a favor de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Para la poderosa y mal controlada casta militar española, España estaba entonces a punto de caer en manos de los socialistas, los comunistas, los anarquistas y otros izquierdistas anticlericales. Muchos, en las filas del ejército español, estaban convencidos de que tenían que salvar el país de la amenaza roja del comunismo que provocaba purgas y asesinatos masivos en la URSS de Stalin. Algunos historiadores, entre ellos el propio Kiernan, son menos indulgentes cuando analizan las causas de la guerra de España. Estiman que «los culpables no podían estar más a la vista (…) El caso de España es muy sencillo. Un gobierno democráticamente electo fue derrocado por el ejército. No era difícil tomar partido. De un lado, los pobres. Del otro, los fascistas, los poderosos, los grandes terratenientes y la Iglesia.» [2]

En Grecia, el putsch de 1967 permitió a los militares tomar el poder en menos de 24 horas. Pero en la España de 1936, la oposición de la población civil española fue tan masiva que la República luchó por espacio de 3 años antes de que Franco lograra instaurar la dictadura militar. La lucha fue larga e intensa, no sólo porque numerosos ciudadanos tomaron las armas contra el ejército sino también porque 12 Brigadas Internacionales se formaron espontáneamente para respaldar la resistencia republicana contra Franco. Hecho único en la historia mundial, jóvenes idealistas, hombres y mujeres, provenientes de más de 50 países, se incorporaron voluntariamente a las Brigadas Internacionales, que reunieron finalmente entre 30 000 y 40 000 miembros. La mayor parte eran obreros, pero había también profesores, enfermeras, estudiantes y poetas que iban a luchar por España. «Era realmente muy importante estar allí, en aquel momento histórico, y ayudar. Realmente fueron los años más importantes de mi vida», comenta, 60 años más tarde, Thora Craig, una enfermera británica nacida 1910. Robert James Peters, nacido en 1914, yesista de profesión, declaró: «Si alguna vez hice algo útil en mi vida, seguramente fue aquello.» [3]


Miembros de las Brigadas Internacionales (en este caso, de la Brigada Lincoln).

A pesar del apoyo de las Brigadas Internacionales, los socialistas y comunistas españoles no lograron impedir el golpe de Estado de Franco ya que este último tuvo el respaldo de Mussolini y de Hitler, además de beneficiarse con la decisión de no intervenir que tomaron los gobiernos de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Estimando que el comunismo español era para ellos más peligroso que un dictador fascista, los mencionados gobiernos asistieron impávidos a la muerte de la República Española. En el contexto de los primeros momentos de la Segunda Guerra Mundial, mucho se escribió sobre el fracaso de los primeros ministros del Reino Unido y Francia –Chamberlain y Daladier– en detener a Hitler y Mussolini en septiembre de 1938. Pero hubo bastante menos comentarios sobre el silencioso respaldo de Londres y París al anticomunismo italiano y alemán. Mientras la Unión Soviética armaba a los defensores de la República española, Hitler y Mussolini enviaron a España más de 90 000 soldados armados y entrenados. La aviación alemana fue además responsable de verdaderas masacres, como el bombardeo contra la aldea de Guernica, inmortalizado por Picasso. Como resultado, el gobierno británico enterró definitivamente la República Española, el 27 de febrero de 1939, al otorgar su definitivo reconocimiento al régimen de Franco. Al garantizar la neutralidad de España en la futura guerra, Hitler y Mussolini garantizaban también la seguridad de su flanco oeste. Mientras la lucha contra el comunismo seguía desarrollándose a escala europea con los repetidos intentos hitlerianos de invasión contra la Unión Soviética –intentos fracasados, pero al precio de un considerable número de víctimas–, el dictador Franco devolvió el favor a las potencias del Eje enviando su División Azul a Rusia a luchar junto a la Wehrmacht.


El general Francisco Franco (al centro) con el general Emilio Mola (a la derecha).

Después de la Segunda Guerra Mundial, los enemigos comunistas internos en Europa Occidental eran comúnmente llamados «Quintas Columnas». Aquel término había sido utilizado originariamente para designar los ejércitos secretos fascistas durante la guerra civil española y el primero en utilizarlo fue el general franquista Emilio Mola. Como en octubre de 1936 –3 meses después del golpe de Estado de Franco– Madrid seguía en manos de los republicanos y de las Brigadas Internacionales, Franco ordenó a Mola tomar la capital combinando la astucia y la fuerza bruta. Horas antes del asalto, en una manipulación que se hizo legendaria, Mola anunció a la prensa que disponía de 4 columnas, en espera fuera de la ciudad, y que una «quinta columna» de partidarios de Franco ya se encontraba dentro de Madrid. Al no portar uniformes ni insignias y ser así capaces de moverse sin problemas entre los enemigos de Franco, los miembros de aquella «quinta columna» infiltrada eran, según Mola, los más temibles de todos sus combatientes.

Aquella estrategia resultó eficaz ya que sembró el miedo y la confusión entre los comunistas y los socialistas que defendían Madrid. «La policía emprendió en la noche de ayer un registro sistemático en todos los inmuebles de Madrid en busca de rebeldes [franquistas]», reportó el New York Times al día siguiente de la declaración de Mola. Aquellas órdenes eran resultado «aparentemente de un reciente anuncio del general Emilio Mola a través de la emisora radial de los rebeldes. Afirmó que contaba con 4 columnas de tropas posicionadas fuera de la ciudad y con una quinta columna que esperaba la entrada [de las anteriores], escondida dentro de la capital.» [4] A pesar de que el asalto dirigido por el general Mola resultó en definitiva un fracaso, el temor a la famosa quinta columna de hombres de la extrema derecha persistió a lo largo de toda la guerra. Mike Economides, un comandante chipriota de las Brigadas Internacionales, acostumbraba a informarle a los nuevos reclutas que la guerra de España se estaba librando en dos frentes, con «el enemigo delante y la quinta columna detrás» [5].

El término «quinta columna» sobrevivió a la guerra civil española y sirvió desde entonces para designar a los ejércitos secretos o grupos subversivos armados que operan clandestinamente dentro de la zona de influencia de su enemigo. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler creó quintas columnas nazis encargadas de preparar el terreno, en Noruega y en otros países, para facilitar la invasión por parte del ejército regular alemán. Después de derrotar a Alemania, el bloque occidental y la OTAN se adueñaron de la expresión y la adaptaron al contexto de la guerra fría. El término «quinta columna» se empleó entonces para designar los ejércitos secretos comunistas. Muy pronto los especialistas en operaciones de guerra clandestina denunciaron «la rapidez del “mundo libre” en permitir que proliferaran en su territorio las quintas columnas comunistas» [6]. No fue hasta 1990 que finalmente se supo que probablemente la mayor red de quintas columnas de la historia era la red stay-behind de la OTAN.

Franco gobernó España con mano de hierro. Desde 1936 hasta su muerte, en 1975, no se organizó ni una elección libre en España. Entre los arrestos arbitrarios, los simulacros de juicios, la tortura y los asesinatos, era mínimo el peligro de que los comunistas o los socialistas lograran ganar influencia. Es por ello que al ser interrogado sobre la existencia de Gladio en España, Calvo-Sotelo, quien había sido primer ministro entre febrero de 1981 y diciembre de 1982, respondió con una mezcla de ironía y amargura que bajo la dictadura de Franco «Gladio era el gobierno». Alberto Oliart, ministro de Defensa del gobierno de Calvo-Sotelo, hizo una observación similar al calificar de «pueril» el hecho de preguntarse si la España franquista también había tenido un ejército secreto de extrema derecha ya que «aquí, Gladio era el gobierno» [7].

En el contexto de la guerra fría, Washington no se alió inmediatamente al criminal Franco. Por el contrario, después de las muertes de Hitler y de Mussolini, algunos elementos de la OSS estimaban que la siguiente etapa de la lucha antifascista era lógicamente el derrocamiento del Caudillo. Fue así que, en 1947, precisamente en momentos en que acababa de crearse la CIA, la OSS emprendió la «Operación Banana». Anarquistas catalanes recibieron entonces ciertas cantidades de armas y desembarcaron en las costas españolas con el objetivo de derrocar el régimen franquista. Parece, sin embargo, que no hubo entre los anglosajones un verdadero consenso en cuanto a la necesidad política de deshacerse de Franco, a quien algunos, en Londres y Washington, veían más bien como una importante carta de triunfo. Finalmente, el MI6 británico acabo informando a los servicios secretos españoles sobre la existencia de la Operación Banana. Los rebeldes fueron arrestados y fracasó así el «contragolpe de Estado» [8].


El almirante español Carrero Blanco, miembro del Opus Dei y oficial de enlace de Gladio, presta juramento sobre la Biblia ante el Caudillo Franco junto a su gobierno.

En 1953, Franco consolidó su posición en la escena internacional al firmar con Washington un pacto que permitía a Estados Unidos el despliegue de misiles, tropas, aviones y antenas SIGINT (Signals Intelligence) en territorio español. En reciprocidad, Estados Unidos sacó a España de su aislamiento internacional convirtiéndola en 1955, a pesar de la oposición de muchos países, comenzando por la Unión Soviética, en miembro de la Organización de Naciones Unidas. Como muestra de respaldo a la «muralla contra el comunismo» que era España, el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano del director de la CIA Allen Dulles, se reunió con Franco en diciembre de 1957 y el hombre de confianza del Caudillo, Carrero Blanco, puso especial cuidado en cultivar las relaciones entre la dictadura española y la CIA. A fines de los años 1950, «las relaciones se habían fortalecido, convirtiendo el aparato de inteligencia de Franco en uno de los mejores aliados de la CIA en Europa» [9].

Al igual que los dictadores de Latinoamérica, Franco se había convertido en un aliado de Washington. Tras las bien cerradas puertas de una oficina de enlace político situada en los pisos superiores de la embajada de Estados Unidos en Madrid, el jefe de la estación local de la CIA y su equipo de acción clandestina seguían de cerca la vida política española y la moldeaban. Siguiendo el comportamiento típico de los oligarcas, Franco se enriqueció y garantizó su control sobre el poder instaurando una jerarquía basada en los privilegios y la corrupción. Autorizaba la obtención de enormes beneficios provenientes de negocios sucios a sus más cercanos colaboradores, quienes a su vez beneficiaban a sus propios subordinados, y así sucesivamente… Toda la estructura del poder militar tenía que contar con la aprobación del Caudillo y dependía de él para sobrevivir [10].

En ese contexto, el ejército y los servicios secretos españoles prosperaron fuera de todo control y se dedicaron al tráfico de armas y de estupefacientes, así como al terrorismo en la misma escala que al contraterrorismo. La dictadura de Franco no disponía de uno sino de 3 ministerios de Defensa: uno para las fuerzas terrestres, otro para la fuerza aérea y otro más para la marina de guerra. Cada uno de aquellos 3 ministerios tenía su propio servicio de inteligencia: Segunda Sección Bis para el ejército terrestre, Segunda Sección Bis para la fuerza aérea y el Servicio de Información Naval (SEIN) para la marina de guerra. El Estado Mayor español (Alto Estado Mayor, AEM), dirigido por el propio Franco, tenía además su propio servicio secreto, el SIAEM (Servicio de Información del Alto Estado Mayor). Coronando todo ese conjunto, el ministerio del Interior dirigía también dos servicios: la Dirección General de Seguridad (DGS) y la Guardia Civil [11].

En 1990 se descubrió que agentes de los servicios secretos españoles habían codirigido, junto a la CIA, una célula del Gladio español en Las Palmas, Islas Canarias. La base fue construida al parecer en 1948 y estuvo operando durante los años 1960 y 1970. Agentes del servicio de inteligencia de las fuerzas terrestres parecen haber estado profundamente implicados en la red secreta stay-behind. André Moyen, quien fue miembro del SDRA, la inteligencia militar belga, de 1938 a 1952, afirmó que la Segunda Bis estaba siempre «muy bien informada sobre el Gladio» [12]. El historiador francés Roger Faligot confirmó las declaraciones de Mouen y subrayó que, en los años 1950, el ejército secreto español había estado bajo la dirección del cónsul de los Países Bajos Herman Laatsman, quien era «muy amigo, al igual que su esposa, de André Moyen» [13]. Una segunda confirmación llegó de Italia, donde el coronel Alberto Vollo declaró en 1990 que «en los años 1960 y 1970 existía efectivamente en Las Palmas, Islas Canarias, un centro de entrenamiento del Gladio dirigido por instructores americanos. En el mismo lugar había también instalaciones SIGINT americanas.» [14]

André Moyen aceptó responder a las preguntas del diario comunista belga Drapeau Rouge. En momentos en que la guerra fría estaba llegando a su fin, Moyen confirmó así a sus antiguos enemigos que, durante años de servicio activo, él mismo había participado directamente en la Operación Gladio y en misiones secretas contra los partidos comunistas de numerosos países. Contó este ex agente lo mucho que le había sorprendido que los servicios secretos españoles no fuesen objeto de una investigación más profunda ya que él sabía de fuentes fidedignas que dichos servicios habían desempeñado «un papel crucial en el reclutamiento de los agentes del Gladio» [15]. Según el testimonio de Moyen, en septiembre de 1945, el ministro belga del Interior Vleeschauwer lo había enviado a una reunión con el ministro del Interior italiano Mario Scelba, con la misión de elaborar estrategias destinadas a impedir que los comunistas lograran llegar al poder. Más tarde, Francia había mostrado el mismo interés y el ministro francés del Interior Jules Moch había puesta a Moyen en contacto con el director del SDECE, Henri Ribiere. El ex agente del SDRA afirmó haberse reunido también, en los años 1950 y con la mayor discreción, con altos militares de la neutral Suiza [16].

Declaró Moyen que sus primeros contactos con la rama española de la red Gladio databan de octubre de 1948, época en que «una célula de la red operaba en Las Palmas», Islas Canarias. Oficialmente, Moyen había sido enviado a Canarias para investigar un fraude vinculado a un combustible enviado por vía marítima desde Bélgica hacia el Congo vía las Islas Canarias. Según el testimonio de Moyen «El fraude beneficiaba a los representantes de las más altas autoridades españolas y nosotros descubrimos además un importante tráfico de drogas». Cuando Bélgica reveló la existencia de aquel tráfico, el dictador Franco envió «dos agentes de la Segunda Bis» del Estado Mayor encargados de ayudar en la investigación. «Aquellos hombres estaban muy bien informados, fueron de gran ayuda para mí», recuerda Moyen. «Hablábamos de montones de cosas y tuve la oportunidad de comprobar que estaban muy al corriente de la red Gladio» [17].

En 1968, Franco tuvo también que hacer frente al movimiento internacional de protesta de los estudiantes. Por temor a la aparición de manifestaciones masivas, el ministro de Educación de España pidió al jefe del SIAEM, el general Marcos, que organizara operaciones secretas contra las universidades. En 1968, el almirante Carrero Blanco, muy cercano a la CIA, creó en el seno del SIAEM una nueva unidad especial de guerra secreta bautizada como OCN cuyo blanco eran los estudiantes, los profesores y el movimiento revolucionario social en su conjunto. Después de varias operaciones exitosas, Carrero Blanco decidió, en marzo de 1972, convertir la subdivisión OCN del SIAEM en un nuevo servicio secreto denominado SECED (Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno), servicio que puso bajo el mando de José Ignacio San Martín López, quien ya dirigía la OCN desde 1968 [18]. Según el autor especializado en el Gladio Pietro Cedomi, el SECED mantenía estrechos vínculos con el ejército stay-behind español, numerosos agentes eran miembros de ambas organizaciones a la vez, y el ejército secreto participó en la represión desencadenada contra los estudiantes y los profesores opositores [19].


El teniente coronel SS Otto Skorzeny adquirió toda una reputación de especialista en operaciones comando durante la Segunda Guerra Mundial. Su logro más importante fue la organización del rescate de Benito Mussolini, la Operación Eiche. Durante la guerra fría, Skorzeny creó la empresa de mercenarios Paladin Group, basada en España. Realiza entonces operaciones secretas para el Gladio y para otros clientes, como los coroneles griegos, el régimen sudafricano del apartheid, el coronel Kadhafi y el SDECE francés de Jacques Foccart. Trabaja también para transnacionales como Cadbury Schweppes y Rheinmetall.

Durante la guerra fría, la dictadura de Franco dio refugio a numerosos terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra secreta contra el comunismo en Europa Occidental. En enero de 1984, el extremista italiano Marco Pozzan, miembro de la organización Ordine Nuovo, reveló al juez Felice Casson, el magistrado que descubrió la existencia de los ejércitos secretos, que una verdadera colonia de fascistas italianos se había establecido en España durante los últimos años del régimen franquista. Más de 100 conspiradores habían huido de Italia después del fracaso del golpe de Estado neofascista del príncipe Valerio Borghese, en diciembre de 1970. Los partidarios de la extrema derecha, incluyendo al propio Borghese así como a Carlo Cicuttini y Mario Ricci, se habían reagrupado en España bajo la dirección del notorio terrorista internacional Stefano Delle Chiaie, cuyos hombres habían ocupado el ministerio italiano del Interior durante el fallido golpe de Estado.

En España, Delle Chiaie se vinculó a los fascistas de otros países europeos, como el ex nazi Otto Skorzeny; el ex oficial francés, miembro de la OAS y cercano al Gladio Yves Guerain-Serac y el director de Aginter Press, agencia de prensa ficticia basada en Portugal que servía de pantalla para la CIA. Los servicios secretos de Franco empleaban a Skorzeny como «consultor en seguridad» y contrataron a Delle Chiaie para perseguir a los opositores de Franco en España y en el exterior. Delle Chiaie organizó un millar de operaciones sangrientas, entre las que se cuentan unos 50 asesinatos. La guerra secreta en España consistió esencialmente en asesinatos y la realización de actos de terrorismo. Los miembros del ejército secreto de Delle Chiaie, como Aldo Tisei, confesaron posteriormente ante magistrados italianos que durante su exilio en España habían perseguido y asesinado militantes antifascistas españoles por encargo de los servicios secretos de España [20].


Stefano Delle Chiaie, fundador de Avanguardia Nazionale, miembro de la logia Propaganda Due (P2), dirigente de la World Anti-Communist League. Perpetró numerosos asesinatos y torturas en el marco de la Operación Cóndor en Argentina, Bolivia y Chile.

Marco Pozzan, quien huyó de España a principios de los años 1970, reveló que «Caccola», como apodaban a Delle Chiaie, recibía muy buena paga por los servicios que prestaba en España. «Hacía viajes muy costosos, siempre en avión, incluyendo vuelos transatlánticos. Caccola recibía casi siempre el dinero de los servicios secretos y de la policía española.» Entre los blancos del fascista se hallaban los terroristas de ETA (Euskadi Ta Askatasuna) que luchaban por la independencia del país vasco. Por orden de Caccola, agentes subversivos se infiltraron en las células de ETA y entre sus simpatizantes. «Sabemos que Caccola y sus hombres actuaron contra los autonomistas vascos por orden de la policía española», recordó Pozzan. «Yo recuerdo que durante una manifestación en Montejurra, Caccola y su unidad organizaron una batalla entre dos movimientos políticos opuestos. Para que no se pudiera acusar a la policía española de intervenciones violentas injustificadas, Caccola y su unidad tenían que provocar e instaurar el desorden. Aquel día incluso hubo varios muertos. Fue en 1976.» [21]

En 1975, después del fallecimiento de Franco, Delle Chiaie comprendió que España había dejado de ser un lugar seguro y se fue a Chile. Allí lo reclutó Pinochet, el dictador chileno aupado por la CIA. En el marco de la Operación Cóndor, Pinochet le ordenó perseguir y matar a los opositores chilenos en todo el continente latinoamericano. Caccola se fue después a Bolivia, donde formó escuadrones de la muerte y desencadenó nuevamente una «violencia sin límites». Nacido en 1936, Stefano Delle Chiaie sigue siendo hoy el más conocido de los terroristas miembros de los ejércitos secretos que combatieron el comunismo en Europa y en el mundo durante la guerra fría. Este fascista fue la pesadilla de los movimientos de izquierda del mundo entero, pero después de su huida de España prácticamente no volvió más al Viejo Continente, excepto en 1980, cuando la policía italiana sospecha que volvió a su país natal para perpetrar el atentado de la estación de Bolonia. El 27 de marzo de 1987 este intocable mercenario fue finalmente arrestado en Caracas por los servicios secretos venezolanos, a los 51 años. En sólo pocas horas, agentes de los servicios secretos italianos y de la CIA llegaron a Caracas. Caccola no expresó ningún remordimiento, pero señaló en pocas palabras que muchos gobiernos lo habían protegido durante su guerra contra la izquierda a cambio de que él ejecutara para ellos ciertas misiones: «Hubo atentados. Eso es un hecho. Los servicios secretos enmascararon las pistas. Eso es otro hecho.» [22]


El 20 de diciembre de 1973, los nacionalistas vascos de ETA ejecutaron al almirante Carrero Blanco. Su automóvil blindado Dodge Dart GT 3700 activó una mina que lo lanzó a 35 metros de altura. Carrero Blanco murió a causa del impacto provocado por el aplastamiento del vehículo.

En junio de 1973, sintiendo la proximidad de su propio fin, Franco había nombrado primer ministro a Carrero Blanco, su oficial de enlace con la CIA y gran arquitecto de sus servicios secretos. Pero la mayoría de la población odiaba a Carrero Blanco, debido a sus métodos brutales, y este murió en diciembre del mismo año cuando su automóvil hizo estallar una mina de ETA. Considerada hasta aquel momento como «folklórica», la organización terrorista franco-española ETA se convirtió entonces, como resultado del asesinato del primer ministro español, en un peligroso enemigo del Estado.

Después de la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, la transformación del aparato español de seguridad resultó difícil. El SECED (Servicio Central de Documentación de la Defensa), que era el más conocido de los servicios secretos de España, fue rebautizado como CESID (Centro Superior de Información de la Defensa). Su primer director, el general José María Burgón López-Doriga, se ocupó sin embargo de que el nuevo órgano se conformara esencialmente con ex agentes del SECED. De esa manera, la guerra secreta desatada con la complicidad de los extremistas italianos podía continuar, como subrayó la prensa en 1990, cuando se descubrió la existencia de los ejércitos secretos: «Hace una semana, el diario español El País descubrió el último vínculo conocido entre España y la red secreta. Carlo Cicuttini, cercano del Gladio, participó activamente en el atentado de la estación de Atocha, en Madrid, en enero de 1977.» «Después vino el ataque de un comando de extrema derecha contra la oficina de un abogado cercano al partido comunista, [atentado] que dejó 5 muertos. El hecho provocó pánico, (…) porque se temía que fuera el comienzo de una nueva serie de atentados tendientes a obstaculizar el proceso de transición democrática en España.» [23]

El guerrero de la sombra de extrema derecha Cicuttini había huido a España en un avión militar después del atentado dinamitero de Peteano, en 1972. Fue precisamente al investigar ese atentado años después que el juez Felice Casson logró llegar hasta el terrorista de extrema derecha Vincenzo Vinciguerra y el ejército secreto, lo cual llevó al descubrimiento de la red europea Gladio. En España, Cicuttini se había puesto al servicio de la guerra secreta de Franco quien, en pago, lo protegía de la justicia italiana. En 1987, esta última lo condenó a cadena perpetua por su participación en el atentado de Peteano. Sin embargo, como síntoma de la persistente influencia que su aparato militar seguía ejerciendo por debajo de la mesa, la España ya convertida en democracia se negó a entregarlo a las autoridades italianas alegando que, al casarse con la hija de un general español, Cicuttini se había convertido en ciudadano español. No fue hasta abril de 1998, a la edad de 50 años, que el terrorista fue finalmente arrestado en Francia y extraditado a Italia [24].

Como todos los ejércitos secretos de Europa Occidental, la red anticomunista española se mantenía sistemáticamente en estrecho contacto con la OTAN. En 1990, al estallar el escándalo, el general italiano Gerardo Serravalle, quien dirigió el Gladio en su país desde 1971 hasta 1974, escribió un libro sobre la rama italiana del ejército secreto de la OTAN [25]. Serravalle contaba en dicho libro que, en 1973, los responsables de los ejércitos secretos de la alianza atlántica se habían reunido en el CPC, en Bruselas, en el marco de un encuentro extraordinario para discutir la admisión de la España franquista en el seno del Comité. Los servicios secretos militares franceses y la muy influyente CIA defendieron al parecer la admisión de la red española mientras que Italia, representada por Serravalle, se opuso porque se sabía que la red española estaba protegiendo en aquella época a varios terroristas italianos. «Nuestras autoridades políticas se hubieran visto en una situación especialmente delicada ante el Parlamento», escribe el general en su libro, de haberse sabido no sólo que Italia mantenía un ejército secreto sino que, además, colaboraba estrechamente con la red clandestina española que albergaba y protegía a terroristas italianos. Por lo tanto, España no fue admitida oficialmente en el CPC [26].

En una segunda reunión del CPC, esta vez en París, los representantes de los servicios secretos de Franco estuvieron nuevamente presentes. Aseguraron que España merecía integrar el centro de comando del Gladio ya que hacía mucho que había autorizado a Estados Unidos el estacionamiento de sus misiles nucleares en territorio español y la entrada de los navíos de guerra y los submarinos estadounidenses en puertos españoles sin haber recibido nunca nada a cambio de parte de la OTAN. Teniendo en cuenta la barrera natural que constituyen los Pirineos y la distancia que separaba España de las fronteras de la URSS, es probable que el desarrollo de capacidades de resistencia en caso de ocupación no fuese el principal objetivo de los agentes de los servicios secretos españoles presentes en aquella reunión. Es más probable que su objetivo fuera disponer de una red secreta operativa para luchar contra los socialistas y los comunistas españoles. «En cada reunión hay una “hora de la verdad”. Sólo hay que esperarla», explica Serravalle. «Es el momento en que los delegados de los servicios secretos, relajados ante una botella o una taza de café, están más dispuestos a hablar con franqueza. En París, aquel momento llegó durante la pausa del café. Me acerqué a uno de los representantes españoles y empecé por decirle que su gobierno quizás había sobrestimado la envergadura de la amenaza comunista proveniente del este. Yo quería provocarlo. Pareció muy sorprendido y reconoció que España tenía un problema con los comunistas (“los rojos”). Por fin sabíamos la verdad.» [27]

España se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN en 1982. Pero el general italiano Serravalle reveló que contactos no oficiales habían tenido lugar mucho antes de esa fecha. Según Serravalle, España «no entró por la puerta sino por la ventana». Por invitación de Estados Unidos, el ejército secreto español había participado, por ejemplo, en un ejercicio stay-behind bajo el mando de las fuerzas estadounidenses realizado en Baviera, en marzo de 1973 [28]. Parece además que el Gladio español también formó parte, bajo el nombre codificado de «Red Quantum», del segundo órgano de mando en el seno de la OTAN, el CC. «Cuando España se integró a la OTAN en 1982, su estructura stay-behind cercana al CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), sucesora del SECED, se incorporó al ACC», precisó Pietro Cedoni, autor especializado en Gladio. «Eso provocó conflictos en el seno del Comité. Los italianos del SISMI [los servicios secretos militares de Italia] acusaban esencialmente a los españoles de respaldar indirectamente a los neofascistas italianos a través de su red stay-behind “Red Quantum”.» [29]

No es posible afirmar con certeza que los socialistas españoles del primer ministro Felipe González, quien llegó al poder en 1982, conocían aquel programa de colaboración con la OTAN. El nuevo gobierno democrático se mostraba, en efecto, especialmente desconfiado hacia el CESID, que dirigía el coronel Emilio Alonso Manglano y sobre el que no tenían prácticamente ningún control. En agosto de 1983 se supo que agentes del CESID escuchaban clandestinamente las conversaciones de los ministros socialistas desde los sótanos de la sede del gobierno. A pesar del escándalo que aquello provocó, Manglano logró conservar su puesto. En 1986, cuando España fue aceptada en la Comunidad Europea luego de una notable transición democrática, muchos esperaban que el antiguo aparato de los servicios secretos fuera finalmente derrotado y puesto bajo estricto control del gobierno. Pero aquella esperanza, existente también en muchos otros países de Europa Occidental, fue barrida por el descubrimiento de la red de ejércitos stay-behind conocida como Gladio.

Cuando la prensa comenzaba a interesarse de cerca por los ejércitos secretos, a finales de 1990, el diputado comunista español Carlos Carnero sospechó con toda razón que España había sido una de las principales bases del Gladio y que había acogido a neofascistas de numerosos países, quienes gozaron de la protección del aparato estatal franquista. La sospecha de Carlos Carnero fue confirmada por Amadeo Martínez, un ex coronel que había tenido que dejar el ejército español por las cosas que decía y que declaró a la prensa en 1990 que bajo el régimen de Franco España había sido efectivamente base de una estructura tipo Gladio que había realizado, entre otras operaciones dignas de condena, acciones de espionaje contra opositores políticos [30]. La televisión estatal transmitió entonces un reportaje sobre Gladio que confirmaba que agentes de la red habían venido a España a entrenarse bajo la dictadura de Franco. Un oficial italiano familiarizado con los ejércitos secretos testimoniaba que soldados de la red stay-behind de la OTAN se habían entrenado en España desde 1966 –y quizás antes de ese año– hasta mediados de los años 1970. El ex agente afirmaba que él mismo se había entrenado, al igual que 50 de sus compañeros de armas, en la base militar de Las Palmas, Islas Canarias. Según él, la mayoría de los instructores de Gladio eran estadounidenses [31].

Pero era evidente que no todos estaban tan bien informados. Javier Rupérez, primer embajador de España ante la OTAN, de junio de 1982 a febrero de 1983, afirmó a la prensa que nada sabía de Gladio. Rupérez, entonces miembro del conservador Partido Popular y director de la Comisión de Defensa, declaró: «Nunca supe nada sobre ese tema. Yo no tenía la menor idea de las cosas de las que me estoy enterando ahora al leer los periódicos.» Fernando Morán, ministro socialista de Relaciones Exteriores hasta julio de 1985, dijo ante las cámaras que no sabía nada de Gladio: «Nunca durante mis años en el ministerio ni en cualquier otro momento me llegó la menor información, indicación o rumor sobre la existencia de Gladio ni de nada por el estilo.» [32]

El diputado Antonio Romero, miembro del partido opositor Izquierda Unida (IU) se interesó mucho en el misterioso asunto y se puso en contacto con varios ex agentes implicados. Llegó a la convicción de que aquella red secreta también había operado en España y que había «actuado contra militantes comunistas y anarquistas, específicamente entre los mineros de Asturias y los nacionalistas catalanes y vascos» [33]. El 15 de noviembre, Romero pidió por lo tanto al gobierno español del primer ministro socialista Felipe González y al ministro de Defensa Narcís Serra que explicaran con exactitud qué papel había desempeñado España en el marco de la Operación Gladio y los ejércitos stay-behind de la OTAN. Al día siguiente, Felipe González declaró a la prensa que «ni siquiera había pensado» que España pudiese desempeñar algún papel en la Operación Gladio [34]. Pero Romero no se dio por satisfecho con aquella respuesta y formuló entonces 3 preguntas muy precisas. La primera fue: «En su condición de miembro de la alianza [atlántica], ¿tiene el gobierno español intenciones de pedir a la OTAN explicaciones sobre las actividades y la existencia de una red Gladio?» La segunda pregunta también tenía que ver con la OTAN. Romero quería saber si el ejecutivo español pensaba abrir «un debate y una investigación sobre las actividades de Gladio a nivel de los ministros de Defensa, de los ministros de Relaciones Exteriores y de los primeros ministros de los países miembros de la OTAN». Para terminar, el diputado preguntaba si el gobierno español creía posible una traición de la OTAN en la medida en que «ciertos países han operado a través de Gladio sin que se le informara a España en el momento de su entrada al Tratado [en 1982]» [35]

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El Caudillo había previsto la restauración de la monarquía para después de su muerte y había escogido al joven Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias como futuro rey de España. Pero el régimen se había hecho anacrónico, por lo que Washington decidió favorecer la integración de España a la naciente Unión Europea y obligó al joven rey a dirigir la transición democrática, con la condición de que mantuviera las bases militares estadounidenses y entrara en la OTAN.

Al día siguiente, los diarios españoles anunciaban en primera plana: «Los servicios secretos españoles mantenían estrechos vínculos con la OTAN. [El ministro de Defensa] Serra ordena una investigación sobre la red Gladio en España.» El tema era explosivo para la frágil democracia española. Citando fuentes anónimas, la prensa reveló que «activistas [de Gladio] habían sido reclutados en las filas del ejército y de la extrema derecha». Serra dio muestras de gran incomodidad y en su primera respuesta a los periodistas se apresuró a precisar que «cuando llegamos al poder en 1982 no encontramos nada por el estilo» y agregó que fue así «probablemente porque nos incorporamos a la OTAN muy tarde, cuando disminuía la intensidad de la guerra fría». Serra aseguró además a la prensa que, en respuesta a las preguntas del diputado Romero, él mismo había ordenado la apertura de una investigación de su propio ministerio para sacar a la luz las posibles conexiones entre España y Gladio. Pero fuentes cercanas al gobierno revelaron a los periodistas que la investigación interna estaba más destinada a enmascarar los hechos que a revelarlos ya que el objetivo anunciado era «confirmar que esa organización específica no había operado en España» [36]. Serra, que quería sobre todo enterrar el asunto, había puesto la investigación en manos del CESID, detalle revelador ya que el sospechoso investigaba así su propio crimen.

Así que nadie se sorprendió cuando, el 23 de noviembre de 1990, respondiendo a la solicitud de Romero, Narcís Serra anunció al parlamento español que, según los resultados de la investigación que había realizado el CESID, España nunca había formado parte de la red secreta Gladio «ni antes ni después de la llegada de los socialistas al poder». Prudentemente, el ministro agregó: «Se ha hablado de contactos durante los años 1970, pero resultará muy difícil para los servicios actuales determinar la naturaleza exacta de esos contactos.» Serra, quien adoptaba un discurso cada vez más ambiguo, llamó a los diputados a confiar en su propio «buen sentido» más que en los documentos, los testimonios, los hechos y las cifras disponibles: «Dado que en aquella época España no era miembro de la OTAN, el buen sentido nos sugiere que no puede tratarse de vínculos muy estrechos.» Aquello no fue del agrado de la prensa española, la que replicó que el ministro de Defensa estaba haciendo propaganda o simplemente no conocía ni controlaba su propio ministerio [37].

Romero no juzgó satisfactorias las respuestas de Serra e insistió en que se interrogara al director del CESID de aquella época. «Si el CESID no sabe nada de todo esto, hay que expulsar al general Manglano», concluyó Romero ante los periodistas. En efecto, Manglano no sólo era el jefe del CESID sino también el delegado español ante la OTAN en materia de seguridad. El escándalo alcanzó su punto más álgido cuando, a pesar de los pedidos del parlamento, Manglano simplemente se negó a responder. Furioso, Romero dedujo que era evidente que, en España, «las más altas autoridades militares están implicadas en el caso Gladio» [38]

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Leopoldo Calvo-Sotelo (1926-2008), presidente [primer ministro] del gobierno español de 1981 a 1982.

Después de comprobar el fracaso del gobierno de la época en revelar la verdad, la prensa española se volvió hacia el más alto dignatario ya retirado de la joven democracia y le preguntó si sabía algo más sobre aquel misterioso asunto. Como primer ministro desde febrero de 1981 hasta diciembre de 1982, Calvo-Sotelo había nombrado a Manglano a la cabeza del CESID y respondió que Gladio no existía en España: «No tuve conocimiento de que haya existido aquí nada de ese género y puedo asegurarles que yo lo hubiera sabido de ser el caso.» Cuando los periodistas insistieron, recordando que los ejércitos stay-behind habían existido en el mayor secreto en toda Europa Occidental, Calvo-Sotelo se molestó, calificó la red Gladio de «ridícula y criminal» y declaró: «Si me hubiesen informado de una cosa tan descabellada, yo habría reaccionado inmediatamente.» [39]

El ex primer ministro confirmó que cuando España dio sus primeros pasos hacia la democracia, después de la muerte de Franco, hubo temor por la reacción del Partido Comunista Español. Pero «los pobres resultados que obtuvo el PCE en los primeras elecciones y los resultados aún más ridículos que obtuvo en los siguientes escrutinios disiparon nuestros temores». Calvo-Sotelo había sido uno de los principales artífices de la adhesión de España a la OTAN, pero dijo a la prensa que en el momento de unirse a la alianza atlántica, no se había informado por escrito a España de la existencia de una red Gladio clandestina. «No hubo ninguna correspondencia escrita sobre ese tema», dijo Calvo-Sotelo, antes de agregar de forma bastante sibilina: «Y por lo tanto no había tampoco por qué hablar de ello, si hubiese sido el tipo de tema del que se pudiera hablar.» Explicó Calvo-Sotelo que, antes de la firma del Tratado por parte de España en mayo de 1982, él sólo había asistido a algunos encuentros con los representantes de la OTAN y recordó que el PSOE había llegado al poder a finales de aquel mismo año y que él había tenido que dejarle el puesto de primer ministro a Felipe González. Finalmente, las autoridades no ordenaron ni investigación parlamentaria ni presentación de informe público sobre la cuestión del Gladio.

(Continuará…)
Daniele Ganser 


Este artículo es el capítulo 8 del libro Armées secrètes de l’OTAN.
© Version française : éditions Demi-lune (2007).


[1] En su prefacio del libro de Ian Mac Dougall, Voices from the Spanish Civil War. Personal Recollections of Scottish Volunteers in Republican Spain, 1936–1939 (Polygon, Edimburgo, 1986).

[2] Paul Vallely, «Romancing the past: Sixty years ago, thousands of men and women went to fight in the Spanish Civil War. Are there any ideals for which we would take up arms today?», publicado en el diario británico The Independent el 22 de julio de 1996.

[3] Brian Catchcart, «They kept the red flag flying: It is 60 years since General Franco launched his assault on the Spanish Republic and thousands of young Britons joined the International Brigades to defend it. What drove them to leave homes, jobs and families, risking their lives? And what did they find when they returned?», publicado en el semario británico The Independent on Sunday el 21 de julio de 1996.

[4] Diario estadounidense The New York Times, edición del 16 de octubre de 1936.

[5] James Hopkins, Into the Heart of Fire. The British in the Spanish Civil War(Stanford University Press, Stanford, 1998), p.294.

[6] Ejemplo encontrado en el diario británico The New Statesman, edición del 26 de abril de 1958.

[7] «Calvo-Sotelo asegura que España no fue informada, cuando entró en la OTAN, de la existencia de Gladio. Morán sostiene que no oyó hablar de la red clandestina mientras fue ministro de Exteriores», publicado en el diario español El País el 21 de noviembre de 1990.

[8] Roger Faligot y Remi Kaufer, Les Maîtres Espions. Histoire mondiale du renseignement. De la Guerre Froide à nos jours (Robert Laffont, París, 1994), p.282.

[9] Faligot y Kaufer, Espions, p.284.

[10] Ver la interesante biografía de Franco por Paul Preston, The Folly of Appeasement: Franco: A Biography (HarperCollins, Londres, 1993).

[11] Faligot y Kaufer, Espions, p.281–285.

[12] «Calvo-Sotelo asegura que España no fue informada, cuando entró en la OTAN, de la existencia de Gladio. Morán sostiene que no oyó hablar de la red clandestina mientras fue ministro de Exteriores», publicado en el diario español El País el 21 de noviembre de 1990.

[13] Faligot y Kaufer, Espions, p.55.

[14] Angel Luis de la Calle, «Gladio: Ligacoes obscuras em Espanha», publicado en el diario portugués Expresso el 8 de diciembre de 1990.

[15] Josef Manola, «Spaniens Geheimdienste vor der Durchleuchtung. Naehe zu Rechtsradikalen», publicado en el diario alemán Der Standard el 17 de noviembre de 1990.

[16] El juez Cornu, a cargo del expediente Gladio, simplemente afirmó que Moyen no era una fuente fidedigna.

[17] «Calvo-Sotelo asegura que España no fue informada, cuando entró en la OTAN, de la existencia de Gladio. Morán sostiene que no oyó hablar de la red clandestina mientras fue ministro de Exteriores», diario español El Paísdel 21 de noviembre de 1990.

[18] Faligot y Kaufer, Espions, p.285.

[19] Pietro Cedomi, «Services Secrets, Guerre Froide et ‘stay-behind’ Part III. Répertoire des réseaux S/B», publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, noviembre/diciembre de 1991, p.83.

[20] Stuart Christie, Martin Lee y Kevin Coogan, «Protected by the West’s Secret Services, Hired by South American’s Drug Barons, the Man they called ‘Shorty’ Terrorised Two Continents.», publicado en el semanario británicoNews on Sunday Extra el 31 de mayo de 1987. Ver la excelente biografía de Stafano Delle Chiaie por Stuart Christie, Stefano Delle Chiaie (Anarchy Publications, Londres, 1984).

[21] Miguel González, «Un informe oficial italiano implica en el crimen de Atocha al ‘ultra’ Cicuttini, relacionado con Gladio. El fascista fue condenado en el proceso que ha sacado a la luz la estructura secreta de la OTAN», publicado en el diario español El País el 2 de diciembre de 1990.

[22] Senato della Repubblica. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabiliy delle stragi : Il terrorismo, le stragi ed il contesto storico politico. Redatta dal presidente della Commissione, Senatore Giovanni Pellegrino. Roma, 1995, p.203.

[23] Angel Luis de la Calle, «Gladio: ligacoes obscuras em Espanha», publicado en el diario portugués Expresso el 8 de diciembre de 1990. Y Miguel Gonzalez, «Un informe oficial italiano implica en el crimen de Atocha al ‘ultra’ Cicuttini, relacionado con Gladio. El fascista fue condenado en el proceso que ha sacado a la luz la estructura secreta de la OTAN», publicado en el diario español El País el 2 de diciembre de 1990.

[24] Agencia de prensa internacional Agence France Presse, 17 de abril de 1998.

[25] Gerardo Serravalle, Gladio (Edizione Associate, Roma, 1991). Otro general italiano que dirigió el ejército Gladio de 1974 a 1986, Paolo Inzirelli, escribió también un libro de homenaje al ejército secreto, Paolo Inzerilli,Gladio. La Verità negata (Edizioni Analisi, Bolonia, 1995).

[26] Serravalle, Gladio, p.81.

[27] Ibid, p.82.

[28] Ibid, p.82.

[29] Pietro Cedomi, «Services Secrets, Guerre Froide et ‘stay-behind’ 3e Partie. Répertoire des réseaux S/B» en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, noviembre/diciembre de 1991, p.83.

[30] Josef Manola, «Spaniens Geheimdienste vor der Durchleuchtung. Naehe zu Rechtsradikalen», publicado en el diario alemán Der Standard el 17 de noviembre de 1990.

[31] «Spain says it never joined Gladio. TV says agents trained there». Reuters, agencia de prensa internacional, 23 de noviembre de 1990. Ver también de Leo Müller, Gladio. Das Erbe des Kalten Krieges. Der NATO Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hamburgo, 1991), p.53.

[32] «Calvo-Sotelo asegura que España no fue informada, cuando entró en la OTAN, de la existencia de Gladio. Morán sostiene que no oyó hablar de la red clandestina mientras fue ministro de Exteriores», diario español El Paísdel 21 de noviembre de 1990.

[33] Ibid.

[34] «Germany to dissolve Gladio resistance network». Reuters. Agencia de prensa internacional, 16 de noviembre de 1990.

[35] «IU recabará en Bruselas información sobre la red Gladio en España», en el diario español El País del 20 de noviembre de 1990.

[36] «El servicio español de inteligencia mantiene estrechas relaciones con la OTAN. Serra ordena indagar sobre la red Gladio en España», en el diario español El País del 16 de noviembre de 1990.

[37] «Spain says it never joined Gladio. TV says agents trained there». Reuters, agencia de prensa internacional, 23 de noviembre de 1990.

[38] «IU recabará en Bruselas información sobre la red Gladio en España », diario español El País, edición del 20 de noviembre de 1990.

[39] «Calvo-Sotelo asegura que España no fue informada, cuando entró en la OTAN, de la existencia de Gladio. Morán sostiene que no oyó hablar de la red clandestina mientras fue ministro de Exteriores», diario español El Pais del 21 de noviembre de 1990.

martes, 30 de julio de 2013

LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE LA OTAN (XI) La guerra secreta en los Países Bajos

LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE LA OTAN (XI)

La guerra secreta en los Países Bajos

por Daniele Ganser

No se sabe lo que hizo el Gladio en los Países Bajos. Pero, dado su origen nacional y la independencia que caracterizaba a la red neerlandesa, el gobierno nacional reconoció su existencia sin mucha dificultad a raíz del escándalo italiano de 1990 y creyendo que podría negar su subordinación a la OTAN. Ese error en la estrategia de comunicación permitió comprobar oficialmente en los Países Bajos lo que los demás gobiernos europeos se negaron a confirmar: los ejércitos secretos de la OTAN se dedicaron de hecho a subvertir el orden democrático en Europa Occidental. Y su disolución oficial en 1992 no pasa de ser una cortina de humo.



La villa Maarheeze, sede de los servicios secretos exteriores (Inlichtingen Buitenland) y del stay-behind neerlandés.


Este artículo es parte de la serie:
«Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
«Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
«Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
«Las cloacas de Su Majestad»
«La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington»
«La guerra secreta en Italia»
«La guerra secreta en Francia»
«La guerra secreta en España»
«La guerra secreta en Portugal»
«La guerra secreta en Bélgica»

Al igual que en la vecina Bélgica, el ejército secreto stay-behind de los Países Bajos tiene su origen en la ocupación que sufrió esa nación durante la Segunda Guerra Mundial. Los Países Bajos, como habrían de deplorar posteriormente los estrategas neerlandeses, no habían establecido ningún tipo de red stay-behind antes de la guerra, por falta de financiamiento, de previsión y también de interés dada la relativa neutralidad neerlandesa. Pero, en mayo de 1940, el ejército alemán invadió el país, viéndose así obligados el gobierno, la familia real neerlandesa y una serie de personalidades privilegiadas a huir de forma precipitada y desordenada hacia Gran Bretaña. La sección de inteligencia del Estado Mayor neerlandés, conocida como GS III, había tardado demasiado en dar la alerta en el momento de la invasión alemana, fracasando así de forma lastimera en lo que constituía su principal misión. La tardía debacle provocó numerosos problemas de funcionamiento en el plano logístico y los ministros que llegaron a Londres en mayo de 1940 enfrentaron enormes dificultades para ponerse a trabajar ya que ni siquiera disponían de numerosos documentos fundamentales. Para muchos, en el seno del ejército y los servicios secretos, era evidente que había que hacer el máximo para evitar en el futuro la repetición de una derrota tan caótica. Y también estaba claro que, en cuanto terminara la guerra, sería necesario emprender los preparativos para hacer frente a una posible nueva invasión.

Después de la precipitada salida del gobierno con destino a Londres, en mayo de 1940, los alemanes ocuparon el territorio neerlandés durante casi 5 años, lo cual constituyó un verdadero trauma en la historia de los Países Bajos. El gobierno refugiado en Gran Bretaña, prácticamente sin ninguna fuente de información digna de confianza sobre la situación del país, envió agentes encargados de recoger datos de inteligencia en los Países Bajos, de organizar la resistencia y de emprender operaciones clandestinas de poca envergadura. Al igual que en Bélgica, aquellas operaciones se realizaban en estrecha cooperación con los británicos, esencialmente con el Special Operations Executive (SOE), de reciente creación. Pero los alemanes lograron penetrar rápidamente aquellas unidades mal preparadas, provocando pérdidas desastrosas. En uno de los mayores fracasos del SOE, agentes alemanes se infiltraron en el famoso Englandspiel, la sección neerlandesa de ese servicio, y tuvieron acceso a los transmisores de radio, y por lo tanto a las comunicaciones.

Durante la guerra, neerlandeses y británicos establecieron estrechos vínculos y Londres ayudó a sus aliados a reorganizar su destruido aparato de inteligencia. Siguiendo los consejos de los británicos, los neerlandeses crearon dos nuevos servicios a principios de los años 1940. El Bureau Inlichtingen (BI) fue creado en noviembre de 1942, con la misión de recoger datos de inteligencia. ElBureau Bijzondere Opdrachten (BBO) debía, por su parte, realizar operaciones especiales. Los agentes del BBO saltaban en paracaídas sobre el territorio ocupado, junto a las unidades especiales del SOE británico. Con la firma del armisticio se produjo el desmantelamiento de los dos servicios neerlandeses. En los años siguientes, sin embargo, la mayor parte de sus efectivos estuvieron directamente implicados en la red stay-behind neerlandesa.

Durante la ocupación, C. L. W. Fock, un miembro del BI, había insistido en que los Países Bajos tendrían que estar en el futuro mejor preparados y que habría que construir obligatoriamente una red stay-behind, antes del estallido de un nuevo conflicto. Su superior, J. M. Somer, director del BI en Londres, también estaba convencido de que sería necesario crear una organización de ese tipo en cuanto terminara la ocupación alemana. «Recuerdo que Somer, Charles van Houten (oficial de enlace entre el BI y la reina Gullermina) y yo mismo estábamos de acuerdo, ya en 1944, en que aquello nunca más podía repetirse», recuerda Fock en una entrevista concedida desde su apartamento de La Haya, a los 87 años. Evocando aquella historia más de 50 años después, Fock testimoniaba: «Al cabo de aquella conversación se hizo evidente que sería preferible que los Países Bajos estuviesen preparados para una nueva guerra. Era necesario emprender acciones en aquel sentido en cuanto fuese posible.» [1]

En el momento de la liberación de los Países Bajos, uno de los hombres más experimentados en materia de operaciones secretas era Somer, el jefe del BI. Antes de la guerra había trabajado para el servicio de inteligencia GS III. Posteriormente se había enrolado en operaciones de resistencia en suelo neerlandés y, en marzo de 1942, había estado a punto de caer en manos del Sicherheitsdienstalemán [2], pero había logrado llegar a Londres al cabo de un largo periplo. Después de la guerra, ascendido al grado de coronel, Somer escribió sus reflexiones sobre las técnicas stay-behind y las presentó al general J. Kruls, al mando del Estado Mayor neerlandés desde noviembre de 1945. La nota de servicio de Somer a Kruls se titulaba: «Las enseñanzas que debemos sacar del periodo 1940-1945 en materia de Inteligencia y de Servicios de Seguridad». Un veterano recuerda que «ese fue uno de los primeros asuntos que Kruls tuvo que atender en sus nuevas funciones de jefe del Estado Mayor». La idea sedujo de inmediato al general. En el libro Vreede of Oorlog [La Paz o la Guerra], que publicó años más tarde –durante la guerra de Corea–, Kruls, gran partidario de las operaciones especiales, subrayaba que era importante conceder «la mayor atención posible a la preparación de acciones clandestinas». Según su visión, Europa occidental tenía que mirar «de frente la dura realidad». En otras palabras, si estallaba una guerra en un futuro próximo, «las operaciones secretas pudieran tener en ella un papel decisivo». [3]

En septiembre de 1945, Somer presentó, con respaldo de Kruls, su plan stay-behind al ministro de Defensa de los Países Bajos, J. Meynen. El plan no insistía en el potencial de un ejército secreto en materia de operaciones especiales y de actos de sabotaje. Pero sugería la creación de una unidad de búsqueda de información «que debería ser capaz de reunir información militar, política y económica y transmitirla por correo o a través de redes de telecomunicaciones» al mando militar basado fuera de las fronteras del país ocupado. Somer explicaba que habría que reclutar hombres y entrenarlos en el uso de las técnicas de comunicación por radio y técnicas de elaboración de mensajes en clave y subrayaba que aquellos hombres no deberían ser miembros de las fuerzas armadas regulares, agregando que sólo así podrían participar en operaciones clandestinas en caso de invasión [4]. El ministro aprobó aquel plan y Somer fue nombrado a la cabeza de la primera red stay-behind de los Países Bajos, con la misión de formar un ejército secreto. Al mismo tiempo, se le puso a cargo de disolver el BI, del que había sido director durante la guerra. Tales atribuciones le proporcionaban la mejor cobertura posible para sus preparativos clandestinos. Unió el nuevo servicio stay-behind al antiguo servicio secreto militar de antes de la guerra –el GS III– y le puso como nombre codificado «GIIIC»


Jan Marginus Somer (1899-1979). Director de los servicios de inteligencia del gobierno neerlandés exilado en Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Después de la ocupación alemana, fundó una red stay-behind que se llamó GIIIC, posteriormente designada G7.

Al cabo de unos meses, Somer comenzó a cuestionar la estructura organizativa. No le gustaba que su red stay-behind dependiera del Estado Mayor. Poco dado a obedecer las órdenes de un jefe de sección, Somer resaltó los riesgos que representaba aquella estructura para el carácter confidencial del proyecto. «La opinión de Somer era que su unidad altamente secreta era indispensable pero que no podía existir oficialmente», analizó el historiador neerlandés Koedijk [5]. Así que en enero de 1948 se decidió que la red stay-behind dejaría de aparecer en el organigrama del ministerio de Defensa y que quedaría en lo adelante bajo el mando directo de Somer. Insistió también para que el cuartel general de la organización abandonara los locales del mando de las fuerzas armadas neerlandesas, que se hallaban en el complejo militar de Prinses Juliana, a medio camino entre La Haya y la localidad de Wassenaar. Somer fue autorizado a buscar un nuevo edificio en los alrededores. Ignorando la necesidad de discreción, Somer optó por la villa Maarheeze, en Wassenaar, una impresionante residencia de original arquitectura construida en 1916 por un hombre de negocios neerlandés que había amasado una fortuna en Indonesia. En mayo de 1945, Somer, que todavía era oficialmente un empleado del BI, se instaló en la villa Maarheeze, a sólo 5 minutos en auto de las oficinas del mando militar. Al año siguiente, aquella residencia se convirtió en sede de la red GIIIC, rápidamente rebautizada G7.

Somer insistía en la primordial importancia de la confidencialidad que tenía que existir alrededor del ejército secreto. Mientras estuvo al mando de la red no aceptó entre sus miembros ningún católico romano ya que el deber de confesión le parecía incompatible con el hecho de ser miembro de un servicio secreto. Al mismo tiempo, Somer se encargaba de que el ejecutivo neerlandés estuviese al tanto de sus proyectos de acciones clandestinas. Asistido por el jefe de Estado Mayor Kruls, Somer expuso la situación al primer ministro Louis Beel cuando este último asumió –en julio de 1946– el cargo, que ocupó hasta 1948. No resultó difícil convencer a Beel del interés que presentaba la creación de una red stay-behind. El nuevo primer ministro dio su consentimiento para las nuevas operaciones especiales, aunque la hipótesis de una invasión soviética le parecía bastante poco probable.

Después del desmantelamiento del BI –garantizado por el propio Somer– sólo quedó en la villa Maarheeze la sede de la red stay-behind G7, que disponía por lo tanto de suficiente espacio para otras ramas del aparato neerlandés de inteligencia. Ya no existían los servicios secretos BI y BBO. Para reemplazarlos se crearon entonces dos nuevos servicios: el servicio secreto interior BVD (Binnenlandse Veiligheidsdienst) y el servicio de inteligencia exterior IDB (Inlichtingen Buitenland) [6]. El primer ministro confió la tarea de conformar el IDB a C.L.W. Fock, quien ya había sido vicedirector del BI en Londres, bajo las órdenes de Somer. Cuando Fock fue nombrado a la cabeza del IDB, Somer le preguntó si quería establecer la sede de su servicio en la villa Maarheeze. Fock aceptó la proposición y el IDB se instaló allí, garantizando el pago del 60% del alquiler. Durante las siguientes décadas, la villa Maarheeze adquirió una reputación como centro de operaciones clandestinas y fue señalada de inmediato en cuanto se descubrió que el IDB había realizado operaciones ilegales dentro del territorio nacional y que mantenido vínculos con los círculos de extrema derecha durante la guerra fría. Cuando se reveló, en 1990, que el ejército secreto Gladio había estado en la misma casa que el IDB, la villa Maarheeze se convirtió en símbolo de intrigas y manipulaciones. El primer ministro Lubbers disolvió el servicio de inteligencia exterior en 1994 y la mayoría de sus funciones pasaron a manos del BVD [7].

El comandante stay-behind Somer se ausentaba a menudo de su cuartel general en la villa Maarheeze debido a sus numerosos viajes a través de todo el país, en busca de reclutas para su ejército secreto. La mayor parte de aquella primera generación de miembros del Gladio neerlandés tenía en común algún tipo de experiencia adquirida durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos habían sido miembros de las unidades del BBO que habían saltado en paracaídas en territorio ocupado junto a los agentes del SOE británico para realizar operaciones clandestinas. Otros habían sido miembros del la red de resistencia OD (Ordedienst) que el propio Somer había dirigido en la provincia de Brabante Septentrional antes de verse obligado a huir a Londres, en 1942. «Somer recorría todo el país en el marco de su misión», recuerda un ex agente. «Contactó, por ejemplo, a un ex comandante de la unidad clandestina de inteligencia Albrecht. Se veían en habitaciones de hotel, donde discutían las grandes líneas del proyecto.» A primera vista, no es ese el tipo de actividades que uno se imagina que realice personalmente el jefe de una organización súper secreta. Pero como el contacto personal era básico para el funcionamiento de la operación, Somer sostenía obstinadamente que su método era el más productivo, aunque otros agentes reconocen que «pensándolo bien, uno puede –claro está– abrigar dudas sobre los métodos». [8]

Somer mantenía permanentemente contactos secretos con el MI6 y la CIA. Cuando pidió al ministro de Transportes y Energía y al director de Telecomunicaciones una autorización especial para utilizar receptores y transmisores de radio y además una licencia para emitir en ciertas frecuencias que él definía, insistió en que era necesario disponer de un «contacto rápido, secreto e independiente con los representantes ingleses y americanos en el extranjero» [9]. Somer precisó claramente que «las ventajas de tales medios» de comunicación habían sido mencionadas por el Reino Unido y Estados Unidos. El equipamiento solicitado fue instalado de inmediato en la villa Maarheeze.

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El príncipe Bernhard zur Lippe Biesterfeld (1911-2004). Este príncipe ex nazi fue reciclado por el MI6 británico. Fue el creador de «O», la segunda red stay-behind en los Países Bajos, y del Grupo de Bilderberg.

Mientras Somer conformaba su red G7, una segunda organización stay-behind independiente de la primera se estaba construyendo, rodeada del mayor secreto, en los propios Países Bajos. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, la inteligencia neerlandesa, estimulada a ello por el MI6 británico, se había acercado al príncipe Bernhard para sugerirle la creación de una red stay-behind que se encargaría de realizar operaciones de sabotaje. Más bien favorable al proyecto, el príncipe se ocupó de que este fuese puesto en manos del primer director del BVD, Louis Einthoven, Con la aprobación del primer ministro W. Schermerhorn, Einthoven conformó entonces una organización stay-behinddesignada como «O», reclutó y formó agentes y creó escondites de armas [10].

Nacido en 1896, Louis Einthoven había sido oficial superior en la policía de Rotterdam antes de 1939 y había luchado contra la ocupación alemana durante la guerra. Hasta su muerte, en 1937, siguió siendo un orgulloso soldado de la guerra fría, obsesionado con la amenaza comunista. Impuso «controles de seguridad» para verificar la confiabilidad ideológica de los miembros del Gladio neerlandés y de los agentes de su BVD. Su posición a la cabeza del servicio le garantizaba una cobertura ideal para sus funciones altamente secretas de jefe del ejército clandestino. Pero también le dieron sobre todo, durante 16 años, la posibilidad de utilizar a los miembros de su red Gladio dentro del país, sin esperar siquiera que se produjera la supuesta invasión. Einthoven pensaba constantemente que agentes de la Unión Soviética podían llegar a infiltrarse en su ejército secreto y concedía, por lo tanto, gran importancia al contraespionaje. «La doble función de Einthoven como director del BVD y de la red O era, por supuesto, particularmente interesante para nosotros», recuerda un ex miembro del Gladio neerlandés [11]. En efecto, al igual que la mayoría de los servicios secretos internos, el BVD se encargaba de vigilar a ciertos elementos de la sociedad neerlandesa que podían representar una amenaza para el Estado y el gobierno, y se encargaba también de recoger información y vigilar a los movimientos políticos, sobre todo la extrema derecha y la extrema izquierda. Aún hoy no se dispone de ningún documento sobre el ejército secreto de Einthoven y lo que hizo se mantiene en la mayor oscuridad.

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Louis Einthoven (1896-1979). Jefe de la segunda red stay-behind neerlandesa.

En 1948, los 2 ejércitos secretos neerlandeses –el integrado al BVD y dirigido por Einthoven y el que dirigía Somer desde la villa Maarheeze, concluyeron un acuerdo de cooperación con el MI6. También se elaboró un pacto similar con vistas a una colaboración stay-behindclandestina con la CIA a raíz de la creación de esta última, en 1949. Queda por determinar si, como ha podido observarse en los demás países, aquellos acuerdos ordenaban a los ejércitos secretos de los Países Bajos combatir el comunismo y los partidos políticos de izquierda sin esperar a que se produjera una invasión soviética [12]. Sin embargo, cuando se reveló en 1990 la existencia de la red stay-behind, aquellos arreglos secretos fueron enérgicamente denunciados en el país, que comenzó a preguntarse si el MI6 y la CIA habían controlado el ejército secreto, hipótesis intolerable para la gran mayoría de los políticos neerlandeses, preocupados por la soberanía de su país. En 1992, un ex miembro del Gladio de los Países Bajos, quien prefirió conservar el anonimato, sostuvo que, a pesar de sus contactos regulares con Londres y Washington, los ejércitos secretos neerlandeses siempre habían mantenido su soberanía: «Ni los servicios secretos británicos ni sus homólogos americanos tenían la posibilidad de localizar un agente de nuestra red stay-behind. Y así tenía que ser. Si hubiésemos permitido a los británicos, por ejemplo, utilizar la red ya nadie hubiese querido ser miembro de ella» [13]. Otro ex agente neerlandés afirmó en 1990 que «La CIA sólo tenía una vaga idea de las capacidades de la red stay-behind en nuestro país» [14]. A pesar de esas afirmaciones corrió el rumor de que la identidad súper secreta de los guerreros de las sombras de todos los países de Europa Occidental, y por lo tanto de los neerlandeses, era información conocida para la CIA y el MI6.

En 1948, importantes acontecimientos ocurridos en el exterior obligaron al comandante Somer a renunciar a sus actividades stay-behind en los Países Bajos. Indonesia, la más rica y antigua colonia neerlandesa, había emprendido una lucha sin cuartel por su independencia, al igual que gran número de colonias europeas. Por orden del general Spoor, el especialista en operaciones especiales Somer viajó por lo tanto al Extremo Oriente y, hacia el fin de la primavera, fue nombrado director del temido NEFIS, los servicios secretos militares neerlandeses en Indonesia. El NEFIS realizó operaciones clandestinas de excepcional violencia, sin lograr por ello impedir que Indonesia alcanzara la independencia en 1949. Somer regresó entonces a los Países Bajos, donde escribió un libro sobre «su» servicio secreto, el BI, y sus memorias sobre la guerra. Publicado en 1950, con el título Zij sprongen buj nacht [Saltaban de noche], el libro de Somer contenía los nombres de numerosos agentes y relataba varias operaciones clandestinas, indiscreciones que el ministerio de Defensa le reprochó.

«El gobierno no sabía nada», afirmó un ex miembro del Gladio, insistiendo en el carácter altamente secreto de las redes stay-behindneerlandesas. Agregó que «sólo unos pocos secretarios generales dentro del ejecutivo conocían el secreto ya que sus superiores a nivel ministerial tenían que cambiar periódicamente» [15]. Los indicios disponibles sugieren que entre los responsables al tanto de la existencia del ejército secreto estuvieron los primeros ministros, los ministros de Defensa y los secretarios generales considerados dignos de confianza por los comandantes stay-behind así como los jefes de estado mayor y los directores de los servicios de inteligencia internos. «Los políticos hacen a veces selecciones extrañas con sus nominaciones», observó otro agente stay-behindque conservó el anonimato. «Pero es perfectamente lógico que un alto responsable que asume sus funciones sea puesto al tanto de todo. Sin embargo, cuando se trata de temas sensibles, los funcionarios hacen una excepción y esperan a ver con quién están tratando», agregó [16]. Se mantenía en la ignorancia al parlamento y sus comisiones especiales. Ni siquiera la «Comisión permanente para los servicios secretos y de seguridad», que estaba obligada a respetar reglas de confidencialidad, ni la «Comisión ministerial a cargo de los servicios secretos y de seguridad» del parlamento neerlandés fueron informadas sobre la existencia de las redes stay-behind antes de las revelaciones de 1990 [17].

Después de la partida de Somer fue el barón J.J.L. van Lynden, un instructor de caballería neerlandesa de 35 años, el designado como nuevo comandante stay-behind. No había sido fácil encontrar sucesor para Somer. La mayoría de los ex miembros del BI habían rechazado el puesto porque conocían demasiado bien las complicaciones y situaciones embarazosas que implicaba el hecho de tener que llevar una doble vida. Cuando el barón van Lynden reemplazó oficialmente a Somer como jefe de la red G7, el 1º de junio de 1948, aquello sorprendió a todos en el sector de la inteligencia. Contrariamente a su predecesor, van Lynden carecía de experiencia en la materia. La proposición venía del director del IDB, Fock, quien, 40 años después, comentó «Estoy bastante orgulloso de aquel descubrimiento», al elogiar el carácter del comandante delstay-behind [18]. El prestigio de van Lynden residía en su pasado de miembro de la resistencia. En 1940 había estado entre los alrededor de 50 oficiales superiores neerlandeses que se habían negado a comprometerse con los alemanes a abstenerse de actuar en contra de la ocupación, lo que le había valido ser internado en un campo de prisioneros de guerra. En la cárcel de Stanislai, en Polonia, había conocido al héroe de guerra británico Airey Neave, con quien se había mantenido en contacto después del fin del conflicto. Después de 1945, y hasta su muerte en un atentado del IRA que hizo estallar su auto en un área de estacionamiento del parlamento británico en marzo de 1979, Neave dirigió a los miembros del SAS (Special Air Service) que se entrenaron en numerosas ocasiones con los ejércitos secretos de Europa. En el momento de su nominación a la cabeza de la red stay-behind, el barón van Lynden trabajaba para el ya mencionado príncipe Bernhard. Las relaciones que mantuvo con la reina y con la caballería le proporcionaron una cobertura muy útil para función clandestina como comandante del ejército secreto en los Países Bajos. En 1951 fue nombrado edecán de la reina, a quien visitaba varias veces por semana en el Palacio de La Haya. El barón era un jinete experimentado, pasión que compartía con el príncipe Bernhard. En 1951, llegó a ganar en La Haya un título de campeón de equitación de los Países Bajos. Cuatro años después fue miembro del equipo neerlandés que ganó el concurso internacional de salto con obstáculos en Rotterdam, título del que estaba especialmente orgulloso.

A pesar de que su llegada suscitó cierto escepticismo, van Lynden se integró rápidamente al mundo de la inteligencia. «Tenía un talento natural para las cuestiones de seguridad», recordó uno de sus admiradores. Quienes lo conocieron en el marco de su trabajo lo describen como un hombre con una personalidad fuerte pero amistoso en el que se conjugaban «temperamento, conocimientos y habilidad». Durante sus años de detención, van Lynden había «estudiado» con una mujer que fue más tarde profesora de filosofía y había así desarrollado un comportamiento estoico y flemático bastante poco común en el ejército y en el mundo de los servicios secretos [19]. Cuando comenzaron las preguntas sobre lo que hacía el misterioso grupo G7 en la villa Maarheeze, cerca de las oficinas del IDB de Fock, el barón decidió –el 1º de julio de 1949– cambiar la denominación de su servicio por la de SAZ (Sectie Algemene Zaken), en español Sección de Asuntos Generales, que le parecía menos propensa a levantar sospechas. Van Lynden pensaba también que, después de una invasión, a los soviéticos no les costaría mucho trabajo identificar a los miembros de las antiguas redes de resistencia y de los servicios secretos. Así que se fijó como tarea el reclutamiento de nuevas caras con nombres hasta entonces ignorados, reemplazando a la mayor parte de los ex colaboradores de Somer por perfectos desconocidos.

Mientras ocupó sus funciones, van Lynden insistió en obtener más dinero con que comprar equipamiento técnico para su red stay-behind. Los sistemas de comunicación eran particularmente costosos. El jefe de Estado Mayor Kruls ya había pedido aquel financiamiento en 1946. El dinero llegó finalmente, en 1948, cuando van Lynden ya había sustituido a Somer a la cabeza del SAZ y nuevas tecnologías fueron así desarrolladas en colaboración con el departamento de investigación de la firma Phillips. A cambio de aquella cooperación, van Lynden garantizaba que los técnicos de la empresa neerlandesa implicados en el proyecto no fuesen enviados a los campos de batalla en Indonesia [20].

Sorprendentemente, el barón que dirigía la red stay-behind SAZ nada sabía de la segunda y más secreta organización que dirigía su compatriota Einthowen, el director del BVD. A tal punto que fueron los británicos quienes informaron a van Lynden, durante un viaje del barón a Londres, que existía en los Países Bajos una segunda redstay-behind paralela bajo las órdenes de Einthoven [21]. Muy sorprendido, el barón recomendó inmediatamente coordinar los dos ejércitos secretos para evitar posibles complicaciones. Su recomendación fue escuchada: el SAZ de van Lynden y la redstay-behind de Einthoven se fundieron en una sola para formar el ejército secreto I&O (Intelligence & Operations), designación bajo la cual se reveló su existencia en 1990. Pero las dos ramas siguieron funcionando por separado. La red SAZ fue rápidamente rebautizada unidad I mientras que la de Einthoven se convertía en unidad O. Según algunas fuentes internas, a Einthoven –que seguía su propio plan secreto– le molestaba tener que trabajar con el SAZ de van Lynden y mientras estuvo a la cabeza de la unidad O la cooperación entre la sección Inteligencia y la sección Operaciones fue más bien excepcional [22].

Conforme a lo decidido en secreto con los británicos, la misión fundamental de I&O era hacer el papel de stay-behind en caso de ocupación de los Países Bajos. «La impresión general era que todos [británicos y neerlandeses] estábamos atravesando tiempos difíciles y que los británicos resolverían el problema gracias a su experiencia en la materia», recuerda un ex agente neerlandés [23]. Dentro de la red stay-behind de los Países Bajos existía una división de tareas. La unidad I de van Lynden debía encargarse de recoger la información de inteligencia y de transmitirla desde las zonas ocupadas así como del manejo de las bases de exilio y de las operaciones de evacuación de la familia real, del gobierno y de los agentes del aparato de seguridad, incluyendo el personal de I&O. La unidad O de Einthoven debía, por su parte, ocuparse de la realización de las misiones de sabotaje y de guerrilla, fortalecer las redes de combatientes locales y crear un nuevo movimiento de resistencia. Pero también tenía como misión alertar a la población, en tiempo de paz, sobre la amenaza que representaban los comunistas. La unidad O se entrenaba, por lo tanto, para la realización de las operaciones especiales, utilizando para ello armas y explosivos y disponía de sus propios escondites de armas [24]. La mayoría de los costos que generaba la red stay-behind se cubrían con un presupuesto secreto del ministerio de Defensa y el control de los gastos lo realizaba personalmente el presidente del Algemene Rekenkamer (equivalente neerlandés del Tribunal de Cuentas).

Mientras se mantuvo en el cargo, van Lynden buscó afanosamente un lugar de exilio donde, en caso de invasión, su SAZ pudiese llevar al gobierno neerlandés y una serie de personalidades previamente escogidas. Inglaterra, que había sido un refugio seguro durante la Segunda Guerra Mundial, ya no ofrecía las mismas garantías de seguridad en caso de nuevo conflicto. Van Lynden prosiguió la búsqueda por mucho tiempo y decidió finalmente que, en Europa, sólo el Reino Unido y la Península Ibérica presentaban condiciones aceptables. En América, puso en su lista la colonia de Curazao, en las Antillas Neerlandesas, así como Estados Unidos y Canadá. A principios de los años 1950 viajó varias veces a Estados Unidos. El lugar que buscaba no podía estar cerca de una instalación estratégica, como una zona industrial o militar, que pudiese ser blanco de los soviéticos. Aunque se ignora el lugar preciso, se sabe que van Lynden halló finalmente donde instalar su base y que se emprendió la duplicación de importantes documentos del ejecutivo neerlandés para almacenarlos allí. El cuartel general de la red stay-behind de los Países Bajos en Estados Unidos se había instalado con el consentimiento de la CIA. Un ex responsable neerlandés recuerda la reticencia de la agencia estadounidense en cuanto al asunto: «Hablaremos de eso cuando llegue el momento», fue según él la respuesta en los primeros contactos. «Pero nosotros insistimos en hablar de aquello inmediatamente. Al cabo de unos meses, la CIA finalmente aceptó darnos lo que pedíamos», lo cual dio lugar a la creación en Estados Unidos de un centro de mando del Gladio neerlandés [25].

Van Lynden estableció también un refugio en España, donde reinaba en aquel entonces el dictador Franco. «Si él hubiese aceptado, habríamos construido nuestra base en la casa misma de Franco», recuerda un ex guerrero de la sombra [26]. El comandantestay-behind van Lynden convenció a su homólogo Einthoven de realizar aquella misión. Disfrazado de turista, Einthoven viajó a España en 1959 y estableció allí una base con ayuda de los contactos del ex embajador de los Países Bajos en Madrid, W. Cnoop Koopmans. Los elementos disponibles al respecto son muy fragmentarios, pero parece que contactos similares se establecieron con Canadá y Gran Bretaña. Los preparativos con vista a una evacuación en caso de que el país fuese invadido se tomaban muy en serio y para ello se movilizaron especialmente navíos y aviones. «Yo recuerdo que hacia 1950 tuve que inspeccionar una buena cantidad de yates para verificar si estaban en condiciones de navegar», declaró un ex miembro de la la Marina de Guerra neerlandesa y ex oficial stay-behind después de las revelaciones de 1990. [27]


Como símbolo de las estrechas relaciones con los británicos, la Rosa de los Tudor figuraba en las insignias del SAZ junto a la divisa de Somer: «Jamás cejaremos». «No teníamos ninguna intención de librar la próxima guerra bajo las órdenes de los británicos» , subrayó sin embargo un ex guerrero holandés de la sombra, orgulloso de su independencia. «Van Lynden era muy inteligente. Nunca habrían podido deshacerse de él. Como tampoco pudieron hacerlo después los americanos cuando empezaron a tener un papel preponderante, a fines de los años 1950. Pero van Lynden comprendía que era necesario cierto consenso entre las partes y, para él, el papel de los jefes era decidir hasta qué punto estaban dispuestos a cooperar, defendiendo a la vez su soberanía» [28]. En reuniones altamente secretas del ACC y del CPC, los órganos de coordinación y mandostay-behind de la OTAN, el Gladio neerlandés I&O trató siempre de aparecer como una entidad dotada de dos ramas que trabajaban en perfecta coordinación. Los neerlandeses estaban acostumbrados a trabajar bajo el control del MI6 y de la CIA. En efecto, al terminar la guerra, el Reino Unido y Estados Unidos habían formalizado su colaboración con los Países Bajos mediante la creación de un foro tripartita bautizado TCH, en el que cada país disponía de un asiento. Paralelamente a la creación de ese comité secreto de coordinación, se había fundado –el 17 de marzo de 1948– el CCUO cuya función era preparar en tiempo de paz al Reino Unido, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo y Francia para una eventual invasión soviética. En abril de 1951, las funciones del CCUO pasaron al CPC, que estaba profundamente integrado a la OTAN y en cuyo seno los servicios secretos de los Países Bajos disponían también de un asiento [29].

Mientras dirigió el Gladio neerlandés, van Lynden promovió activamente los contactos entre los servicios secretos europeos y sus ejércitos secretos e insistió en la necesidad de establecer una cooperación en el marco del establecimiento de vías internacionales de exfiltración y evacuación. Con esa perspectiva, estando ya a la cabeza del ejército en los Países Bajos, el barón viajó incansablemente a través de toda Europa durante muchos años. Sabiendo que diferentes servicios de seguridad apreciaban sus esfuerzos, asumió voluntariamente el papel de primer secretario de CPC. Pero los británicos, que desconfiaban de aquel hombre –cuyas ideas les parecían demasiado liberales– obstaculizaron su nombramiento [30]. En 1957, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos representados por van Leyden fundaron el Six Powers Lines Committee, que ejercía las mismas funciones de coordinación que el CPC pero ocupándose en específico de las vías internacionales de comunicación y evasión. ElSix Powers Lines Committee se convirtió después en el ACC, fundado en París en 1958. Este nuevo comité se encargó de la coordinación de los ejercicios internacionales del Gladio, que se realizaban con las diferentes redes nacionales en la mayor clandestinidad. Ante la posibilidad de una invasión, el ACC disponía de una base en Estados Unidos y de otra en Gran Bretaña desde donde podían ser activadas y dirigidas las unidades presentes en los territorios ocupados. Manuales impresos por el ACC indicaban a los soldados stay-behind los procedimientos comunes a seguir para las operaciones especiales, la elaboración de mensajes cifrados, las técnicas de salto de frecuencia así como los procedimientos de salto en paracaídas. La presidencia del ACC se renovaba cada 2 años. A través del TCH, del CPC y del ACC, la red Gladio neerlandesa I&O se mantenía por lo tanto en contacto permanente con la CIA y el MI6 [31].

Durante los años 1950, la CIA y el MI6 realizaron numerosas operaciones clandestinas conjuntas, como la que provocó en 1953 la caída del gobierno de Mossadegh, quien había comenzado a redistribuir parte de los ingresos del petróleo a la población iraní. Al mismo tiempo, ambos servicios de inteligencia temían que los comunistas europeos y los servicios secretos soviéticos hiciesen lo mismo en Europa Occidental y daban gran importancia a los ejércitos secretos creados en el Viejo Continente. En 1953, la CIA ordenó a van Lynden la realización de ciertos cambios para hacer que sus unidades fuesen más profesionales. «Es una serie de recomendaciones impresas en gruesos volúmenes azules» que fueron entregados al barón, según recuerda un ex agente. «Van Lynden estudió los documentos cuidadosamente. Contenían información sobre las estrategias de toma del poder que los soviéticos habían aplicado en Europa Oriental. Los ejemplos mostraban el tipo de personas en el que los soviéticos se interesaban especialmente. Era evidente que esos individuos no podían ser reclutados como agentes secretos. Partiendo de ese razonamiento, van Lynden se separó entonces de cierto número de agentes que habían sido reclutados por Somer.» [32]

Pero van Lynden no sólo tuvo que enfrentar las presiones de la CIA. Otras emanaron de los propios servicios de seguridad neerlandeses. En febrero de 1951, el general Kruls, quien había contribuido grandemente a la creación del Gladio en los Países Bajos, como superior de Somer y de van Lynden, fue apartado debido a una serie de divergencias con el ministro de Defensa H. L. Jakob sobre la acción futura y la organización del ejército neerlandés. Para sorpresa y descontento de un importante número de militares, fue el general B.R.P.F. Hasselman quien fue nombrado como sucesor de Kruls en el puesto de jefe del Estado Mayor del ejército neerlandés. Van Lynden detestaba personalmente a Hasselman. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial, eran notorias las opiniones pro alemanas de Hasselman. Después de 1945 corrieron rumores de que Hasselman había traicionado a su propio estado mayor antes de la invasión de 1940. Después de la capitulación de los Países Bajos, Hasselman había colaborado con los nazis y exigido a otros oficiales, entre ellos a van Lynden, que hicieran lo mismo. Pero el barón se negó constantemente. En el marco de una operación de consolidación de la ocupación alemana, un gran número de oficiales del ejército neerlandés fueron deportados a campos de prisioneros. Fue en el campo de Stanislau que van Lynden y Hasselman se encontraron. Este último aceptó nuevamente cooperar con los alemanes, lo cual le valió una posición predominante entre los prisioneros. Después de la guerra, Hasselman fue degradado y excluido del ejército por haber colaborado con el enemigo. Pero apeló la decisión y, para sorpresa general, incluso logró ascender en la jerarquía militar, lo cual trajo cierto descrédito al ministerio de Defensa neerlandés.


Benjamin Richard Pieter Frans Hasselman (1898-1984). Fue jefe de estado mayor de las fuerzas armadas y presidente del Comité Militar de la OTAN.

Al enterarse de la nominación de Hasselman, en 1951, la caballería neerlandesa, a la que pertenecía van Lynden, decidió que ninguno de sus miembros aceptaría darle la mano al general, a pesar de que este último era de hecho su superior. En su condición de jefe de sección, van Lynden estaba obligado a tratar con su nuevo comandante en el marco de reuniones protocolares. Van Lynden estaba tan incómodo que llegó incluso a pensar en la posibilidad de dimitir. Finalmente decidió participar en aquellas reuniones, pero Hasselman fue lo bastante inteligente como para no tratar de estrecharle la mano [33]. Durante los años subsiguientes, Hasselman obstaculizó repetidamente el ascenso de van Lynden. Aquello provocó conflictos internos y Fock tuvo que intervenir, en su condición de secretario general del ministerio de Asuntos Generales. «Hablé entonces con Hasselman en un tono bastante directo y abrupto», contó Fock años más tarde. El resultado fue un distanciamiento entre los dos responsables [34].

A pesar de las luchas intestinas que se libraban dentro del ministerio de Defensa, van Lynden se mantenía concentrado en su misión. «Todavía recuerdo la invasión de Hungría, en 1956», dijo un ex agente del ejército secreto de los Países Bajos al referirse a una de las operaciones más célebres de las fuerzas soviéticas. «Aquel día, van Lynden entró en la oficina, donde reinaba una atmósfera confusa y febril. Y dijo en tono sereno: “Ya hace años que venimos tratando de construir eso. ¿Por qué están entonces todos ustedes tan nerviosos?” En realidad, yo creo que teníamos que haber estado en condiciones de operar a partir de 1956.» [35]

Pero van Lynden no siempre dio muestras de tanto autocontrol. Cuando se supo, en 1961, que el agente británico George Blake trabajaba en realidad para los soviéticos desde principios de los años 1950, no fue sólo en Londres que la noticia sembró el pánico. Lo mismo sucedió en las filas del ejército secreto neerlandés. «Van Lynden se quedó aterrado cuando se enteró», recuerda un ex soldado stay-behind. En efecto, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Blake había pasado meses en La Haya participando en operaciones especiales, en el marco de la cooperación reforzada establecida entre los servicios británicos y neerlandeses. Durante aquel periodo, Blake había tenido acceso a la villa Maarheeze de Wassenaar, el cuartel general de los servicios secretos internos y de la rama I de la red stay-behind neerlandesa. Van Borssum Buisman, posteriormente nombrado a la cabeza del Gladio en los Países Bajos, se había entrevistado con el espía. «Blake conocía el emplazamiento de las instalaciones y la identidad de los miembros» del ejército secreto neerlandés, dijo un ex agente en condiciones de anonimato. Desde su exilio moscovita, Blake desmintió personalmente esas alegaciones en una conversación que sostuvo, en 1992, con varios ex agentes del SAZ: «Nunca tuve información sobre esas actividades [stay-behind]. Y los soviéticos nunca me hicieron preguntas sobre ese tema. Así que no tienen [los miembros neerlandeses del Gladio] de qué preocuparse. El nombre de van Borssum Buisman no me recuerda absolutamente nada.» [36]

Después de haber dirigido el SAZ o rama I de la organización I&O durante 14 años, van Lynden dimitió en marzo de 1962. A pedido de la reina, fue destinado nuevamente al Palacio Real. El barón murió en 1989, a los 76 años.

En el momento más álgido de la crisis de los misiles del Caribe, en 1962, el mando de la red stay-behind neerlandesa I&O fue reestructurado y se nombró un nuevo director para cada una de sus ramas. Después de 14 años a la cabeza de la rama O, Louis Einthoven, quien ya contaba 66 años, dejó el BVD y pasó a retiro. Murió 12 años más tarde. El general de división De Boer se convirtió en su sucesor en abril de 1962. El general De Boer recibió del jefe del estado mayor van den Wall Bake, la orden expresa de armonizar las relaciones entre los servicios I y O, que se habían deteriorado bajo la dirección de Einthoven. Dos años más tarde, el ministerio de Defensa nombró una comisión presidida por el doctor Marius Ruppert para averiguar si De Boer había logrado su objetivo. Junto a Ruppert, también formaban parte de la comisión Fock y el almirante Propper.

En 1965, el parlamentario y consejero de la corona Ruppert presentó su informe sobre el estado de la colaboración entre los dos ejércitos secretos. Había descubierto cosas muy interesantes. Debido a la pobre cooperación entre las dos ramas de la red stay-behindneerlandesa, Ruppert sugería la creación de un cargo de «Coordinador de I&O» y proponía ocupar él mismo ese cargo. También recomendaba el reemplazo de De Boer a la cabeza de la sección O y nuevamente se proponía a sí mismo para ocupar el cargo. Por orden del primer ministro J. Zijlstra, Ruppert fue nombrado entonces a la cabeza de la rama O de la red stay-behindneerlandesa, cargo que ocupó hasta 1975 [37]. Cuando fue llamado a dar explicaciones, como consecuencia de las revelaciones de 1990, Fock reconoció haber formado parte de aquella comisión secreta pero dijo que no se acordaba de los temas abordados en aquella época. Sólo recordaba encuentros regulares en la villa de Ruppert, en la localidad de Zeist.

Las maniobras de Ruppert provocaron un verdadero terremoto en el SAZ, la rama I de la red stay-behind. Aprovechándose de su doble función como comandante de la rama O y coordinador de I&O, Ruppert favoreció a sus propios servicios en detrimento de la sección I, lo cual dio lugar a la aparición de un profundo resentimiento entre las dos ramas de la organización. Ruppert dio a la rama O un papel predominante en el seno del ACC y del CPC, los dos comités del mando stay-behind de la OTAN. La cooperación entre las dos secciones del Gladio en los Países Bajos dejó por lo tanto mucho que desear a lo largo de varios años. Las tensiones disminuyeron únicamente con la nominación de un nuevo coordinador en lugar de Ruppert. A partir de entonces, el cargo fue ocupado generalmente por ex oficiales de la marina quienes, al pasar a retiro a los 55 años, tenían así la posibilidad de hacer una segunda carrera menos oficial. En 1975, fenómeno bastante poco común en la historia de las redes stay-behind, el sucesor de Ruppert a la cabeza de la sección O fue el socialista Th.J.A.M. van Lier. Al final de la guerra, van Lier había sido diputado laborista antes de pasar a dirigir el servicio secreto ilegal Albrecht, función que le valió ser arrestado ulteriormente. Se estima que bajo la dirección de van Lier, el presupuesto anual de I&O se elevaba a unos 3 millones de florines. Pero los servicios se desarrollaron rápidamente mientras se intensificaba la cooperación entre las dos secciones. Se ignora quién asumió el mando del Gladio neerlandés entre los años 1980 y 1990. Y, en efecto, es que no se ha levantado el secreto sobre la identidad de los comandantes porque son personas que probablemente siguen vivas y que aún ejercen alguna responsabilidad.

Al igual que la sección O, la sección I también sufrió profundas modificaciones en 1962. Como sucesor de Somet y van Lynden, van Borssum Buisman asumió sus funciones a la cabeza del servicio en marzo de 1962. Con su bigote y su cabello rubios, este alto oficial de caballería era para muchos el prototipo del holandés. Durante la Segunda Guerra Mundial había sido oficial de enlace entre los servicios secretos neerlandeses BI (Bureau Inlichtigen) y la organización de resistencia OD (Ordedienst), dirigida por P.J. Six. En febrero de 1944 fue capturado por el enemigo e internado sucesivamente en varias cárceles alemanas. Fue torturado varias veces sin que revelara nunca la identidad de los miembros de la resistencia neerlandesa. Condenado a muerte por los nazis, logró saltar del tren en marcha que lo llevaba a Alemania. Herido, logró volver a su país y ponerse nuevamente en contacto con Six, todo lo cual le valió que algunos alemanes lo consideraran el mejor agente secreto de los Países Bajos

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Garrelt van Borssum Buisman (1915-1991). Dirigió el Gladio neerlandés de 1962 a 1970.

Después del armisticio, van Borssum Buisman no renunció a la actividad clandestina. Fue enviado por algún tiempo a Ceilán, donde esperó en vano con su unidad de élite para ser desplegado en Indonesia. De regreso a los Países Bajos, el primer comandante de la sección I, Somer, lo reclutó para la red stay-behind. Bajo la dirección de van Lynden, Buisman ocupó el cargo de comandante segundo del SAZ. Entre sus principales funciones se hallaba la elaboración de rutas de evasión entre los Países Bajos y la España franquista a través de Bélgica y Francia. Buisman reclutaba y formaba agentes a lo largo de sus itinerarios, a menudo neerlandeses que vivían en Francia o franceses que habían vivido en los Países Bajos. Asumió el mando de la sección I hasta que se retiró, en mayo de 1970. Falleció en febrero de 1990, a los 77 años. Al descubrirse la existencia de los ejércitos secretos, en 1990, se reveló que el sucesor de Buisman había sido un tal J.W.A. Bruins, quien dirigió el servicio desde mayo de 1970 hasta diciembre de 1981. No se dieron a conocer los nombres de los últimos comandantes del I&O, que posiblemente siguen vivos. [38]

Durante los ejercicios, los agentes tenían que utilizar su nombre de código para comunicar entre sí. «El entrenamiento tenía que hacerse únicamente durante nuestro tiempo libre», explicó un ex agente del ejército secreto. «Con nuestro instructor, elaborábamos un programa específico. Había que ir a diferentes lugares de formación. No era el tipo de cosa que se improvisa así en el granero. El entrenamiento no podía hacerse a intervalos regulares, porque podía levantar sospechas», agregó [39]. A veces había problemas de motivación: «El problema es que había que prepararse para algo que podía suceder cuando más en una decena de años», recordaba un ex miembro del Gladio. «Así que la motivación había que mantenerla como una especie de fe. Sobre todo en los periodos de distensión y de coexistencia pacífica. En esos momentos era especialmente difícil. El otro bando [los comunistas] también practicaba una guerra sicológica. Había que mantener la vigilancia de los instructores a través de una información factual [sobre los peligros del comunismo] que ellos le transmitían después a sus agentes en el terreno.» [40]

La misteriosa sección O era la más confidencial de las dos ramas que componían la red I&O. Hoy en día existe aún muy poca información sobre ella. «La diferencia entre I y O es que O no debía tener ninguna “existencia”. Era algo muy distinto», explicó un ex responsable a raíz de las revelaciones de 1990 sobre el Gladio [41]. Durante los entrenamientos del ejército secreto neerlandés, los agentes de la sección O expresaban cierto sentimiento de superioridad ante sus colegas de la sección I, con quienes se negaban incluso a compartir durante las veladas que seguían a las sesiones de trabajo. «Se consideraban a menudo como la crema de la crema, [como] la gente a quien se le daría el trabajo serio en caso de ocupación» [42]. Para disimular al máximo la existencia de la sección O, todos los contactos con representantes del Estado neerlandés eran a través de agentes de la sección I, lo cual no era del agrado de estos últimos. La rama O se financiaba en parte con fondos privados, sobre todo de firmas transnacionales, y de la CIA. Pero también recibía fondos públicos que figuraban en el presupuesto de I. Los poquísimos funcionarios del ministerio de Defensa que tenían conocimiento de la existencia de la sección I estimaban erróneamente, lo que indignaba a van Lynden, que aquel ejército secreto era demasiado oneroso. «Aquello (O) se parecía un poco a un monasterio de la Edad Media», comenta un ex agente de la sección I. «No estaban autorizados a verse y todo el mundo se quedaba obedientemente sentado en su celda.» [43].

Si la sección O necesitaba una prensa, explosivos o cualquier otra cosa, era a través de I que tenía que conseguirlo. En ese caso, se le informaba a I el lugar donde había que entregar el material, que generalmente venía de Inglaterra. Un camión militar transportaba entonces el cargamento hasta un lugar previamente establecido, donde los agentes de la sección O tomaban posesión del envío. Ante cualquier problema eran los servicios secretos oficiales neerlandeses los que pagaban los platos rotos ya que no se podía reconocer oficialmente la existencia de I ni la de O. Durante los años 1980, varios escondites de armas de la red stay-behind fueron descubiertos de forma accidental en diferentes lugares de los Países Bajos. En 1983, el ministro de Defensa J. de Rujiter tuvo que dar explicaciones ante las cámaras de televisión por el descubrimiento de un misterioso almacén de armas en Rozendaal. Pidió a los periodistas algún tiempo para realizar una investigación interna y sus servicios le proporcionaron los detalles. Así que todo el mundo en el BVD trató de enterarse de cuáles de sus colegas disponían de ese tipo de escondites de armas y la versión que se dio a los empleados del servicio fue que los verdaderos responsables eran una unidad secreta llamada I, lo cual era una mentira más ya que todo aquel armamento pertenecía en realidad a la unidad de acción clandestina y sabotaje O.

«Mientras que I era un servicio políticamente independiente, O era conocido como más orientado ideológicamente», atestiguó un ex agente neerlandés, sugiriendo que la sección O era un grupo anticomunista armado, como el SDRA 8 en la vecina Bélgica. Pero eso no quiere decir que O fuese un grupo que realizaba acciones anticomunistas ilegales, afirmó uno de sus ex miembros. «Basábamos nuestro combate en la defensa de los valores inscritos en la Constitución» agregó [44]. El especialista neerlandés en operaciones stay-behind Paul Koedijk descubrió que las unidades O se habían especializado, en tiempo de paz, en lo que llamaban operaciones de «inmunización» de ciudadanos neerlandeses. «Estaba muy claro contra qué había que inmunizar a los ciudadanos: el comunismo en todas sus formas.» En el marco de su lucha ideológica, la sección O desplegaba una propaganda de calumnias e inventaba historias destinadas a desacreditar a los comunistas y tenía, por lo tanto, su propia de red de imprentas. «La opinión que compartían los miembros de la sección O era que una ocupación soviética sería en muchos sentidos peor que la [ocupación] de los nazis», recuerda un ex agente, «porque incluso los pocos valores que aún respetaban los alemanes, como la familia y la religión, se verían amenazados bajo una ocupación soviética. Nosotros esperábamos cambios radicales» [45].

A finales de 1990, cuando el primer ministro italiano Giulio Andreotti reveló la existencia en toda Europa Occidental de una serie de ejércitos secretos anticomunistas, el escándalo llegó hasta los Países Bajos. Un ex miembro del Gladio neerlandés bromeó: «Nosotros también estamos sorprendidos de haber podido trabajar durante tanto tiempo sin que nadie nos molestara» [46]. En una carta dirigida al Parlamento el 13 de noviembre de 1990, el primer ministro demócrata cristiano Ruud Lubbers –en el cargo desde 1982– confirmaba que los Países Bajos disponían, en efecto, de un ejército secreto, un «grupo conformado de civiles y militares», y que aquel ejército seguía activo. Lubbers afirmaba que «esa organización no ha estado nunca bajo el control de la OTAN» y, mencionando la función clásica de las redes stay-behind, precisaba que «los contactos con otros países miembros de la OTAN, algunos de los cuales habían creado estructuras similares, se limitaban, en lo que concierna a los neerlandeses, a estudiar cómo podían alcanzarse los objetivos fijados» [47]. Parlamentarios de la mayoría y de la oposición estuvieron de acuerdo en que aquella carta no proporcionaba una explicación válida. Algunos recordaban el descubrimiento, en los años 1980, de misteriosos escondites de armas que contenían granadas, fusiles semiautomáticos, armas automáticas, municiones y explosivos y solicitaron un complemento de información sobre su posible relación con el ejército secreto. Otros parlamentarios reprocharon al gobierno el no haber informado la existencia de aquella organización a la comisión parlamentaria a cargo de los servicios de inteligencia y seguridad, a pesar de que sus miembros estaban obligados a mantener el secreto.


Relus ter Beek (1944-2008). Como ministro laborista de Defensa, organizó la disolución oficial del Gladio.

Poco tiempo después, Lubbers y su ministro de Defensa Relus Ter Beek informaron por lo tanto, por vez primera, a la Comisión sobre la red stay-behind I&O y, horas después, el primer ministro se presentó ante el Parlamento. Confirmó que los arsenales clandestinos descubiertos en los años 1980 pertenecían, en efecto, al ejército secreto. Subrayó que la organización stay-behindneerlandesa era responsable ante el primer ministro, o sea él mismo, y ante el ministro de Defensa, Ter Beek. «Los sucesivos primeros ministros y ministros de Defensa siempre prefirieron no poner al tanto a los demás ministros ni al Parlamento» [48]. El primer ministro se enorgulleció del hecho que cerca de 30 ministros hubiesen sabido proteger el secreto, mientras que varios miembros del Parlamento veían en ello esencialmente una violación de la Constitución de los Países Bajos. Muchos diputados no rechazaban el principio mismo de los preparativos stay-behind en previsión de una situación de urgencia, pero no podían aceptar el hecho de haber sido engañados. El laborista Maaseik van Draa declaró en nombre de su grupo: «Necesitamos más aclaraciones sobre el tipo de estructuras de que se trata y en qué medida han colaborado o aún colaboran con la OTAN». Ton Frinking, de la mayoría demócrata-cristiana también pidió más información sobre los vínculos de la red Gladio con la OTAN. Precisó que recientemente había oído a los belgas reconocer públicamente que habían presidido la última conferencia secretastay-behind. «La pregunta es: ¿Qué significa concretamente esa presidencia belga?», preguntó Frinking.

Lubbers tuvo que reconocer que el ejército secreto de los Países Bajos seguía siendo miembro de aquel comité clandestino de la OTAN encargado de la coordinación de las redes stay-behind de Europa Occidental. Hans Dijkstal, de la oposición liberal, declaró: «Lo que me inquieta no es tanto que haya existido algo así o que todavía exista. El verdadero problema es que el Parlamento no lo haya sabido hasta la tarde de ayer» [49]. Cuando algunos parlamentarios quisieron conocer la lista de miembros del ejército secreto, Lubbers les respondió que él mismo no la conocía. Algunos estimaron que esa respuesta contradecía sus anteriores declaraciones, en las que acababa de confirmar su propia responsabilidad y la del ministro de Defensa en la supervisión de los ejércitos secretos. Pero Lubbers subrayó que era tan grande la necesidad de mantener aquello en secreto que hubiese sido «extremadamente peligroso que el primer ministro (…) tuviese que investigar personalmente sobre cada uno de ellos» [50]. Ante las insistentes preguntas de los parlamentarios, Lubbers se vio obligado a reconocer que varios miembros del ejército secreto neerlandés habían participado hacía poco en un entrenamiento en Cerdeña, en el cuartel general del Gladio italiano [51]

.

I&O, la red stay-behind neerlandesa fue disuelta oficialmente en 1992. Pero este documento del ministerio neerlandés de Asuntos Generales demuestra que la rama O fue financiada a través de la Fundación Quia Opportet (que significa en latín «Por si acaso») desde 1992 hasta 2002.

No hubo, en definitiva, investigación parlamentaria ni informe público y no fue hasta abril de 1992 que el ejército secreto neerlandés fue finalmente desmantelado. El ministro de Defensa Relus Ter Beek dirigió a los guerreros de la sombra una carta agradeciéndoles los servicios prestados al país [52].

Pero los fantasmas del pasado resurgieron en 1993, cuando un tribunal de La Haya condenó a un hombre de 38 años a 3 años de cárcel. Comparecían junto a él un mayor del ejército neerlandés, de 44 años, quien también fue encontrado culpable de haber chantajeado en 1993 a Nutricia, un fabricante de alimento para bebés, por una suma de 5 millones de florines. Los abogados defensores subrayaron que los acusados eran miembros de la organización stay-behind creada por los servicios secretos de los Países Bajos y en otros países de Europa. El mayor afirmó en su defensa que, en el pasado, los agentes stay-behind arrestados por la policía se hallaban bajo la protección de un acuerdo existente entra las instancias judiciales y el ministerio de Defensa y que, en virtud de ese acuerdo, estaban al abrigo de toda acción judicial. Afirmó también que muchas misiones del Gladio habían fracasado en el pasado sin que ninguno de los implicados fuese enviado a los tribunales, señalando así que los miembros neerlandeses del Gladio habían actuado fuera de todo control o marco legal. El oficial no precisó de qué tipo de misiones hablaba [53].

(Continuará)

El Gladio ha muerto, ¡Viva el Gladio!

En este memorándum de la Dirección de Operaciones del Ejército neerlandés, fechado en abril de 1998, se indica que ante la posibilidad de un «conflicto a gran escala» se han tomado medidas para garantizar el funcionamiento del stay-behind, identificado como I&O.

En el momento de la redacción del documento hacía 7 años que la URSS se había desintegrado y hacía 6 años que el Gladio estaba oficialmente disuelto.
Daniele Ganser


Este artículo es el capítulo 11 del libro Les Armées secrètes de l’OTAN
© Publicado en francés por Editions Demi-lune (2007).

[1] Paul Koedijk, «De Geheimste Dienst. Gladio in Nederland. De geschiedenis van een halve eeuw komplot tegen de vijand» en Vrij Nederland, 25 de enero de 1992, p.9. La información disponible sobre la red stay-behind neerlandesa proviene casi exclusivamente de 2 artículos que escribió Paul Koedijk para el Instituto de Documentación Militar de Ámsterdam. Gracias a una serie de entrevistas con ex miembros de la red y a través del estudio de documentos de archivos, Koedijk logró reconstruir una parte de la historia del ejército secreto I&O, aunque la secretísima rama O requiere investigaciones suplementarias.

[2] El contraespionaje alemán. NdT.

[3] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.9.

[4] Frans Kluiters, De Nederlandse inlichtingen en veiligheidsdiensten (Sdu, La Haya, 1993), p.304.

[5] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.9.

[6] Oficialmente, el BVD fue creado por decreto real en agosto de 1949. Durante los 4 primeros años de la postguerra hubo una profunda reforma de las estructuras de la inteligencia interna. Primeramente, se creó en 1945 el BNV (Bureau Nationale Veiligheid) cuya principal misión era descubrir a los agentes alemanes que podían estar infiltrados aún después de la reconquista del país por parte de los aliados. En la primavera de 1946 hubo una reestructuración del BNV, que operó brevemente bajo el nombre de CVD (Central Veiligheidsdienst) antes de ser sustituido por un nuevo servicio de inteligencia interna, el BVD.

[7] Durante la mayor parte de su historia, el IDB trabajó en la sombra y sólo en muy raras ocasiones atrajo la atención del público, de los parlamentarios, los investigadores y los medios. Eso cambió bruscamente cuando, como consecuencia del fracaso de una misión de espionaje –durante los años 1960–, dos «turistas» neerlandeses, Evert Reydon y Louw de Jager, fueron arrestados y encarcelados en la URSS. Años más tarde, una serie de escándalos en los que estaba implicada la inteligencia interna provocó tanto descontento entre la población que el primer ministro Lubbers decidió finalmente cerrar el servicio. Para más información sobre el IDB, ver Cees Wiebes y Bob de Graaf,Villa Maarheeze. The Netherlands Foreign Intelligence Service (Dutch Government Printing Office, La Haya, 1992). Wiebes y Graaf enfrentaron numerosas dificultades durante sus investigaciones. Actuales y antiguos responsables de los servicios de inteligencia han recibido una clara orden de no hablar con estos autores. Wiebes y Graaf tuvieron que recurrir repetidamente a la justicia, invocando la ley neerlandesa sobre la libertad de información, para vencer la resistencia del gobierno de los Países Bajos y lograr acceso a ciertos documentos así como la publicación misma de su libro. Después de reunir más de 150 entrevistas de agentes de los servicios secretos, escribieron lo que es probablemente la historia más completa del IDB. Wiebes y Graaf obtuvieron además documentos que datan de los primeros tiempos del Gladio neerlandés y publicaron sobre ese tema en los Países Bajos. Ver Bob de Graaff y Cees Wiebes,Gladio der vrije jongens: een particuliere geheime dienst in Koude Oorlogstijd(Sdu, La Haya, 1992).

[8] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.10.

[9] Paul Koedijk, «Dossier Gladio. Nederland was voorbereid op een nieuwe oorlog» en Vrij Nederland, edición del 11 de julio de 1992, p.34.

[10] Kluiters, Nederlandse, p.306.

[11] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.13.

[12] Kluiters, Nederlandse, p.310.

[13] Koedijk, «Dossier Gladio», p.36.

[14] Ibid.

[15] Ibid.

[16] Ibid.

[17] Kluiters, Nederlandse, p.314.

[18] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.10.

[19] Ibid., p.11.

[20] Koedijk, «Dossier Gladio», p.34.

[21] Kluiters, Nederlandse, p.306.

[22] Ibid.

[23] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.12.

[24] Kluiters, Nederlandse, p.308.

[25] Koedijk, «Dossier Gladio», p.35.

[26] Ibid.

[27] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.11.

[28] Ibid., p.12.

[29] Kluiters, Nederlandse, p.311.

[30] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.12.

[31] Kluiters, Nederlandse, p.311.

[32] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.12.

[33] Ibid., p.11

[34] Ibid.

[35] Ibid., p.12

[36] Ibid., p.13

[37] Kluiters, Nederlandse, p.308.

[38] Koedijk, «Dossier Gladio», p.34.

[39] Ibid.

[40] Ibid.

[41] Ibid.

[42] Koedijk, «Dossier Gladio», p.37.

[43] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.13.

[44] Los dos citan a Koedijk, «Dossier Gladio», p.36.

[45] Ibid.

[46] Koedijk, «Geheimste Dienst», p.8.

[47] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990. El texto íntegro de la carta de Lubbers fue publicado en el diario neerlandés NRC Handelsblatt en noviembre de 1990: «Brief premier Lubbers “geheime organisatie”». También está archivado en la documentación oficial del Parlamento neerlandés como Kamerstuk N°21895.

[48] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.

[49] Ibid.

[50] Ibid., 21 de noviembre de 1990.

[51] Diario británico The Guardian, edición del 5 de diciembre de 1990.

[52] Publicación política británica Statewatch, septiembre/octubre de 1993, donde se retoma lo publicado en el diario neerlandés Dagblad, edición del 7 de septiembre de 1993.

[53] Agencia internacional de prensa Reuters, 14 de diciembre de 1993, citando el diario neerlandés NCR Handelsblad.

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